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24/06/2002
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Estados canallas (2)

David contra Goliat

ERNESTO VERA

En esta sección del libro Estados Canallas Noan Chomsky hace un amplio análisis de la política norteamericana "de terror y de guerra económica" contra Cuba durante más de cuatro décadas, calificativo que expresa sin rodeo en el primer párrafo. Después hace un recuento histórico desde tiempos de John Quincy Adams para decir que aquel pensamiento anexionista "sigue siendo así" ya que "la necesidad de poseer a Cuba es el tema más antiguo de la política exterior estadounidense".

Más adelante plantea que el bloqueo contra este país es el más duro en el mundo a pesar del aislamiento creciente del gobierno norteamericano en la Asamblea General de la ONU y en relación con el propio pueblo norteamericano.

El autor subraya el fanatismo agresor contra Cuba en el gobierno de Kennedy y afirma: "Los archivos internos de la administración Kennedy, muchos de los cuales pueden consultarse en la actualidad, describen una atmósfera de lo que fue llamado `salvajismo' y `fanatismo' debido al fracaso de EE.UU. en la reconquista de Cuba. Las propias declaraciones públicas de Kennedy eran bastante desenfrenadas. Dijo públicamente que Estados Unidos sería barrido entre los desechos de la historia si no conseguía volver a Cuba bajo su control".

En este capítulo se describe la falsedad y engaño imperialistas con relación a la intervención de EE.UU. en la Isla en 1898 y todo el proceso posterior de "colonia virtual" hasta el triunfo revolucionario, definido así por dos profesores de Harvard en la reciente obra Las Cintas de Kennedy... Fragmentos del informe de Schlesinger, hoy desclasificado, están reproducidos en el libro y representan la clave de tantas campañas agresivas, bien distante de preocupaciones sobre derechos humanos y democracia. Uno de ellos, determinante, decía: "El problema de Cuba es `la difusión de la idea de Castro de hacer las cosas por uno mismo'". Agregaba que la idea tenía un gran atractivo en toda América Latina, donde "la distribución de la tierra y otras formas de riqueza nacional favorecen considerablemente a las clases propietarias [...] [y] los pobres y carentes de privilegios, estimulados por el ejemplo de la Revolución cubana, están exigiendo actualmente la oportunidad de vivir una vida decente". Chomsky, al echar una ojeada sobre los archivos de planificación a lo largo de los años, confirma que esta ha sido siempre la amenaza, aunque haya utilizado y utilizan diversas justificaciones. "Cuba es lo que llamó un `virus' que podría infectar a otros, quienes podrían sentirse estimulados por `la idea de Castro de hacer las cosas uno mismo' y creer también que ellos podrían tener una existencia decente", escribe Chomsky.

Otro informe interno que revela el libro es el de Thomas Carthers, que se ocupó de las iniciativas democráticas en tiempos de Reagan. Según sus observaciones, aunque esa administración debilitó a la democracia en todas partes, estaba interesada sinceramente en ciertas formas de democracia que califica como Top—Down (de arriba hacia abajo), formas que mantienen "las estructuras tradicionales de poder" en su lugar, o sea, aquellas con las que EE.UU. ha mantenido buenas relaciones desde hace tiempo. Si la democracia tiene esa forma, no hay problema.

La otra democracia, la de los de abajo, los trabajadores y los pueblos, resulta molesta a todos los gobiernos del imperio. Esas inquietudes, como que Cuba, por ejemplo, "manda más médicos a todo el mundo que cualquier otro país pese a sus actuales aprietos, que son importantes, y al mantener, de manera inconcebible, un sistema de salud que le resulta incómodo a EE.UU. debido a ese tipo de preocupaciones y también al fanatismo que se remonta lejos en la historia norteamericana, el gobierno de Estados Unidos, al menos por el momento prosigue con su ataque histérico y proseguirá hasta que alguien se lo impida... el disuasor principal sigue estando donde siempre estuvo: dentro de casa. Dos tercios de la población norteamericana se oponen al embargo sin necesidad de ningún debate sobre el tema. Imaginemos qué pasaría si las cuestiones se estudiaran de manera seria y honesta. Eso nos deja unas enormes oportunidades de ejercer ese tipo de disuasión", concluye Chomsky.

24/06/2002

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