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La primera bomba ARNALDO MUSA Frescas en la memoria están aquellas viejas películas norteamericanas acerca de la Segunda Guerra Mundial y muy particularmente, las que recogían el "castigo" que se propinaba a los "malvados" japoneses.
Un informe del U.S. Strategic Bombay Survey concluyó que "más personas perdieron la vida a causa del fuego en Tokio en un período de seis horas que en cualquier otra ocasión en la historia del hombre". El área devorada por el fuego fue el doble de la isla de Manhattan. Estos hechos han salido recientemente a la luz, gracias a los esfuerzos de los supervivientes de los raids aéreos, después de décadas de ser silenciados por los medios de poder estadounidenses. El historiador japonés Shinichi Arai recordó que "hasta el Tratado de San Francisco, en 1953, Japón estuvo bajo el control de las fuerzas norteamericanas de ocupación, quienes aplicaron restricciones acerca de cualquier información negativa sobre Estados Unidos". El suplicio de la población nipona también hace recordar que si en la primera conflagración mundial las víctimas civiles representaron el 10% del total, ello se elevó a más del 90% en la segunda. Cierto que se habló mucho de Dresde, Hamburgo y otras ciudades alemanas muy bombardeadas por la aviación aliada, pero lo del archipiélago asiático fue como poner punto en boca a la prensa occidental. Específicamente, Japón ya había sufrido una cadena de derrotas iniciadas en junio de 1942 con la pérdida de la batalla de Midway y al año siguiente la de Guadalcanal, con la expulsión de Saipán, en las islas Marianas del Norte, en 1944. Todavía se discutían los términos de la rendición japonesa, cuando el Comando estadounidense emprendió la incineración de civiles mediante los bombardeos a las ciudades niponas, que culminaron con los ya nombrados y conocidos ataques atómicos contra Hiroshima y Nagasaki. Desde entonces, la principal potencia nuclear decidía dónde y a quién atacaba. Ahora, en este mundo unipolar, se está a merced del mismo ente destructor, que trata de decidir a quién se reprime, bajo el pretexto del combate al terrorismo. Es la política de sumar cadáveres. |
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