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 del lenguaje
Celima Bernal
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Uno de mis nietos no ha cumplido aún tres años. Me anunció muy feliz que le habían comprado unos
"ninos sabrios". Cuando entendí de qué se trataba, actué contrariamente a lo señalado por los textos de Pedagogía: no le corregí el error. ¡Qué pena! ¿Saben?,
"ninos sabrios" me pareció una manera adorable de llamar a aquellos animales prehistóricos. Claro está, hay palabras que no le dejo pasar. Por ejemplo:
"piecito", en lugar de piececito. Esos disparates quedan, cuando los "ninos sabrios" se extingan de su vocabulario. El lenguaje de los niños es maravilloso. El otro día
—según me contó— vio el filme: "La nama y el gaganundo".
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