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08/06/2002
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El discurso de W. Bush este jueves

Peligrosas reiteraciones 

MIGUEL ÁNGEL UNTORIA PEDROSO

Las cosas se le complicaron al presidente George W. Bush desde que salieron a la luz pública los primeros indicios de que, tanto los servicios de inteligencia como su gobierno, conocieron de antemano informaciones que correctamente cotejadas, podrían haber evitado las acciones terroristas del 11 de septiembre con sus drásticas consecuencias en vidas humanas.

Este jueves, y previa convocatoria con bombos y platillos a todos los medios de prensa y televisión del país, el mandatario norteamericano volvió a llamar a tocar los tambores de la guerra y, como ya es habitual en él, inflamó el fantasma del pánico entre los estadounidenses con el fin de justificar cualquier acción por descabellada que resulte.

Un viejo plan de reordenamiento de su gobierno, que ahora fue presentado como solución a las "debilidades" de los servicios secretos del país, fue revelado a la opinión pública en su alocución y consiste en la creación de un departamento (Ministerio) de seguridad interior a nivel de gabinete.

La nueva institución absorberá decenas de organismos federales, incluyendo la aduana, inmigración, guardia costera, servicios secretos y la agencia federal de administración de emergencias. Irónicamente, no afectaría ni al FBI ni a la CIA, precisamente los principales inculpados de la falta de decisiones oportunas para impedir los ataques del 11 de septiembre.

Para decir esto, el Presidente no escatimó calificativos, amenazas a terceros y exaltación del miedo colectivo ante otro eventual ataque. En una palabra, Bush trata de aparecer nuevamente como el salvador de la nación norteamericana, con el nada inocente objetivo de quitarse de arriba la responsabilidad que sin duda tiene, por la falta de control y de decisión al conocer informaciones que apuntaban a las acciones terroristas que finalmente se produjeron.

Asimismo, trata de desviar la atención pública de las audiencias congresionales, las cuales están poniendo al desnudo la falta de coordinación y control entre el Ejecutivo y lo servicios de seguridad de la nación.

En los llamados guerrristas a unir filas contra el terrorismo vueltos a manifestar en su discurso del jueves, Bush pretende el consenso nacional de los días que siguieron al 11 de septiembre, pero que ya pareciera que comienza a debilitarse por las informaciones que han quedado filtradas en días pasados en torno al caso.

En su discurso, el Presidente de los Estados Unidos, al informar sobre la ambiciosa reorganización gubernamental, la justificó con el pretexto de que el país está frente a un nuevo tipo de guerra. Apeló al patriotismo con el supuesto de que no es el momento para que las agencias se preocupen por rencillas internas o pérdidas de poder. Que las nuevas acciones están encaminadas a reparar el daño provocado por lo que él llama "serias fallas en el aparato de inteligencia", eludiendo con ello la responsabilidad del Ejecutivo.

Ha sido un llamado muy peligroso que no hace sino reforzar la propaganda para crear un estado de ánimo en la población norteamericana favorable a la guerra, a la xenofobia, a la limitación de los derechos civiles y a la represión de toda manifestación de protesta, y busca, de paso, que el Congreso sin discutir mucho, apruebe 31 400 millones de dólares extras para la defensa de la seguridad nacional y, que en nombre de la unidad nacional frente al "agresor", se ponga fin a las investigaciones en el Legislativo.

 

08/06/2002

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