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A la luz de los play off ¿Qué pasa con la defensa? SIGFREDO BARROS Absortos todos en la contemplación de una postemporada histórica, en la cual los seis últimos juegos se han decidido por el margen de una carrera, y trasnochados muchos por la celebración de un Mundial de Fútbol en el confín del mundo, casi no hemos caído en cuenta de un mal que nos aqueja hace ya un buen tiempo y ahora se hace sentir cuando cada juego tiene un enorme valor: el error.
Los dos choques finales en el Latinoamericano tuvieron marcadores finales de 2-1 y 4-3. El último partido entre espirituanos y pineros se decidió en el noveno, por un wild, con pizarra de 4-3. El debut de Holguín en una semifinal con esta estructura finalizó 5-4, el de Sancti Spíritus vs. Pinar culminó con un inesperado 3-2 y ni hablar del espectacular jonrón de Juan Rondón para volcar el marcador a la hora del adiós y proporcionar un triunfo de 3-2. Nadie ha conseguido una ventaja mayor de una carrera desde el 30 de mayo. Pero la mayoría de estos estrechos resultados han tenido como común denominador el error. El cuadrangular decisivo de Daniel Lazo fue precedido por una costosa pifia con la cual el empate llegó a primera. Las tres carreras permitidas por Pedro Luis Lazo en el cotejo vespertino del jueves fueron todas sucias, producto de un error en fildeo del inicialista. La espectacular victoria holguinera en el segundo encuentro con los naranjas pudo cristalizar gracias a la brecha abierta por la marfilada anterior a la aparición en el plato del antesalista Rondón. En total, desde que se iniciaron los cuartos de finales el 19 de mayo, ya vamos por 20 juegos de postemporada y 38 errores cometidos. En cuartos de finales el promedio de defensa en los cuatro enfrentamientos fue de 978 y en los tres de semifinales bajó a 964, con 9 marfiladas en tres choques, a 3 por salida. A todas luces muy bajo. ¿Cómo estamos en este importante departamento del béisbol en comparación con ligas de otros países? Solo citaré un ejemplo. El pasado año todos los equipos de uno de los dos circuitos de las Grandes Ligas, la Liga Americana, promediaron por encima de los 979 y más de la mitad lo hicieron para un 980; el líder terminó con 985. En la etapa clasificatoria de la XLI Serie Nacional los 16 conjuntos fildearon para una media de 972 y solo dos, Matanzas y la Isla, cometieron menos errores que partidos jugados. Cabría preguntarse: ¿cuál es la raíz de este mal? Falta de concentración y de previsión, entre otras. No se concibe a un infielder que tire a una base sin la menor posibilidad de sacar out o, peor aún, que lo "sorprenda" una conexión por su territorio y no sepa qué hacer con la bola una vez que está en el guante. Por cierto, ojalá se pudiera contabilizar la cantidad de errores en tiro. Estoy casi convencido de la mayor concurrencia de estos sobre las pifias con el guante, lo cual no es más que un producto de la improvisación y la falta de atención en el partido. O el exceso de tensión ante una situación difícil, sobre todo ahora, cuando cada juego acerca o aleja la posibilidad de llegar a la gran final. No olvidar nunca que la defensa es un complemento del pitcheo... y suele ocasionar malas pasadas. De nada le sirvió a Pinar tener a Lazo en el montículo. Un error arruinó su trabajo. De poco le sirvió a Villa Clara contar con un Montes de Oca en noche de gala. Dos pifias lo condujeron a la derrota. Esperemos una mejoría en el accionar defensivo de los cuatro semifinalistas. Y sigamos disfrutando de una postemporada como pocas, en la que hasta algunos jugadores ya han recibido remolquetes que los acompañarán en su carrera, como Lazo "el del batazo", o Rondón, "el del jonrón".
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