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La mala memoria ROLANDO PÉREZ BETANCOURT Nadie ha podido escapar a esa consecuencia propia de la vida que es el envejecer. Algunos sí han logrado, sin embargo, desprenderse de la memoria al tiempo que han ido envejeciendo. Un autodespojo no como consecuencia de alguna enfermedad o decrepitud, sino motivado por manipulables leyes de la razón, capaces ellas de convertir el odio en herramienta insuperable para ciertos olvidos. Isaiah Berlin, una de las cumbres de la filosofía liberal contemporánea abogaba por "leer al enemigo, al que pone a prueba la solidez de nuestras defensas". Para Berlin, tan lúcido en ocasiones como controvertido y errado en otras, saber lo que pensaba el contrario era indispensable para moverse en el mundo de las ideas relacionadas con la política, la ideología y la filosofía, muchas veces integradas al campo de la creación artística. En ese cotejo de ideas ––importante para un periodista— se descubren lo mismo contrarios hábiles que contrarios chambones. Relacionándose con la memoria (la particular, la social, la histórica) los primeros suelen incorporarla utilizando una técnica selectiva que les permite aplicar pinzas aquí y allá, descontextualizar, y escoger lo que conviene en aras de lo que dicen, escriben y no pocas veces cobran. Hay tergiversación y mentiras, pero al menos un respeto pensante de disfrazar al lobo de cordero. Los chambones, en cambio, a la hora de recurrir a la memoria, resultan más cerriles. Ponen, cambian, esfuman, analizan hechos y personajes a la manera de uno de aquellos guiones de Hollywood, capaces de representar a Martí calvo, rechoncho, dueño de una hacienda y dirigiendo una partida de forajidos (película Santiago, 1956). En ocasiones, leyendo tanto a "los hábiles" como a los chambones, no puedo menos que sonreír socarrón, mientras me viene a la mente la vieja frase de "hacer el pan", representativa de ganarse la vida; a cualquier precio, ellos ponen la memoria en tarima y hacen el pan. No de otra forma pudieran explicarse ciertos análisis vinculados con la historia y la política, moviéndose tales reflexiones por los carriles de la mala memoria. En estos días, en torno a la fecha del 20 de mayo, he leído de todo, hasta lo increíble, escrito por ellos. Pero lo que acabo de ver publicado en el Nuevo Herald, ese periódico de Miami, me ha dejado largo rato con la vista clavada en una foto de mambises cubanos que me acompaña en mi cuarto de trabajo, vestidos humildemente ellos y mirando sorprendidos a la cámara. Escrito por un cubano de apellido Botifoll, del artículo se desprende que la Enmienda Platt fue lo mejor que le pudo pasar a Cuba ya que "solo aspiraba a proteger la soberanía del país ante una agresión externa o de la inestabilidad de la isla" "A Washington ––se dice–– no le faltaban argumentos: el peligro de la política expansionista de Inglaterra y Alemania y el interés de México de anexionarse a Cuba; la historia desastrosa de las repúblicas hispanoamericanas y las experiencias que ocurrieron en las guerras cubanas con motines, conflictos políticos, destitución de presidentes y al final la destitución del generalísimo Máximo Gómez. Tomando todo esto en consecuencia, y teniendo en cuenta las obligaciones asumidas por el Tratado de París, había que establecer alguna medida para garantizar la estabilidad de la República...." Otra aseveración: "En aquella oportunidad, los mambises dependieron únicamente para su lucha de las armas y municiones que les enviaban los Estados Unidos. Al final fue la participación americana la que facilitó la independencia". Otra más: "Aunque los antinorteamericanos no lo reconocen, la Enmienda Platt tuvo un efecto muy positivo y Cuba fue siempre favorecida por los Estados Unidos". Y otra: "A pesar de la Enmienda Platt, siempre que algún funcionario americano trató de inmiscuirse en los asuntos internos de Cuba, la protesta fue inmediatamente aceptada y desautorizada la gestión". Aparecerse a estas alturas con planteos así es equiparable a pararse en cualquier esquina del planeta y ponerse a gritar, en ofensa de la memoria y los conocimientos universales, que la Tierra es cuadrada y se apoya sobre un cucurucho de maní. Por último, desconociendo libros de ilustres personalidades, obras de teatro, miles de caricaturas, artículos en periódicos y revistas y hasta sainetes representados en el teatro Alambra, todo ello surgido y desarrollado desde principios del siglo pasado, nuestro recordador asegura que " ...es sobre todo después de 1959 que se crea una leyenda sobre la Enmienda Platt, afirmando que había convertido a Cuba en una colonia americana, y atribuyéndole efectos políticos, sociales y económicos que no se ajustan a la verdad. Por el contrario, todos los que vivimos esa época estamos conscientes de que la Enmienda Platt jamás interfirió con la soberanía de Cuba y que sus efectos, por el contrario, fueron muy favorables no solo desde el punto de la estabilidad política, sino también del desarrollo económico y de la influencia en el orden social". ¡Ay, la mala memoria! Aunque en verdad, nunca debí titular este trabajo así. Nuestro recordador se merecía otra cosa.
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