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Verdad prisionera Claves para descifrar la injusticia FÉLIX LÓPEZ Injusticia es una palabra que duele. Y es mucho más dura, e inaceptable, cuando debe aplicarse a un proceso penal que priva de la libertad a cinco hombres que hacían un bien a su Patria y a la humanidad, combatiendo el terrorismo desde el corazón mismo de grupos extremistas que no sienten el más mínimo respeto por la vida humana. Pero todavía hay millones de norteamericanos que desconocen los detalles sobre este caso. Saben que unos pocos terroristas destruyeron en unos segundos las Torres Gemelas, pero ignoran que hay muchos otros habitando al Sur de su país, específicamente en la Florida. A esos estadounidenses de bien les sugeriría que buscasen respuestas a las interrogantes, muchas absurdas, que han rodeado este proceso: ¿Acaso no puede considerarse excesivo —y hasta como un sufrimiento físico y sicológico— el confinamiento de un detenido (durante 17 meses en una primera oportunidad y 48 en una segunda), sin sus utensilios personales ni contacto con el mundo exterior; sin comunicación ni noticias sobre seres queridos, familiares o allegados; sin poder escribir siquiera sus impresiones; en deprimente y limitado espacio; y todo ello sin una explicación o justificación razonable? ¿Quién puede presenciar en calma cómo un padre, ciudadano estadounidense, es privado de la visita de su pequeña hija, a la que dejó de ver con cuatro meses de nacida, y a la que mucho tiempo después lo enfrentan esposado a una silla, sin tener la oportunidad de abrazarla? ¿Qué opinión inicial le puede provocar un proceso penal donde la fiscalía presenta dos versiones de actas acusatorias (2 de octubre de 1998 y 7 de mayo de 1999), incorporando a la última el cargo de conspiración para cometer asesinato, que solo existía hasta entonces en las páginas de los periódicos pagados por la mafia de Miami? ¿Por qué motivos se desestimó durante 14 meses la moción presentada por los abogados de la defensa, solicitando cambios de condiciones carcelarias para los cinco jóvenes cubanos el 21 de enero de 1999? ¿A quién benefició la negativa de la jueza a un cambio de sede en el juicio, atendiendo a los prejuicios anticubanos existentes en el estado de la Florida, elemento sobre el que existen numerosos precedentes en el sistema judicial norteamericano? ¿Cómo puede hablarse de un juicio justo y con garantías, en un proceso donde se demostró que la inmensa mayoría de los posibles integrantes del jurado tenían fuertes prejuicios o temor a represalias de la comunidad cubana en su lugar de residencia? ¿Dónde estaba el jurado que condenó a Gerardo Hernández como culpable de asesinato, durante el contrainterrogatorio de los abogados al testigo de la fiscalía Guillermo Lares, de Hermanos al Rescate, incluyendo la presentación del video del vuelo que prueba que este estaba mintiendo en sus declaraciones, o cuando las confesiones de Arnaldo Iglesias, reconociendo que habían probado explosivos y otras acciones no pacíficas en sus incursiones sobre territorio cubano? ¿Quién tomó nota del testimonio a favor de la defensa del almirante (r) Eugene Carroll, el 6 de marzo, en el que afirmó haber recibido advertencias personalmente desde Cuba de que habría respuesta ante los reiterados y provocativos vuelos de Hermanos al Rescate, las cuales trasladó al Ejecutivo norteamericano? ¿En qué acta se extraviaron los fragmentos del testimonio del ex funcionario Richard Nuccio, presentado por la defensa, sobre la preocupación existente acerca de las acciones de Hermanos al Rescate y la falta de acción de las autoridades norteamericanas al respecto? ¿Se puede desacreditar la declaración de Charles Smith, retirado de la Administración Federal de la Aviación (FAA), que testificó haber advertido personalmente a José Basulto de las posibles acciones que pudiera adoptar Cuba de continuar sus provocaciones; o las deposiciones de los funcionarios del Instituto de la Aeronáutica Civil de Cuba, Fidel Ara Cruz y Ricardo Díaz, que trataron el tema del control aéreo, y argumentaron las violaciones del espacio aéreo, así como la peligrosa interferencia a los vuelos comerciales por parte de Hermanos al Rescate? ¿Cómo no emprender un proceso contra un testigo hostil como José Basulto, cabecilla de Hermanos al Rescate, quien tuvo que reconocer sus antecedentes terroristas y acciones violatorias de las leyes, aunque trató de negar sus propósitos provocadores y violentos, para finalmente acusar a uno de los abogados de hacer el trabajo de la Inteligencia cubana? ¿Qué dudas pueden quedar sobre el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, luego del testimonio de George Buckner, que cuestionó a los radares norteamericanos, ubicó el incidente en aguas territoriales cubanas y retó a Estados Unidos a presentar los datos de sus satélites ese día? ¿Con qué moral puede hablar la administración norteamericana de su lucha antiterrorista, cuando en una de sus cortes se escuchan palabras como las de Orlando Suárez, describiendo la existencia y acciones de ALFA 66, una organización terrorista que se entrena con armas pesadas y recauda fondos para "los planes militares" contra Cuba? ¿Cómo podría responder el FBI al testimonio del teniente coronel del Ministerio del Interior Roberto Hernández Caballero, el único militar cubano que testificó en el juicio, y que se refirió a los planes terroristas que se organizan en Miami contra Cuba y sobre la entrega de informaciones a las autoridades norteamericanas? ¿Qué sentido lógico tiene acusar de espías a cinco cubanos, en un país donde un militar de alto rango, el general (r) Edward Atkisson, advierte que Cuba no representaba un peligro para Estados Unidos, pero que necesitaba tener ojos y oídos en Florida para alertar de una posible invasión? ¿Por qué la prensa derechista de Miami, en lugar de su atroz campaña a lo largo de más de 180 notas sobre el juicio, no publicó ni un solo fragmento de los discursos de apertura y clausura de los abogados de la defensa, particularmente los de Paul McKenna y Joaquín Méndez, quienes desenmascaran la condición política del juicio? ¿Cómo hubiese reaccionado el pueblo norteamericano de haber tenido acceso, con objetividad y lujo de detalles, al injusto proceso judicial seguido contra los cinco cubanos, incluidos sus valerosos alegatos? ¿Se atrevería usted a
condenar a cinco jóvenes inteligentes, indoblegables y nobles, que no
cobraron más que el cariño de su pueblo mientras realizaban una riesgosa
misión dentro de los grupos extremistas anticubanos?
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