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Cinemazul en Las Tunas Para apreciar mejor la pantalla Pastor Batista Valdés LAS TUNAS.— Películas de todo tipo, documentales y de ficción, fueron debatidos durante la novena edición del Festival Cinemazul, que comenzó aquí el martes y finalizó ayer, en escuelas de todas las enseñanzas, centros de trabajo, hospitales, hogares de ancianos y de impedidos físicos, salas de video (incluidas casi 40 en comunidades no electrificadas), centros de reeducación, instituciones culturales, bases de campismo, barrios y asentamientos. Este es el único festival de que se tiene referencia en Iberoamérica, dedicado especialmente a la apreciación y el análisis cinematográficos. Moderadores procedentes de diversos sectores, profesiones y regiones del país, junto a un selecto jurado integrado por especialistas del séptimo arte, se dieron cita nuevamente aquí, no para someter a prueba las mejores películas (como sucede generalmente), sino para optar por el Gran Premio Ola: a quien mayor dominio, capacidad y rigor demuestre en el proceso —vital hoy para cualquier espectador— de apreciar, comprender y comentar adecuadamente el producto cinematográfico. Dedicado esta vez al neorrealismo italiano y su influencia en el cine cubano, el festival organizó un taller acerca de ese tema, en tanto participantes, aficionados y población en general tuvieron la posibilidad de ver en pantalla grande una docena de filmes de esa escuela o influido por ella, como son los casos de las creaciones iniciales de los destacados directores cubanos Julio García Espinosa y Tomás Gutiérrez Alea. Como novedad, este año el taller Sala de sueños (dedicado a los niños) devino una especie de "festival dentro del festival", con la participación activa y competitiva de los pequeños mediante presentaciones de filmes y creación en el terreno literario y de las artes plásticas, sobre la base de las cintas apreciadas previamente. Idea del arraigo del séptimo entre la población en el contexto actual de masificación de la cultura, la ofrecen los más de 80 cine-clubes con que cuenta hoy Las Tunas, fenómeno que les permite a provincias como Sancti Spíritus, Camagüey y Guantánamo, realizar también festivales de apreciación para elegir a los moderadores que finalmente asisten a este encuentro de carácter nacional, cuya privilegiada génesis se remonta a la norteña ciudad de Puerto Padre (la Villa Azul de Cuba), en 1994.
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