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01/06/2002
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Antonio Sánchez Díaz (Pinares)

El guerrillero de la ametralladora 30

PEDRO A. GARCÍA

En la Sierra Maestra, sus compañeros le decían Pinares porque procedía de la más occidental de las provincias cubanas. En Vueltabajo, sus amigos le conocían por Tite. Realmente se llamaba Antonio Sánchez Díaz. Como había nacido el 7 de diciembre, sus padres quisieron que llevara el nombre del Titán de Bronce.

Según propia confesión, era de niño y adolescente, "díscolo y travieso". Gustaba correr por la campiña, nadar y pescar en el río. En su historia clínica los médicos anotaron en distintas fechas fracturas de piernas, manos, tres costillas y la mandíbula, una patada de caballo que lo tuvo en coma varios días y una herida que motivó una sutura de 59 puntos.

Como todo niño campesino de su época, tuvo que dedicarse a trabajar para ayudar a la familia. Desempeñó casi todos los oficios en el tabaco, fue albañil y carpintero. Muchos no comprendían de dónde sacaba tiempo y deseo para la escuela: terminó el séptimo grado e inició estudios de Comercio. Sus profesores solían decir que tenía un talento innato para las Matemáticas.

Un día, supo que Fidel y los rebeldes combatían a la tiranía batistiana en la Sierra Maestra y allí fue. Tardó varios meses en hacer contacto con ellos. Le enviaron a la escuela de reclutas y de regreso, le confiaron una ametralladora 30. Años más tarde confesaría: "Ya no la solté más hasta un año después. La 30 es la mejor arma de la guerrilla".

Derrochó arrojo en diversos combates. En El Purialón, cuando la ofensiva batistiana contra los rebeldes, vio caer a su capitán. Sus compañeros quedaron anonadados, pero Pinares los sacó del mal momento: "Aquí no se pelea con lágrimas sino con tiros". Todos volvieron a ocupar sus posiciones. Cuentan que aquella tropa luchó duramente 8 horas y detuvo al enemigo que avanzaba.

Ya capitán, Pinares es seleccionado por Camilo para su columna invasora. Resalta por su valentía en los 10 combates en que participó en Las Villas. Cuatro días después del triunfo le imponen los grados de Comandante. En 1965, integra el primer Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Un año más tarde, deja de ser Pinares para convertirse en el Marcos de la guerrilla boliviana.

DOS ANÉCDOTAS

Como ha relatado el destacado combatiente revolucionario William Gálvez, cuando al atravesar el territorio avileño, la columna invasora Antonio Maceo acampó en un batey, se encontró a los niños de una escuelita rural sin maestro. Pinares preguntó en qué parte de la materia se habían quedado y les dio la clase. Al terminar, Camilo también les habló a los niños.

En el altiplano boliviano, la guerrilla capturó a un oficial y una pequeña tropa. Los soldados estaban mojados y hacía un frío tremendo. Marcos (Pinares) se les acercó. Conversó mucho con ellos. De su propia ración de café, mandó a preparar para todos. Al oficial y los soldados les llamó la atención de que fue el último en tomar. Un acto noble, diría después el oficial a un periodista.

¡ANTES FUSILADO!

Las cualidades de Marcos quedarían reflejadas en el Diario del Che. El 16 de enero de 1967 edificó una pequeña casita para las necesidades de la guerrilla; el 18 de febrero, dirigió la construcción de una balsa para cruzar el caudaloso río. En más de una ocasión hizo gala de sus conocimientos para orientarse en medio de terrenos desconocidos y de su habilidad para detectar fuentes de agua.

Pero también el Guerrillero Heroico tuvo que hacerle frecuentes recriminaciones debido a incidentes motivados por su carácter. Cuando el Che le advirtió de que podía ser expulsado deshonrosamente si seguía reincidiendo, Marcos le respondió rápidamente: "¡Antes fusilado!".

El 15 de abril aparece en el Diario del Che su última anotación sobre Pinares: "Se completó el armamento del grupo asignando la ametralladora 30 a la retaguardia (Marcos), teniendo de ayudante a los de la resaca". Dos días después, se separan los guerrilleros en dos grupos y Marcos permaneció en el grupo de Joaquín (Vilo Acuña).

El 2 de junio de 1967, mientras cumplía una misión de exploración junto con el combatiente boliviano Casildo Condori (Víctor), Marcos cayó en una emboscada tendida por el ejército en un lugar conocido como Peñón Colorado.

Años antes, durante una conmemoración del asalto al Moncada, él había dicho: "Las grandes obras exigen grandes sacrificios y las grandes glorias que pasan a la Historia, bien sean de un hombre o de los pueblos, a la hora de vivirlas casi siempre se llaman sacrificio: solo son glorias a la hora de disfrutarlas todos; por eso debemos comprender que tenemos grandes tareas que realizar que necesitan del sacrificio de cada uno de nosotros para que se conviertan en glorias de todos".

 

01/06/2002

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