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Misión Médica en Belice Exitosa cirugía mayor
JUANITA PERDOMO LAREZADA Cuando los ingenieros Antonio Vila y Rubén Lerma llegaron a Belice, decenas de equipos médicos no funcionaban y hasta en alguna institución hospitalaria de este país centroamericano, alguien podía estar necesitando respiración artificial.
La dura realidad hizo variar los planes de uno de los cooperantes. De inmediato, el camagüeyano Rubén postergó su condición de profesor y se unió al trabajo de mantenimiento y reparación asignado al tunero Antonio. Los dos, con la ventaja de conocerse mucho antes de la misión, montaron campamento en el Centro Nacional de Electromedicina. Desde allí, con el talento cual el mejor de los recursos, iniciaron el diagnóstico de sus graves pacientes. Un recorrido por los seis distritos de Belice, explica Rubén, corroboró lo presumido: el 10,4% de los equipos estaban rotos. "Imagínese —abre los ojos y precisa— el único electrocardiógrafo de una provincia sin funcionar, ya era un serio problema. A partir de entonces, vinieron días de intensos estudios, revisión de manuales, porque algunas de las tecnologías las veíamos por primera vez. Esto ahora se dice fácil, pero fueron noches de desvelo, madrugadas de consultas, y confrontación de criterios. "A lo anterior se sumaba, precisa Vila, la inexistencia de piezas de repuesto. Por suerte, el cementerio de equipos defectuosos o desechados por fallas simples, ayudó bastante". Cuentan los ingenieros en Electromedicina, que ante los incrédulos ojos de quienes decían cómo es posible que los cubanos reparen sin piezas nuevas, en cinco meses, volvieron a la vida equipos de realización de diagnósticos avanzados en Neurología, ventiladores pulmonares de Neonatología, monitores de gases anestésicos, y muchos más, al punto de que solo el 1,7% no tuvo solución. Un año después, el desempeño de los dos cooperantes se inscribe entre los impactos de mayor valía de la Brigada Médica Cubana en estos predios. Tanto es así que le han ahorrado al sistema de salud beliceño cerca de dos millones de dólares norteamericanos, por reparaciones y mantenimientos. Sin embargo, para Vila y Rubén, el resultado económico no es lo más importante. "Que la mayoría de las unidades quirúrgicas y equipos presten servicios, constituye un significativo e incalculable saldo social. Por eso, aún cuando los problemas encontrados al inicio han sido en buena medida resueltos, en estos momentos el reto está en evitar roturas, mediante la aplicación de oportunos mantenimientos". Al no disponer Belice de ingenieros en esta rama, en el Centro Nacional de Electromedicina solo laboraban cinco técnicos, encargados de algunas reparaciones menores, pues con empresas foráneas resolvían dificultades de los equipos de alta tecnología, concepto por el cual tenían que erogar elevadas sumas de dinero, según explica Antonio Vila. Hoy, cuando la reanimación de vitales servicios sanitarios es realidad tangible, Rubén no ha podido quedar únicamente en el papel de profesor y aunque ya ha impartido dos bloques de clases, prefiere la enseñanza ligada a la práctica, como la mejor forma de aprendizaje, algo que agradecen sus alumnos y compañeros de trabajo beliceños, quienes confiesan sentirse mejor preparados desde que comparten labores con los ingenieros antillanos. La especialización de Vila en la línea de Laboratorio y la de Lerma en Electrónica, ha devenido efectiva simbiosis profesional, premiada no solo con esta suerte de exitosa cirugía mayor practicada a los equipos médicos de Belice, sino con el lugar cimero alcanzado en la segunda Jornada Científica Nacional, efectuada aquí en diciembre último. Por semanas han sido, además, excelentes anfitriones. En todo colaboran, bueno, en casi todo; pero ¡qué trabajo ha costado entrevistarlos!, en especial a Vila, santiaguero que hace años vive en Las Tunas. Por el consejo oportuno, a estos dos cubanos les decimos los profes, frecuentemente de buen humor y listos para renunciar a la placidez de una cama para ir detrás de una nueva falla. Once de la noche. Rubén no ha terminado de disfrutar la noticia de que su hija ingresará en la Vocacional y el teléfono suena: un equipo de Rayos X no funciona, Lerma y Vila se arman de maletines e irán a repararlo. Para ellos, el trabajo siempre está por comenzar. No llevan batas blancas, ni estetoscopios, pero también salvan vidas. |
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