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23/05/2002
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Entre elemento y elemento

ANDRES D. ABREU

Los anuncios visuales y textuales realizados por el Ballet Lizt Alfonso para el estreno de Elementos provocaron una inquieta espera ante su irrupción en la escena de la Sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana.

Carteles promocionales con un vestuario osado —si se tiene en cuenta el respeto por lo tradicional que ha caracterizado a las agrupaciones cubanas del baile español—, más un maquillaje y una peluquería con marcada intención plástica, unidos a la expresada incorporación de variados géneros musicales y danzarios junto al flamenco, condicionaron una luneta de ávidos espectadores.

Elementos se abrió entonces a las tablas como una propuesta atrevida que debía materializarse entre las entradas y salidas al escenario de sus cinco cuadros estructurados entre un prólogo y un epílogo.

El Fuego, El Agua, El Aire, La Tierra y El Hombre (más oculto en la publicidad) estructuraron una dramaturgia acumulativa de cuadros para argumentar una fantasía artística sobre la creación y la esencia del universo. Dentro de ella, el símbolo terrestre trató de hilvanar un mensaje unificador que no pudo desbordarse en la confluencia de variadas pero no profundizadas expresiones.

A la obra coreográfica de Lizt Alfonso le son visibles las marcadas inserciones en busca de fusionar por haber escogido justamente lo tópico o estereotipado de lo folclórico, el jazz, lo clásico y lo contemporáneo para dar un salto sobre el baile flamenco. 

Sobre el diseño escénico de Erick Grass —acertado en detalles de composición entre los signos, el color y las soluciones teatrales—, y acompañado de una música original de Denis Peralta —con escasas variaciones y recreaciones vibrantes de lo mezclado—, la danza de Elementos cursa pero no discursa intensamente.

A excepción de escenas en El Agua, donde se contraponen con acierto algunas posiciones y movimientos académicos del ballet con un arreglo del llamado "latin jazz ", y en El Hombre —trabajo más elocuente y temperamental de diseño artístico y coreográfico—, el resto de la obra se debate entre atisbos de atrevimiento y el baile que siempre ha caracterizado a esta compañía. 

El Ballet Lizt Alfonso continúa en esta obra su impronta de salir a escena con piezas bien montadas en los movimientos de conjunto y con un trabajo preciso, lo mismo en lo cinético que en lo estático del cuerpo. Pero esta vez se minimizó esa forma de hacer lo flamenco desde lo cubano para sostener, con otras líneas del baile, la fantasía anunciada. 

Elementos no alcanza toda la dinámica y la dimensión que se propone su alquimia porque desaprovecha tanto el espacio y las atmósferas de la escena, como esas rupturas que se plantea y que son válidas para el aporte que desde Cuba se hace a la danza española. Su espíritu de confluencia estética es necesario; pero trabajado desde la raíz de la bailarina y la danza, y limpio de momentos preconcebidos y efectistas, que aunque conquistan ovaciones, son más propios de los buenos espectáculos del mercado mediático que de una danza mayor.

23/05/2002

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