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23/05/2002
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Las buenas y las malas

PEDRO DE LA HOZ 

Aciertos y desaciertos pudieran hacer difícil una lectura de la balanza en las primeras horas de Cubadisco 2002. La gala de premiación en el teatro Amadeo Roldán se vio empañada por una ausencia olímpica de guión y dirección, la fatal improvisación de los conductores, y la desjerarquización de las categorías Diseño Gráfico y Grabación. Al mismo tiempo, hubo momentos de inefable emoción y altura artística: si se tienen presentes las contribuciones de José María Vitier y Miriam Ramos, el excelente pianismo de Andrés Alén, la fina y sentida entrega de Marta Valdés y Sergio Vitier y, sobre todo, esa gran sorpresa que nos diera Leo Brouwer al reaparecer en la guitarra, a dúo con Joaquín Clerch, en la ejecución de su obra Un día de noviembre, cabría perdonar el desaguisado antedicho a cuenta de los beneficios del arte. 

Foto: YOJANS L. GARCÍA Leo volvió a la guitarra junto
a Joaquín Clerch.

En todo caso, se impone una revisión crítica de la concepción de una premiación como la de Cubadisco. No es asunto de restar premios y categorías; ojalá fueran más, puesto que indicaría la diversificación e incremento de nuestras producciones discográficas. Se trata de conciliar, al fin, el sentido del espectáculo con el carácter de unos premios, que a diferencia de los que habitualmente se conceden en los centros hegemónicos de la industria del entretenimiento, están determinados por valores eminentemente culturales. 

Eso hay que defenderlo a toda costa, sin menoscabo de una ceremonia que debe fluir y, a la vez, brillar en correspondencia con el prestigio de los Premios y de los premiados. 

Otro aspecto del fiel de la balanza pasa por la Feria propiamente dicha. La Fortaleza de la Cabaña se estrena como sede del foro. Ayer, al filo del mediodía, todavía se notaba demasiada improvisación en el circuito expositivo... y muy poco público. Hay que admitir que el disco no es el libro. Que las diferencias entre las posibilidades de reproducción del producto fonográfico de la inmensa mayoría de la población (la grabadora de casetes) y las realidades del soporte de esa producción (el disco compacto) son irreconciliables entre nosotros. Que lo que más mueve al público hacia el disco no es por ahora el disco mismo, sino las presentaciones en vivo de los artistas que protagonizan esa producción. 

Anoche los habaneros comenzaron a responder y el ambiente festivo se impuso.

Hay que admitir también que la respuesta de las casas discográficas cubanas y las instituciones promotoras de la música se hacía notar en el recinto ferial. Con el comienzo de la programación artística —y los ojos puestos en el cielo para que no llueva— las cosas deben ir de malas a buenas, y de buenas a mucho mejor.

23/05/2002

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