![]() |
|
No inventar una cultura para el turismo Sonia Sánchez La calidad de la animación, de los espectáculos, el humorismo y el trabajo de los guías o buroes en las instalaciones hoteleras, cuestiones abordadas en el VI Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) dentro del tema cultura y turismo, constituyen aún insatisfacciones que deberán salir a la palestra en el próximo Consejo Nacional de la institución, previsto para finales de este mes. El vicepresidente primero de la UNEAC, José Loyola, en exclusiva para Granma, precisó que han mejorado las propuestas artísticas en lugares emblemáticos como el hotel Internacional de Varadero y los cabarets Tropicana de la capital y Matanzas, Parisién o Copa Room, aunque existe una mayoría de instalaciones donde es importante profundizar el trabajo. Insistió en la necesidad de eliminar radicalmente el "intrusismo profesional" —penalizado por el decreto 226—, que abre el camino para que artistas aficionados hagan las veces de animadores sustituyendo así a los profesionales, los cuales pueden ofrecer una labor superior. En el fondo de este asunto existe un problema economicista, a juicio del conocido compositor y musicólogo, quien aseguró que un cuerpo de inspectores del Ministerio de Cultura se ocupa de proceder contra esa violación. Sobre las iniciativas del Centro Promotor del Humor tuvo palabras de elogio, pero opinó que "no siempre llegan a todos los ámbitos o en ocasiones uno se encuentra lo chabacano, vulgar, el chiste de mal gusto". Loyola señaló que "aún no se ha ganado del todo la batalla" —aunque se ha avanzado bastante— a fin de que el visitante acuda a los espectáculos culturales. Algunos gerentes han mostrado incomprensiones y se ha percibido desinformación en ciertos buroes de turismo, así como falta de interés en guías que prefieren conducir al viajero a una tienda u otro lugar ajeno al arte o la literatura. "Hay que llevar al turista a ver la vida cultural del país, a un concierto en el Amadeo Roldán, a disfrutar del Ballet Nacional de Cuba, al Museo Nacional de Bellas Artes o la sala Dolores, de Santiago de Cuba, por ejemplo, para que aprecie en ese contexto la valía de nuestras figuras y la relación arte-público." Entre otros proyectos que no pueden descuidarse citó el Carnaval de La Habana y el de Santiago de Cuba —espectáculos insertos en la cultura comunitaria—, "fiestas populares por excelencia que no deben convertirse en una postal turística". Al perseverar en lo imprescindible de "no inventar una cultura para el turismo", el también compositor destacó el impulso dado a la tradición socio-cultural en determinados barrios: el Callejón de Hamel, o La California, donde el visitante se recrea con una rumba u otra manifestación de nuestro acervo. Resaltó también el trabajo realizado por la Casa de las Américas respecto a la venta de libros y discos, el de las galerías del Fondo de Bienes Culturales y la UNEAC, en Varadero, y las ambientaciones plásticas en este balneario, en Holguín, y en algunos cayos del archipiélago cubano. |
|