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08/05/2002
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El futuro está en las manos de un niño

LOURDES PÉREZ NAVARRO

Los niños y las niñas tenemos derecho a tener derechos, leí en un cartel de la UNICEF donde se relacionan algunos de los contenidos de la Convención sobre los Derechos del Niño de 1999. Desde entonces están reflejados, pero, ¿se cumplen?

Derecho a la igualdad sin distinción de raza, credo o nacionalidad.

Las voces más claras del planeta claman por resolver la situación de emergencia en que se encuentra la infancia. Cientos de niños y niñas sufren pobreza e injusticia extremas. Sus vidas se quiebran debido a la propagación del VIH/SIDA, los conflictos armados, la deuda externa, la discriminación y la violación de género, la degradación del medio ambiente, las catástrofes naturales y al terrorismo.

Foto: JORGE LUIS GONZÁLEZ Los problemas que se discutirán en la sesión especial de las
Naciones Unidas en favor
de la Infancia, no tienen que
ver con los niños cubanos.

Derecho a la protección especial para su desarrollo físico, mental y social, a recibir educación gratuita y disfrutar de los juegos.

Cerca de 170 millones de niñas y niños sufren a causa de la desnutrición, que les deja a menudo secuelas mentales y físicas permanentes. Alrededor de 120 millones de niños, (53% niñas), no han puesto jamás los pies en una escuela. Las complicaciones en el embarazo y el parto provocan todos los años la muerte y la discapacidad de más de 500 000 mujeres en edad de procrear. Uno de cada 10 menores padece graves discapacidades.

Derecho a una alimentación, vivienda y atención médica adecuadas para la madre y el niño.

Alrededor de 11 millones de niños menores de 5 años, la mayoría de ellos recién nacidos, mueren debido a causas que hubieran podido evitarse fácilmente, como las enfermedades diarreicas, la rubéola y las infecciones agudas de las vías respiratorias.

Tan importante como cuidar a los infantes es cuidar a las madres. En aquellas sociedades donde las mujeres no tienen voz, o solamente tienen un acceso restringido a los recursos y no se benefician de ninguna protección jurídica, resulta casi imposible que se produzca un óptimo desarrollo infantil.

Derecho a ser los primeros en recibir ayuda en caso de desastre, a la comprensión y amor por parte de los padres y la sociedad.

Las niñas subyugadas y los niños soldados están condenados a la pobreza y a la exclusión, y privados no solamente de satisfactorias condiciones de vida y de posibilidades de realización personal, sino también de su derecho a convertirse en ciudadanos responsables y productivos.

Derecho a ser protegido contra el abandono y la explotación en el trabajo.

Se calcula que cada año un millón de menores de edad (la mayoría niñas) caen en las redes del comercio sexual. Una industria que genera miles de millones de dólares atrae por lo general a estos niños mediante la promesa de ofrecerles educación o un buen trabajo.

A los niños más vulnerables se les traslada dentro y fuera de las fronteras para someterlos a la prostitución, la pornografía y a formas intolerables de trabajo infantil. Estos son refugiados, huérfanos, abandonados, trabajadores que se desempeñan como sirvientes domésticos o afectados por conflictos armados.

Derecho a formarse en el espíritu de solidaridad, comprensión, amistad y justicia entre los pueblos.

Miles de infantes carecen de un lugar donde cobijarse. Muchos de los niños de las calles han encontrado la muerte en manos de bandas paramilitares. Para ellos la palabra solidaridad no va más allá de la obtención del mendrugo de pan que calmará el hambre, y patria no será otra cosa que el lugar donde pueden pernoctar y esperar, desesperanzados, el nuevo día.

Estos niños y niñas, creerían escuchar un cuento de hadas si alguien les contara sobre un lugar donde, hasta en el más intrincado sitio de las montañas, los pequeños tienen gratuitamente escuelas, computadoras, televisores y videos con programas educacionales preparados para ellos; laboratorios equipados, centros para discapacitados y otros para la preparación deportiva y cultural. 

Un lugar en el que cuentan con un sistema de salud que les permite crecer vacunados contra enfermedades previsibles, fuertes y saludables, con la esperanza de vivir más de 76 años. Donde el color de la piel, la religión que profesan o el lugar de nacimiento no los diferencia de los demás, y crecen impregnados de los más nobles valores patrios y humanos, de solidaridad e internacionalismo.

Cuando por estos días se celebre la Sesión Especial de las Naciones Unidas a favor de la Infancia, representantes de más de 170 naciones abordarán los problemas que afrontan millones de niños y niñas en el mundo, problemas que ya tienen resueltos los pequeños que viven en Cuba.

En la medida en que los pueblos y sus gobernantes respeten y ejecuten los derechos de las niñas y los niños, se garantizará el bienestar y la productividad de las futuras generaciones, pues como afirmó nuestro Apóstol: Los niños son la esperanza del mundo.

Fuente: Datos UNICEF (Abril 2002)

08/05/2002

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