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06/05/2002
Portada de hoy

Una aventura local

Alexis Schlachter

Carlos Alberto de la Osa Fernández, Olimpio Amador González Marrero, Rubén Rodríguez Freire y Henry Alain Galindo Leal, todos de Güira de Melena en la provincia de La Habana, no supieron ver el peligro que entrañaba la aventura que se propusieron iniciar el pasado sábado 27 de abril por Playita de Santa Lucía, en Pinar del Río.

Foto: ALDO MEDEROS Un momento de reflexión para Rubén... Después, pensó en sus hijas y comprendió.

Todo parecía ir al principio de maravillas. Tiempo atrás, buscando aquí y allá, encontraron un pescador a quien le preguntaron si conocía a alguien que vendiera una pequeña embarcación para "pescar".

Yo la tengo y con motor —dijo el desconocido

¿Cuánto...?— indagaron.

Veinte mil pesos...

Aquí nos espera para cuando reunamos el dinero... —plantearon los incautos.

Estaré esperando ...

Y así continuó la aventura. Cada cual vendió todo lo que pudo en sus hogares y hasta los ahorros de uno de ellos para la fiesta "de los 15 de mi hija" tuvieron ese destino... 

Finalmente, los 20 mil pesos estuvieron listos y pasaron a manos del avispado pescador que les ofreció el barquito plástico con motor de gasolina, vela, remos y una latica.

Ese sábado 27 de abril, en la noche, partieron los cuatro remando lentamente para no llamar la atención del cercano puesto de Guardafronteras y, con ingenua alegría, vieron comenzar el inicio de la "gran aventura" que los llevaría rápida y fácilmente a la tierra de promisión, gracias a las tranquilas aguas del Golfo de México. Eso pensaron los cuatro, pero...

Poco después hacía su aparición la otra cara de la realidad. Olas de varios metros de altura... El motor de gasolina, "una verdadera basura que finalmente se paró y no arrancó más..." Uno de ellos estuvo a punto de ahogarse cuando una ola gigante lo tumbó de la frágil embarcación... Otro se sintió mareado... Todos, más tarde confesaron haber tenido mucho miedo...

Finalmente, fueron avistados por un guardacostas del país al cual habían pensado llegar y el viaje terminó apenas 48 horas más tarde.

Ya en tierra, frente a periodistas, los cuatro hablaron de la terrible experiencia que pudo costarles la vida y mostraron arrepentimiento. Comprendieron cómo el pescador "amistoso" les había estafado ofreciéndoles una embarcación que solo la suerte enrumbó hacia la meta propuesta por la asesina Ley de Ajuste Cubano. Todo pudo haber terminado en el fondo del mar...

Fue en ese momento cuando Rubén comprendió definitivamente el triste legado de soledad que les hubiera dejado a sus tres hijas, de haber muerto en la loca aventura. Y lloró amargamente...

06/05/2002

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