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Cine Ella Lemhagen contra el maleficio Pedro de la Hoz En menos de una década, Ella Lemhagen se ha hecho un nombre en la cinematografía de su país, toda una hazaña si se tiene en cuenta que lo ha hecho superando tres obstáculos: el estigma de que en Suecia, todo lo que huela a cine, pasa por la inevitable brújula de Ingmar Bergman, la casi exclusiva dedicación a la cinematografía para niños y jóvenes y el desarrollo de un lenguaje en este campo que nada tiene que ver con la globalización de los estereotipos hollywoodenses.
De todo ello dialogamos con Ella en medio de un tórrido día habanero en el que muy a gusto se siente esta joven realizadora, puesto que ha visto cómo los pequeños espectadores cubanos reaccionan favorablemente ante su cinta Tsatsiki, la mamá y el policía (1999), encargada de abrir la Muestra de Cine Sueco para Jóvenes y Adolescentes que por primera vez se exhibe en un país de América Latina y el Caribe. —Desde que me encontraba estudiando en el Instituto de Dramaturgia de Estocolmo —explica Ella— me interesó el trabajo con los niños y adolescentes. De ahí que, una vez egresada, me entregara a un colectivo de teatro que fue una especie de punto de partida para la realización de mis primeras películas. He hecho cine para adultos, pero mis mayores satisfacciones creativas se relacionan con este público tan sensible y agradecido. La producción fílmica sueca aporta anualmente entre 20 y 30 títulos de ficción, de los cuales de 3 a 5 están dedicados a los más pequeños. —Todo lo que se haga para ese público —afirma la cineasta— es poco, dadas sus grandes necesidades de ver reflejados sus intereses en la pantalla. Mi principal preocupación reside en la búsqueda de un lenguaje que revele la identidad de los niños y jóvenes, que no tiene por qué ser el lenguaje que predomina en las producciones norteamericanas proyectadas en el mundo entero. Trabajar para ese público tiene que ser un acto rigurosamente artístico. ¿Quiere decir esto que Ella Lemhagen haga cine solo para los niños y jóvenes suecos, o acaso, por cercanía, de los países nórdicos? —¡No, para nada! Lo que trato es de huir de estereotipos y de tomarme muy en serio a los espectadores de todas las edades. Tsatsiki... ha sido un éxito en India, Japón, México e Italia; en varios festivales internacionales los jurados compuestos por niños la han premiado. O sea, se puede ser sueco y universal al mismo tiempo. No hay contradicciones. |
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