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Teatro de los Andes para el cerebro VIVIAN MARTÍNEZ TABARES
El arte del actor y la narratividad, la técnica teatral universal y las fuentes culturales andinas, la tradición y el futuro, el campo y la ciudad, lo sacro y lo profano, la sencillez comprensible y la hondura del lenguaje artístico son algunos de los pares que mueven un quehacer que apuesta por un teatro del humor y la memoria. Las abarcas del tiempo, uno de los tres espectáculos que presenta el Teatro de los Andes en la Temporada de teatro latinoamericano y caribeño Mayo Teatral, valora de un modo peculiar la memoria, ese tema recurrente en la escena de este lado del mundo. Con rabia, emoción y risa, el grupo multicultural y andino rescata del país de los difuntos una historia que es la del campesino Jacinto, casado con su amada y muerto de tuberculosis en la mina, cuyo aniversario se celebra con el viaje de su amigo. Pero es también la historia de Bolivia, que "aparece en jirones, en un mapa ardiente y desesperado". Hay un soldado que se desespera porque quiere volver a la vida, dos reinas de belleza que ven interrumpida su rutilante carrera por un accidente automovilístico, el primer etnólogo boliviano, un sacerdote asesinado por los paramilitares, en este recorrido en busca del significado último de la vida y de su sentido de continuidad. Y como en la región andina el país de los muertos no equivale al infierno, el final de la vida no es pesar porque "los muertos no se han muerto del todo mientras sus seres queridos los piensen". Relato épico fantástico en tono de tragicomedia, rito alegórico-dramático plagado de símbolos que lanzan preguntas al espectador, crescendo de imágenes visuales y de sonidos humanos y de pájaros que se combinan para recrear otra mirada al barroco americano. Eso y más es Las abarcas..., que su director ha definido como una especie de Divina Comedia latina. Con un destacado elenco de actores —cuatro bolivianos, un argentino y una italiana—, todos también músicos y acróbatas, Brie y el Teatro de los Andes quieren representar la vida para que el espectador se reconozca a la luz del arte, conmoverlo, llegarle al lugar donde el cerebro y el corazón se unen. |
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