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04/05/2002
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Ciencia y tecnología

Astillero colonial en Jaruco

ORFILIO PELÁEZ

Quizás sea poco conocido, pero en tiempos de la colonia Cuba llegó a ser una verdadera potencia en la construcción de barcos de gran tamaño, sobre todo en el siglo XVIII.

Sitio donde se localiza la grada o varadero del antiguo astillero de Boca de Jaruco. Nótense las zanjas cavadas
en las rocas, donde se colocaban los troncos
de madera utilizados
en la instalación. 

Según documentos del Museo Histórico de la Ciencia Carlos J. Finlay y otras fuentes bibliográficas, el interés de España por crear una poderosa flota en el área del Caribe, capaz de enfrentar el asedio de los ataques de corsarios y piratas, y los conflictos bélicos con otras potencias europeas, convirtió al astillero de La Habana en el más importante de la corona en el Nuevo Mundo. 

Baste decir que de sus instalaciones salió en 1769 el famoso buque de guerra Santísima Trinidad, una maquinaria de fuego dotada con 140 cañones a bordo y verdadera joya de la ingeniería naval de entonces.

También los navíos San Hipólito (1786) y Real San Carlos (1787), ambos de 114 cañones y participantes en cruentos combates contra la flota inglesa. 

Incluso, los barcos hechos en la Mayor de las Antillas solían durar el triple de tiempo que los propios construidos en la metrópoli, debido a la excelente calidad de la madera empleada en su fabricación (cedro, ocuje, guayacán), mientras los más avezados expertos en ingeniería naval de España tuvieron en el astillero habanero su principal fuente de conocimientos prácticos.

Pero dicha actividad no fue patrimonio exclusivo de la capital. Recientes estudios arqueológicos revelan que en la localidad habanera de Boca de Jaruco también se construyeron diferentes tipos de naves durante la dominación española. 

BARCOS AL AGUA

El primer dato sobre el uso del río Jaruco como punto de navegación en la época colonial lo aporta el cronista Bernal Díaz del Castillo, en su libro Historia verdadera de la conquista de la Nueva España.

En la obra citada se cuenta que Francisco Hernández de Córdova, asociado al gobernador Diego Velázquez, armó tres buques a sus expensas y reunió ciento veinte hombres bajo su mando, con los cuales partió el 8 de febrero de 1517 desde el puerto Axaruco (Boca de Jaruco), al descubrimiento y conquista de Yucatán. 

Sin embargo, precisa el investigador Roger Arrazcaeta Delgado, jefe del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de la Ciudad, la evidencia más importante de la probable presencia de un astillero en la zona nos la dio el reporte de una antigua estructura muy similar a una grada de construcción de barcos, encontrada en la margen oriental del río Jaruco, a pocos metros del mar.

Tras realizarse dos exploraciones en el lugar, caracterizarlo y consultarse numerosa bibliografía especializada, se llegó al consenso de que se trataba, sin duda, de un sitio concebido para fabricar embarcaciones, cuyos restos podían ser los más antiguos y complejos existentes en el país, y probablemente, de toda el área de Las Antillas.

La exploración de la grada (mide 28, 88 metros de longitud y 11,16 de ancho), comprendió la determinación visual de todos sus rasgos arqueológicos, consistentes en un grupo de canales paralelos entre sí y cavados en la roca caliza de la margen del río.

Incluyó, además, la búsqueda de otros elementos cubiertos hoy por yerbas y arena, lo cual posibilitó el hallazgo de restos de clavos de hierro forjado y una serie de huecos enfilados a ambos lados de los canales.

Al parecer estos últimos fueron hechos para servir de soportes a determinadas piezas de la estructura del casco en el momento de montarse o también con la finalidad de proteger a los constructores y al barco de las inclemencias del tiempo.

En el sector de la antegrada se hizo una prospección con equipos de buceo autónomo operación que permitió comprobar sus excelentes condiciones técnicas a la hora de propiciar la botadura de embarcaciones construidas en el astillero.

De acuerdo con el equipo de autores de la singular investigación, integrado, además, por los arqueólogos Alessandro López, Antonio Quevedo, Ivalú Rodríguez y Gustavo Falcón, el astillero de Boca de Jaruco es análogo en su tipología y cualidades técnicas a la grada o varadero descubierta en la antigua casa de Don Pablo Pedroso, sita en la calle Baratillo número 101, esquina a Obrapía, que data de una fecha anterior a 1603.

Por tanto, podría estar relacionado con las primeras incursiones en el campo de la construcción naval en los siglos XVI y XVII, que hicieron de La Habana el punto de salida al mar de algunos de los buques más grandes de aquellos lejanos tiempos.

04/05/2002

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