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Argentina Fuertes señales de alarma JOAQUÍN RIVERY TUR Fue un espectáculo de horror y desesperación. La población de San Isidro, muy cerca de Buenos Aires, vio la inmolación de crisis con ojos espantados.
La escena de los rostros contraídos y los ojos desmesurados de los transeúntes solamente se puede comparar con otra similar, pero con mirada de rabia de los millones que protestan por falta de trabajo, por hambre, por falta de salud. Mientras, el Congreso, donde nadie pasa realmente estrecheces, se debate entre si aprobar o no las demandas planteadas por el Fondo Monetario Internacional, muy bien acogidas por un Gobierno preocupado fundamentalmente por el "compromiso" de pagar la deuda. Después de los fracasos de varios ministros de Economía, comenzando por el gran derrumbe de Domingo Cavallo, ahora le corresponde el turno a Roberto Lavagna, con el mismo discurso repetido de la necesidad de contar con el apoyo del Fondo en el seno de un gabinete en el cual parece estar prohibida la mención de la catástrofe social del país. El presidente Eduardo Duhalde y todos sus ministros no dan señales de haber hecho mucho caso del informe de la consultora Equis, según la cual en los meses que van de año un millón de personas pasaron de la línea de pobreza hacia abajo; seis millones de menores de 14 años se encuentran en esa situación con 2,5 millones en la indigencia. El total de pobres es calculado en 16 millones de personas. Las cifras oficiales son muy poco confiables. Equis sostiene que el 30% de la población laboral está desempleada —al Gobierno no se le ocurre manejar esas cifras— y la proyección para mayo es que siete millones de argentinos estarán sin trabajo. Añadamos que en diciembre el ingreso promedio mensual, absolutamente insatisfactorio, era el triple que el actual de 207 dólares. A principios de semana, el diario Clarín se esperanzaba en que se tomaran "decisiones claras y sustentables capaces de revertir la desconfianza en la conducción política, la moneda nacional, el sistema financiero y las perspectivas de la producción y los ingresos". La semana ya termina. Y nada. Las medidas reclamadas por el FMI jamás tienen en cuenta el aspecto social. Ninguno de los famosos 14 puntos acordados por el Gobierno con las autoridades provinciales se refiere a forma alguna de paliar las agudas carencias de la población más pobre. En cambio, sí se hace un esfuerzo en tratar de derogar dos leyes sobre quiebras y una figura denominada "subversión económica", aprobada en 1974, que los grandes empresarios consideran "discriminatoria" y bajo la cual varios altos ejecutivos están detenidos y procesados por maniobras dolosas que ocasionaron daños a la economía nacional. Respecto a la ley de quiebras, se busca reimplantar un mecanismo desechado en enero pasado, según el cual un acreedor puede hacerse cargo de una empresa declarada en bancarrota. Realmente, teniendo en cuenta la devaluación de la moneda, si se retoma el mecanismo las transnacionales podrían adquirir empresas locales en dificultades por una bicoca, lo que llevaría la desnacionalización de la economía a un nivel cósmico. El mismo Gobierno que se compromete a reducir gastos parece haberse comprometido con el Fondo en derogar esas leyes con el fin de facilitar al capital extranjero un mayor control de sectores económicos en Argentina. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, John Taylor, por ejemplo, está muy interesado en que se implemente el plan del Fondo. Hay otro aspecto que han manejado algunos especialistas para explicar la ostensible falta de interés del FMI y Washington en que Argentina salga de la crisis. Estados Unidos puede estar interesado en que, con la quiebra argentina, el Mercado Común del Sur (MERCOSUR, formado también por Brasil, Uruguay y Paraguay) se descalabre por completo y el curso para el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) pueda acelerarse con todas sus nefastas consecuencias para la región. En fin de cuentas, un MERCOSUR intacto es un obstáculo para la expansión más rápida del capital norteamericano por el continente, sobre todo por la presencia de un Brasil que defiende fuertemente sus propios intereses. En medio de la desesperación interna, las informaciones sobre el suicidio a lo bonzo y el aumento de la pobreza y el desempleo deberían ser fuertes señales de alarma para tomar en cuenta, porque denotan que la capacidad de resistencia de las masas hambreadas se halla en su extremo final y en la Casa Rosada parecen no darse cuenta. Algo muy peligroso. |
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