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03/05/2002
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Temporada escénica de la Casa de las Américas 

Una imagen audaz la de Sportivo Teatral

SONIA SÁNCHEZ

"Deudor de todo, de muchísimas cosas que hay detrás de mí", atestigua el destacado dramaturgo argentino Ricardo Bartís, al referirse a lo que ha heredado del arte escénico, cuyo camino en América Latina, a su juicio, pasa por reconocer un territorio que, independientemente de las formas que adopte, las características específicas políticas y sociales, recupere una tradición milenaria, la teatral.

Entre otras numerosas influencias, Bartís asegura que le ayudó a actuar haber pertenecido a una generación que perdió una cantidad enorme de gente, muerta además en condiciones horribles, no en combate sino torturada, desaparecida y mantenida en cautiverio durante años.

Así define el director a su colectivo, Sportivo Teatral: un espacio experimental, pedagógico y de reflexión, portador de una audaz y compleja imagen cuando aparece en las tablas, estrechamente fusionado con un público generalmente ávido de sus representaciones, que ha trascendido el ámbito local para aparecer en importantes eventos internacionales como los festivales Stages de Los Angeles, Latino de Nueva York, los de Manizales (Colombia), Londrina (Brasil), Essen y Berlín (Alemania), Madrid, Cádiz, Córdoba y Sitges (España), Nantes, Avignon y Montoellier (Francia), y Montreal y Québec (Canadá).

Precisamente, Sportivo estará entre nosotros en la cuarta edición de Mayo Teatral, organizada por la Casa de las Américas del 10 al 19, oportunidad en la cual brindará La última cinta magnética, escrita en 1959 por el irlandés Samuel Beckett. La representación transcurre a lo largo de 40 minutos en una sala casi a oscuras en la que Krapp —interpretado por el joven actor Pablo Ruiz, quien logra un notable trabajo corporal—, un anciano escritor, graba durante décadas en cintas magnetofónicas los hechos más relevantes de su vida para luego escucharlos.

Esta pieza no escapa a lo característico en el material beckettiano: la soledad, la angustia, la desolación, la desesperanza, el abandono o las carencias afectivas. Una puesta en escena de altos vuelos propia de la personal estética de Bartís, un revolucionador del teatro argentino.

03/05/2002

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