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29/04/2002
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Los Manengues de Miami

FABIO RAIMUNDO TORRADO

En Cuba prerrevolucionaria, la palabra "manengue" era usada para identificar a quienes medraban a cuenta de las elecciones que eran celebradas cuando no actuaban las dictaduras de turno o estaban suspendidas las garantías constitucionales.

Los manengues fueron divulgadores y ejecutores de cuantos vicios electorales existieron en nuestro país. Entre ellos pueden mencionarse el fraude y la alteración de los Registros Electorales, donde aparecían inscritas hasta personas fallecidas que luego figuraban votando. Sus cédulas electorales eran compradas a los familiares, en la generalidad de los casos personas de escasos recursos económicos, y usadas haciéndolos votar desde el más allá, como si estuvieran en el más acá.

Los electores solamente podían votar entre los candidatos de un solo partido, aunque estuvieran de acuerdo con uno solo de ellos. Es decir, ellos podían votar por los cargos de congresistas, de alcaldes, concejales y hasta presidentes o vicepresidentes, pero solamente dentro de un partido. Si lo hacían de otra manera se anulaba su voto.

Muchas personas, para no anular su voto, preferían usar el denominado "Voto de Partido", que era marcar en un círculo de la Boleta, debajo del emblema de su preferencia. Estos votos, luego eran contados a favor de los candidatos que la dirección del Partido estimara mejor, lo que podía ocasionar que los beneficiados con esa práctica, ganaran los comicios, frente a otros de su propio partido, con mayor arraigo popular.

La posición que se ocupara en las boletas electorales también era importante ante el elevado número de ciudadanos que no sabían leer y escribir, y que, en consecuencia, hacían su cruz en los lugares últimos o primeros, nunca en los intermedios, para no equivocarse. De ahí que tales lugares fueran los más codiciados, y por ende, las directivas de los partidos electorales recibían jugosas cifras por colocar a determinados candidatos en ellos.

Hubo otros trucos igualmente fraudulentos. Los cambios de urnas, el llamado "cambiazo". Consistía en que de acuerdo con los funcionarios electorales comprados, un partido político que había recibido baja votación en un colegio electoral, cambiaba las urnas de allí por otras con igual número de boletas, pero en las cuales las marcas para su partido eran mayoritarias.

A veces, si ello no era posible, se fingían robos de urnas, que se declaraban desaparecidas y, en consecuencia, no se podían contar los votos a favor de ningún candidato, con lo cual se favorecía al que había perdido las elecciones en ese lugar.

Otro truco era la "boleta viajera" o "mensajera". Consistía en que un sargento político se hacía de una boleta oficial en blanco, previamente comprada a funcionarios del Colegio Electoral y se la daba marcada a favor de su candidato, a un elector, quien como muestra de haber cumplido, le entregaba la que había recibido en blanco dentro del Colegio, a cambio de lo cual recibía cierta cantidad de dinero, cinco pesos por lo general.

La Revolución barrió con todos los exponentes de esta fauna electoral, que se fueron para los Estados Unidos y allí practicaron, especialmente en Miami, todas sus experiencias. Las últimas elecciones presidenciales de ese país, y en particular en el estado de la Florida, fueron un ejemplo de lo descrito.

Sin embargo, en los Estados Unidos, no solo existen los vicios llevados por los manengues cubanos. También tienen sus propios trucos. Uno de ellos acaba de ocurrir en Miami.

Según un despacho de la agencia española de noticias EFE, la Florida es hoy escenario de un nuevo debate político, a causa de la ubicación de dos nuevos distritos electorales exigidos por el aumento poblacional, principalmente de hispanos. Los seguidores del Partido Demócrata alegan que la nueva redistribución favorece a los del Partido Republicano, mientras que políticos de origen cubano acusan a colegas de ese mismo grupo de buscar no solo el beneficio del partido, sino del personal.

Las acusaciones indican que el mapa que ubica los nuevos distritos no responde a las disposiciones que exigen que tengan características comunes. Uno de los autores de ese engendro es nada menos que el representante en el Congreso Estatal de la Florida, Mario Díaz Balart, de rancia prosapia manenguista y hermano de Lincoln Díaz Balart, alias "El Búfalo", compinche de la "Loba Feroz ", en los predios del Congreso en Washington.

Resulta que este nuevo "político" miamense, vinculado a la mafia de esa ciudad, ha sido acusado de no ocultar sus aspiraciones de seguir los pasos de su familia, y de crear un nuevo distrito en el condado de Miami, "expresamente para él".

Se trata de una vieja práctica norteamericana conocida como "Gerrymandering", cuyo nombre tiene su origen en que en el siglo XIX, cuando un político de Nueva York de nombre Gerry, encargado de delimitar los nuevos distritos electorales, los dibujó en el mapa de forma intencional para favorecer a sus candidatos, y alguien se percató que se parecían a las manchas de una salamandra, es decir, "salamander". Por lo que fue bautizada con una síntesis de ambos nombres. 

Pero la cosa no queda ahí. El también cubano americano alcalde de Hialeah, Raúl Martínez, quien también aspira a llegar al Congreso federal señaló que eso era un "relajo", y que "él no iba a ser un cómplice para que haya una dinastía Díaz Balart en Washington", pues según Martínez, el plan consiste en el retiro del espacio geográfico de otros para crear distritos favorables a los Díaz Balart. 

Nada, que el viejo programa de televisión San Nicolás del Peladero se quedó chiquito al lado de Miami, y Plutarco Tuero, su alcalde, está verde de envidia por no habérsele ocurrido esa idea.

29/04/2002

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