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25/04/2002
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Con Danny Glover, una vez más, en La Habana

El lado bueno del corazón

PEDRO DE LA HOZ

Entre La Habana y Danny Glover existe una intensa relación. Lo que fue amor a primera vista, no solo parece resistir el paso de las cada vez más frecuentes estadías sino que va echando raíces duraderas, sobre la base de descubrimientos y afinidades. A la pasión por el conocimiento de la sociedad cubana, el cine, la música y las artes plásticas —se confiesa admirador de Manuel Mendive y Flora Fong— acaba de sumar esta semana interés por el trabajo que desarrolla Rogelio Martínez Furé en torno a las tradiciones de origen africano, las novelas históricas de Marta Rojas y las investigaciones sobre la interacción entre las culturas de Cuba y los Estados Unidos que lleva a cabo el Centro Juan Marinello y promueve nuestro amigo común James Earlie desde la Smithsonian Institution.

Foto: MARTA ROJASEl actor en Cuba, casa suya y de muchos amigos.

Quien conozca un poco a Danny, sabe que este actor norteamericano de 54 años, nada tiene que ver con el estereotipado compañero policial de Mel Gibson en la saga Arma letal. Si aquellas películas, por su carácter comercial, le dieron prominencia, esta solo fue vía para encauzar proyectos artísticos y sociales de más alto vuelo. Danny no niega sus actuaciones en cintas de ese corte como Escape de Alcatraz (1979) o Predator 2 (1990), pero se siente más a gusto cuando se le identifica como coprotagonista de Silverado (1981) y muchísimo más al recordarle su participación en Un lugar en el corazón (1984), donde compartió faenas con Sally Field, El color púrpura (1985), Mandela (1987), Beloved (1998) —"el personaje que me ha marcado más emocionalmente", confiesa— y Freedom Song (2000).

Fotograma de Los excéntricos Tenenbaum.

Tengo ante mí a un ser humano esencialmente noble y bueno, de costumbres sencillas y pródigo en afectos. Le gustaría pasar inadvertido, algo difícil cuando se cuenta con un aval artístico impresionante y se alcanza una estatura física imponente. Al preguntarle por las películas que prefiere hacer y ver, responde: "Me inclino más hacia el drama, hacia los filmes que muestren la sensibilidad humana, que desnuden el corazón de las mujeres y los hombres". Y cuando indago por una brújula en el medio artístico norteamericano, no duda en decir: "Harry Belafonte, un verdadero hermano mayor en el arte y las ideas".

Comento con Danny la repercusión que tuvo el mes pasado la concesión de los Oscar en actuación a Hal Berry y Denzel Washington, un acontecimiento inédito en la historia de la Academia: "Eso fue bueno —acota— pero en sí mismo no significa mucho si no se asumen otros aspectos del aporte y el peso real de la cultura afroamericana en la cultura de mi país. No es solo un asunto de oportunidades puntuales ni de reconocimientos individuales en una u otra esfera. Definitivamente el problema racial no está resuelto".

Precisamente Danny resultó electo en términos recientes presidente de TransÁfrica Forum, influyente organización no gubernamental que promueve la decisiva y equitativa participación de la comunidad afronorteamericana y, en general, de todos los norteamericanos en la toma de decisiones y la vida social de esa nación, la educación en temas de derechos humanos y políticas globales y el reconocimiento e intercambio con los pueblos africanos y las comunidades negras implantadas, a partir de la infamante trata esclavista, en otros países, de manera especial en el Caribe.

"TransÁfrica —explica el actor— cuenta en Cuba con valiosos interlocutores; de lo que se trata en adelante es de seguir tendiendo puentes y concretando acciones de interés recíproco. Estoy seguro de que, incluso a corto plazo, pueden darse gratas sorpresas."

De vuelta al campo de la actuación, conversamos sobre los dos más recientes filmes en los que Danny ha intervenido: The Royal Tenenbaum (conocida en español como Los excéntricos Tenenbaum), y 3 a.m. En la primera, una ingeniosa comedia sobre una familia singular (Gene Hackman y Gwyneth Paltrow, los padres, y entre los hijos Ben Stiller y Luke Wilson), lo que le interesó a Danny "fue lo impredecible y lo original de la historia lo que me atrajo".

3 a.m. recibió muy buena acogida en el último Festival Sundance. Danny encarna a un taxista que cubre en Nueva York el turno nocturno, abocado a los peligros de la ciudad. Otros dos choferes (el bosnio Sergio Trifunovic y la emergente Michelle Rodríguez) también centran el argumento. "Es una película muy bien contada, con mucha tensión; su director, Lee Davis, tuvo que esperar cinco años para realizarla".

Viene entonces la declaración de principios: ¿qué es el cine para Danny Glover? "Un instrumento para ayudar a pensar y soñar el mundo que quiero para mis hijos y su descendencia".

 

25/04/2002

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