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Industria Ligera Caminar en la cuerda floja Uno de los sectores económicos más abatidos en la mitad de la década de los noventa, hoy puede exhibir crecimientos anuales promedio en el orden del diez por ciento. Su ministro, Jesús Pérez Othón, afirma que todavía falta un largo camino para satisfacer al cliente IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ
En un encuentro con la prensa, Pérez Othón afirmó: Con lo que hacíamos hace cinco años atrás, hoy no se vendería nada en las tiendas. Los productos se han transformado completamente para estar a la altura de las exigencias del mercado, determinadas por la competencia internacional. Ahora, lo que vendemos, es más barato fabricarlo aquí, desde el punto de vista de la divisa, y garantiza miles de fuentes de empleo. Uno de los sectores económicos más abatidos en la mitad de la década de los noventa, hoy puede exhibir crecimientos anuales promedio en el orden del diez por ciento. Es una marcha que, vista a nivel doméstico y fustigada por las necesidades personales a las que nadie escapa, parece a media máquina.
Pero analizada desde otro ángulo, cuando su producción cayó a solo 279,3 millones de dólares en el año 1994 y fueron hacia sus casas 25 000 trabajadores, comparar los 651 millones que ahora se propone lograr es alentador. Y hay que añadir que entre interruptos y disponibles, ya no rebasan los 1 300: Garantizar la estabilidad laboral y el bienestar de los obreros no es una consigna. A las personas hay que atenderlas realmente, y no solo en el puesto, sino también con las condiciones que en él se les propicie, ello da sentido de pertenencia, eleva la abnegación, el sacrificio, la solidaridad de la gente ante los problemas. Cuando uno suma, hay más eficiencia, más productividad, creatividad, profesionalidad, en medio de las dificultades que enfrentamos. La apertura de las tiendas en divisas impuso un cambio en la mentalidad del productor. Inducir y asimilar transformaciones fue cuestión de vida o muerte, ante la competencia con lo foráneo. Ya no se trataba de fabricar en serie durante años un mismo artículo, se vendiera o no. Ahora decidía la aceptación del público: Si las muchachas quieren pantalón de mezclilla a la cadera, con flequitos y desteñidos, hay que hacerlo. Bueno, se producen 12 000 diarios, y se venden. Pero quizás dentro de tres meses hay que cambiar. Las exigencias de la moda son reales, existen, y si a la gente no le das lo que quiere, busca otra opción y perdemos mercado. —¿En qué punto estamos en relación con la calidad y la competencia? En un buen momento, comparándonos con los productos que se traen al país. Hoy el obrero se siente orgulloso de lo que hace, va a la tienda y compara, se ha producido un cambio importante en su mentalidad. Vamos hacia un 60 por ciento de presencia en esos centros y existe voluntad para lograrlo, tanto en la industria, como en las cadenas comercializadoras. Tenemos productos líderes como la mezclilla, las toallas, sábanas, frazadas de piso, el calzado y los surtidos de Suchel. En cuanto a muebles, la industria turística es alta consumidora. —Un punto de mucha sensibilidad en el cubano es la canastilla, los productos de aseo y los módulos escolares. ¿Cuál es el comportamiento actual? Mantenemos el compromiso de la canasta familiar, que no satisface las necesidades, pero es el que se puede hacer. La cantidad de módulos escolares está en dependencia de los financiamientos de los organismos compradores y se garantiza con antelación. En cuanto a la canastilla, defendemos la entrega de un módico conjunto, al menos a las 37 semanas de embarazo, y trabajamos por reducir el período. —Durante estos años las exportaciones han sido un eslabón débil en la eficiencia del ministerio. ¿Hasta cuándo? Han sido de los problemas más graves de la organización. Primero, porque no es fácil. Segundo, porque no estábamos preparados para exportar y no lo estamos totalmente hoy. La exportación tiene su filosofía y aún nos cuesta trabajo dominarla y ganar en efectividad. De 1997 para acá hemos rondado los 7 millones de dólares y este año esperamos 13,5. Necesitamos más, pero ya este es un salto. Y junto con los crecimientos, la integración de la industria: Si producimos los zapatos, hay que tratar de hacer las cajas. Si tenemos confecciones, hay que garantizar el hilo, por ejemplo, ya se fabrican 117 colores en la textilera Desembarco del Granma, de Villa Clara. Este año no nos proponemos muchos crecimientos en instalaciones, solo una inversión en Suchel que será la fábrica más moderna de perfumería. —¿Cómo definiría la salud con que cuenta hoy el Ministerio? De buena, normal. Nos falta mucho por hacer, pero tenemos 100 000 trabajadores dispuestos a enfrentar los retos.
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