![]() |
|
Mesa Redonda Informativa Tras los votos de la desvergüenza ORLANDO ORAMAS LEÓN La resolución adoptada en la CDH de Ginebra sobre Cuba es hipócrita, politizada e injerencista y el endoso que le dieran varios gobiernos latinoamericanos, más que validarla, le da el toque mercenario, de espalda a los pueblos del continente.
La carpa anticubana en Ginebra se puso a nombre de Uruguay, que dejó de ser la Suiza de Sudamérica hace muchos años. Es el Uruguay donde se pasean impunes los torturadores y asesinos. El país cuya minoritaria población negra es discriminada y confinada a labores domésticas. Es el Uruguay, que señala a Cuba, donde el 45% de su población infantil vive en condiciones de pobreza, señaló Lázaro Barredo en la Mesa Redonda Informativa del domingo. Tampoco tiene autoridad moral el gobierno chileno, del presidente Ricardo Lagos, cada vez más inclinado a la derecha y a la transnacionalización del país andino, cuyos trabajadores asisten al cercenamiento de sus derechos laborales. A ello se refirió Renato Recio, al comentar cómo los derechos humanos se ven constreñidos allí por la copia del neoliberalismo económico. El gobierno de Chile anhela concertar un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos y ello tiene su carga en la política exterior, como lo demostró el voto chileno en la CDH de Ginebra. Fue también inmoral la conducta del gobierno de Eduardo Duhalde, en Argentina, cuya legitimidad le fue otorgada por el Parlamento, instancia que exhortó al ejecutivo a no votar como lo hizo respecto a la mayor de las Antillas. A nombre de los derechos humanos ese gobierno señala al país que más ha hecho en el continente por sus ciudadanos, mientras en tierras gauchas las autoridades persisten en hacer recaer la crisis sobre la población, cuyos ahorros se mantienen indefinidamente congelados. Crece el desempleo y falta la asistencia a los que quedan, por miles, desamparados, sin que en Ginebra se hable de ellos. Los cacerolazos y cortes de rutas en Argentina grafican la opinión de Rogelio Polanco en la edición dominical de la Mesa Redonda. Argentina vende su voto al diablo, pero el que paga la desprecia y condiciona su "ayuda" al traidor. México, que por primera vez se suma al voto contra Cuba, bajo la administración de Vicente Fox y la diplomacia de Jorge Castañeda, que han cambiado la tradicional política exterior de aquella nación. Mucho antes del voto ya había un debate a lo interno sobre el quehacer a lo externo. Hay una lluvia de críticas, dice Excelsior, al referirse al desconocimiento del Ejecutivo a los exhortos del Congreso mexicano respecto a abstenerse en la votación sobre Cuba. El Partido del Trabajo acusó al gobierno de violentar la Constitución y reclamó un juicio político a Fox y Castañeda. Arleen Rodríguez comentó al respecto y reseñó informaciones diversas que marcan la tendencia de rechazo a la postura del gobierno. "Quieren obtener migajas del Norte", fue otra de las voces citadas desde el Congreso, la prensa y otros sectores. La Jornada, que ha criticado el rumbo de la política exterior y el quehacer de Castañeda, es objeto de ataques desde altos puestos gubernamentales. El Canciller, silenciado por estos días, ha sido suplantado, de cara a la nueva postura sobre Cuba, por el titular de Gobernación. Política de humillante sumisión a Estados Unidos, así describe La Jornada el rumbo asumido en Tlatelolco, con episodios anticubanos en Monterrey y Ginebra. El México de Fox y Castañeda apuntan el dedo acusador hacia Cuba, mientras la corrupción y la impunidad campean en el país, según un informe de la ONU. Falta entonces moral. Y falta para los gobiernos de Centroamérica que se sumaron, junto a la Unión Europea que ahora dirige la España de Aznar. No hay moral para señalar en la CDH a Cuba cuando en ese propio órgano, siempre bajo la batuta de Washington, hay quienes se niegan a condenar la masacre a la luz pública del pueblo palestino, en la Jenín arrasada, con las ciudades palestinas destruidas, como para que nunca pueda levantarse allí un Estado propio. Son estos, a fin de cuentas, los gobiernos que llenaron la mesa del convite anticubano en Ginebra, donde Estados Unidos fue, como siempre, el verdadero chef.
|
|