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22/04/2002
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Un testimonio imprescindible

Wifredo Lam en el verbo de Alejo Carpentier

MARTA ROJAS

Alejo Carpentier era un fenómeno de las letras y de la palabra. Su verbo fluía y otras veces caían sus frases de remembranza o descripción como cataratas. Su decir podía ser familiar, elocuente, o simplemente didáctico, sin restarle belleza y profundidad. Como la palabra era uno de los géneros más cultivados por Alejo, cuando se lo pedían, o él lo buscaba, se dejaba escuchar ininterrumpidamente. Hay una experiencia cultural muy importante al respecto en Cuba. Durante años ocupó numerosos espacios en la radio. Para los radioyentes del continente y de otras latitudes hizo, durante varios años, en Radio Habana Cuba, el programa La cultura en Cuba y en el mundo, para Orlando Castellanos, a quien mucho estimaba. En una de esas audiciones, que él contribuía también a musicalizar, se refirió a Wifredo Lam con motivo de una exposición del artista montada en el Palacio de Bellas Artes, y en particular al cuadro Del Tercer Mundo, que inauguró la muestra. Contó:

"...quiso (Lam) pintar en la misma Cuba, un cuadro monumental, un cuadro extraordinario por sus proporciones y contenidos, tan extraordinario, que yo no vacilaría en compararlo, en cuanto a importancia, con la famosa Jungla, que se puede ver en el Museo de Arte Moderno de New York. Pero, era lógico que Wifredo Lam pintara ese cuadro en Cuba, desde el día mismo de su regreso, para mostrarlo a sus compatriotas en la exposición que acaba de clausurarse. Wifredo Lam —y sus amigos lo sabemos— siente siempre un choque emocional muy intenso cuando regresa a Cuba, al cabo de algún tiempo de ausencia y ese choque se traduce, como ha de traducirse en todo gran artista, por un impulso creador que se manifiesta en el acto. Dice Wifredo Lam, y un examen de su vida, de su existencia, de su trayectoria, habrá de demostrarlo, que ha sido siempre en Cuba, su país, donde ha sentido aquello que se ha dado en llamar, a través de los siglos, la inspiración. Wifredo llevaba viviendo algunos años entre Italia, París y Suecia, cuando regresó a Cuba, a fines del año pasado, impresionado por el ambiente, impresionado por el paisaje, con los elementos que siempre ha traducido en su pintura, nos dejó esta obra (Del Tercer Mundo) a modo de recuerdo... esta obra que se cuenta entre las más grandes."

En esta audición, Alejo hace un recorrido lleno de color y profundidad sobre el pintor y su obra en media hora de transmisión, como si el micrófono fuera su atento interlocutor. Evoca los orígenes del artista, sus primeros estudios y da testimonio del encuentro de ambos en Europa: "Cuando lo conocí en Madrid, allá por los años treinta, era Wifredo Lam, un retratista... Pero no contemplamos esa etapa de su vida con ironía; nos demuestra, por lo contrario, hasta qué punto tuvo un aprendizaje de una solidez a toda prueba, ya que tuvo durante años, muchísimos años, que hacer la pintura sometida al modelo, puesto que los retratos que ejecutaba, por lo general, no dejaban ningún margen a la libertad de imaginación y tenían que ceñirse a eso que se llama siempre el parecido, es decir, complacer al modelo".

El verbo de Alejo no pasa por alto en esta semblanza absolutamente la toma de partido de Lam por la República española y nos descubre lo que significó el contacto del pintor con Picasso, en París:

"Empieza Lam a dejar recorrer su imaginación, y va a entrar en una etapa que sus amigos conocen por la etapa de las cabezas de caballo. Es decir, pinta unas figuras hieráticas, un tanto misteriosas (...) y que en cierto modo, evocan también las pinturas de Picasso de la época de Las doncellas de Aviñón y de la época que se llamó, en la producción de Picasso, la época negra (...) Es cuando le toca entrar en contacto con este genio que es Pablo Picasso. Pablo Picasso habría de ver con extraordinaria simpatía la pintura de Wifredo Lam, por dos motivos: en primer lugar, por sus simpatías republicanas y, puedo decir, habiendo tratado a Picasso durante los años de la Guerra Civil, que estaba apasionadamente atento a los acontecimientos que del lado republicano ocurrían en España. Había de serle simpático este cubano —repito— por estas circunstancias, además de contemplar —y esa es la otra razón— una pintura, en cierto modo, hermanada con la suya, pero lejos de copiarlo textualmente... Picasso elogió calurosamente a Wifredo Lam; lo instó a seguir luchando, y en aquellos días, dijo a sus amigos, que había dado con un pintor que le interesaba en alto grado: elogio este, sumamente significativo, en boca de Picasso, que si es exigente con la propia obra, es también extraordinariamente exigente con la obra ajena."

Carpentier narra las ideas de iniciación y desborde imaginativo de Lam en París y vuelve a Cuba situando a su amigo en el barrio de Pogolotti, donde "todo le hablaba de la naturaleza de Cuba, por cuanto vivía en una casa rodeada de un jardín donde crecían plantas tropicales, donde había ejemplares de las principales especies de nuestra flora (...) Hubo, de repente, un cambio diametral en su pintura y en la manera de ver la superficie por cubrir de colores. Un día hallándome en La Habana, el gran marchand Pierre Loeb fue a verme y me dijo: `Vaya usted a la casa de Wifredo Lam y verá que está pintando un cuadro absolutamente extraordinario'. Llegué, efectivamente, y me encontré frente a un cuadro titulado La silla* que representaba eso, una silla colocada en un jardín, y sobre esa silla, había un búcaro con flores. Poco después empezaba a pintar el cuadro monumental La jungla."

* La silla fue donada por Lilia Esteban de Carpentier al Museo Nacional de Bellas Artes y al igual que Del Tercer Mundo integran la colección de Wifredo Lam en esta institución.

 

22/04/2002

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