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11/04/2002
Portada de hoy

Médicos cubanos en Guatemala

El cirujano de Sayaxché

JUAN MORALES AGÜERO

EL PETÉN, Guatemala.— Sería más o menos la media noche cuando alguien fue a llamarlo a la casa de descanso de la Brigada Médica cubana en esta comarca guatemalteca. "Doctor, doctor, levántese pronto, que llegó un caso urgente". Sábanas a un lado, zapatos, pantalón, camisa, escaleras, ambulancia... En 10 minutos irrumpe el cirujano Carlos Antonio Oliva en el hospital de Sayaxché. 

Foto: NORLAND ROSENDO Oliva, junto a uno de sus pacientes en el hospital
de Sayaxché.

Se trataba de un muchacho de 22 años de edad —precisa el galeno. Le propinaron un machetazo en el cuero cabelludo que se hundió hasta el hueso y se extendió hasta el lateral izquierdo de la cara, con incidencia en el pabellón auricular y la región cervical. Cuando lo trajeron, el colgajo de piel le llegaba hasta el hombro. Una cosa impresionante. Para colmo, traía la herida contaminada con yerbas, tierra y espinas, pues la lesión databa de 24 horas atrás. Imagínese...

Examen y evaluación del caso. Salón de operaciones. Tijeras, pinzas, bisturí, agujas... Derroche de pericia profesional. Toda la experiencia del doctor Oliva se pone en función del joven indígena. Otros miembros de la brigada se movilizan a prestar ayuda. El descomunal tajo exige 70 puntos de sutura. Finalmente, la parte afectada queda reconstruida. La costura es toda una obra maestra.

En menos de 24 horas comenzó a recuperarse y luego a caminar sin dificultades por la sala —acota el doctor. La intervención fue un éxito en todos los sentidos. Pronto estará de alta y regresará a su aldea. Le estamos aplicando un par de dosis diarias de antibióticos. Cada una cuesta 150 quetzales, es decir, alrededor de 20 dólares. Es una cifra respetable y ningún indígena tiene pisto suficiente para pagarla. Aquí, desde luego, se las suministramos gratis.

Otra madrugada volvió a tirarlo de la cama una nueva emergencia. Ahora el necesitado era un hombre de 51 años. (Traía un cuadro doloroso intestinal, con síntomas de deshidratación y más de 24 horas de evaluado). Diagnóstico: peritonitis, algo delicadísimo en cirugía. ¡Al quirófano a toda prisa! (Le extrajimos seis litros de líquido gastrointestinal diseminado por todo el abdomen). A pesar de la gravedad, el doctor Oliva consiguió salvarlo. El hombre es hoy todo agradecimiento para el galeno cubano.

Y está el caso del niño aquel —rememora. Llegó al hospital con los intestinos afuera. Los médicos le llamamos a eso evisceración. Un amiguito lo había cortado con un cuchillo mientras jugaban en la aldea. Por falta de transporte, sus padres lo trajeron aquí al otro día del accidente. Venía vendado con una camisa toda ensangrentada. Afortunadamente, no hubo perforación intestinal y pudimos reintegrar las vísceras a su cavidad correspondiente. Lo salvamos.

Hay más. Una noche llegó un hombre en estado grave. Estaba cazando mapaches en compañía de un primo cuando a este se le disparó accidentalmente la escopeta calibre 22. La bala penetró por la región sacra. ¡Quirófano urgente! Luego de que el bisturí hizo lo suyo, el doctor Oliva confirmó 12 perforaciones en el intestino delgado y en el colon. Hubo que suturar y empatar segmentos de vísceras por diversas partes. También se le extrajeron casi cinco litros de líquido intestinal y fecaloide. El individuo ya está recuperado por completo.

Cierta noche trajeron a una mujer ya madura con un balazo en el lateral izquierdo del tórax —rememora el doctor. Unos bandidos intentaron matar al patrón para quien ella trabajaba y la pobre indígena por poco paga las consecuencias del ajuste de cuentas. El proyectil se le alojó en el abdomen y fue a parar al lóbulo derecho del hígado. Se lo extrajimos y realizamos las suturas de rigor en la víscera. El acto quirúrgico se prolongó hasta el amanecer. Pero la infeliz se salvó y quedó sumamente agradecida.

Desde su llegada a Guatemala en calidad de colaborador médico, el doctor Oliva ha salvado de la muerte a unas cuantas personas. Antes, de 1985 a 1987, lo había hecho en Angola. Y es que este Especialista de Primer Grado en Cirugía General, de 47 años de edad y más de 20 de graduado, convirtió a su profesión en el sentido de su vida. En el capitalino hospital Fajardo, donde labora, lo saben.

11/04/2002

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