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11/04/2002
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Más de Enron

Pica y se extiende

ARNALDO MUSA

La creciente propaganda norteamericana contra lo que considera terrorismo no ha podido opacar un escándalo que por sus ribetes tendrá larga duración y un resultado ignoto, pues lo que toca no se convierte en oro, como el cuento del rey Midas, sino en algo nauseabundo.

Y es que el escándalo Enron ha expuesto de una nueva forma cómo el gobierno federal es comprado y pagado para servir a los intereses de una rica corporación.

Pese a los esfuerzos de la Casa Blanca, el Partido Republicano y la extrema derecha, el suceso debe afectar negativamente al presidente George W. Bush, ya que compite en criminalidad y venalidad con el Watergate, la conspiración Irán-Contras y otras por el estilo.

El sufrimiento y la miseria infligidos a personas inocentes por la bancarrota de la corporación Enron, dedicada primordialmente a la rama energética, emerge como una situación engorrosa para las próximas elecciones parlamentarias, aunque la táctica de Bush parece seguir el camino de inflar aún más la campaña antiterrorista para elevar su rating.

El escándalo llega en medio de una recesión económica, amén de actuar de por sí con un efecto dominó sobre otras compañías, como la cadena de tiendas K-Mart, lo cual sumará a centenares de miles de trabajadores a la ya abultada cifra de más de ocho millones de desempleados.

El Congreso ha abierto ocho audiencias sobre el caso y otras dependencias oficiales lo investigan, a pesar de que al principio se hizo difícil la intervención al efecto, por la negativa de jueces y abogados, tal era el compromiso.

Se ha revelado que el fiscal general John Ashcroft, recibió 
57 000 dólares de Enron para su campaña de reelección senatorial en Missouri, así como que funcionarios fiscales de Houston fueron forzados a dimitir, por su relación con la entidad.

Ahora se conoce también que la mitad del Senado y la tercera parte de la Cámara de Representantes, tanto republicanos como demócratas, recibieron contribuciones de la corporación en el ámbito electoral, aunque el favoritismo fue mayor con el ala de extrema derecha republicana, y lo otorgado a los demócratas fue para comprar su silencio.

Los cargos que le imputan a Enron son varios: masivo fraude corporativo, espionaje comercial, compra de influencias, obstrucción de la justicia y evasión de impuestos. 

Por ejemplo, Enron no pagó impuestos en cuatro de los últimos cinco años, y solo dio 278 millones de dólares al efecto, cuando las ganancias sumaban miles de millones. Asimismo, la jueza Priscilla Owen revertió la decisión de una corte menor y redujo en 15 millones de dólares los impuestos de Enron para las escuelas públicas de Texas. A cambio, no solo recibió una generosa contribución de la corporación, sino que el propio Bush la recomendó para su nombramiento a un cargo mayor.

DE LO SIMPLE A LO PROFUNDO

Ahora es cuando se conocen los tejemanejes de esta corporación virtualmente desconocida hasta fines de los 80 y que se mantuvo ligada a la familia Bush. Llegó a ser la séptima entre 500 corporaciones norteamericanas, con un capital de 101 000 millones de dólares. Se expandió de Houston a toda la nación y alrededor del mundo, con la ayuda del ex secretario norteamericano de Estado, James A. Baker, y otros viejos colaboradores de Bush padre.

Enron, junto con Duke Power, Dynegy Corporation y otros monopolios de gas natural realizaron fraudulentos negocios en California. Así, en la superficie, la compañía parecía fuerte e impenetrable; pero, como apuntó el vicepresidente de la empresa, Sherron S. Watkins, en carta enviada al presidente Kenneth Lay, antes de la debacle, toda la corporación "está construida sobre humo y espejos. Estoy extremadamente nervioso porque vamos a estar envueltos en una ola de escándalos".

Enron utilizó ventas futuras para expandir su capital, y llegó a manejar stocks cada vez más altos. Fue entonces que Watkins expuso a Andrew Skilling, otro ejecutivo, que renunciaba porque "sabe que el camino es intransitable, por lo que abandono un barco que se hundirá en la sombra en dos años".

Pero el hundimiento fue más rápido y muchas cosas no quedaron en la sombra. No obstante, esto no impidió que Lay y otros 29 ejecutivos obtuvieran 1 100 millones de dólares antes del colapso, pero otros mil pequeños inversionistas perdieron todo su dinero. Como señalara el semanario indio People's Democracy, los ricos supieron protegerse, mientras que la vasta mayoría se quedó sin nada.

Entre los miles de trabajadores afectados, dos de ellos hablaron de los nexos de Enron con el presidente Bush. Otro, Al Kaseweter, de Portland General Electric, dijo al periodista Tim Wheeler, editor de People's Wheekly World, refiriéndose al padre del mandatario, "sus manos están sucias".

Todavía de Enron hay y habrá mucho que decir.

11/04/2002

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