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Desafío al azul Las acciones del hombre y los cambios globales apuntan a la futura desaparición de las playas. El contraataque a la erosión en Varadero demuestra que no todo está perdido ORFILIO PELÁEZ Quizás parezca exagerado, pero la mayoría de las playas del planeta están en peligro y muchas de ellas podrían dejar de existir durante los próximos cien años bajo los efectos de su más mortal enemigo: la erosión.
Ya en el año 1976, el científico norteamericano de origen sueco P. Brunn, se propuso de manera humorística llamar la atención mundial sobre el tema mediante la singular idea de crear diez mandamientos para preservar tan preciado recurso:
"Amarás tus costas y tus playas; las protegerás contra los demonios de la erosión; las protegerás sabiamente en armonía con la naturaleza; no permitirás que las fuerzas de la naturaleza se vuelvan contra ellas; proyectarás en tu interés y en el interés de tu prójimo; amarás la playa de tu prójimo como la tuya misma; deberás ser misericordioso con los pecados del pasado y los cubrirás de arena..." En la actualidad existe la opinión generalizada de que la casi totalidad de los problemas de erosión en las playas son el fruto de la interferencia ocasionada por el hombre en el funcionamiento del sistema costero, al emprender acciones capaces de favorecer ese dañino proceso, como la edificación de espigones para puertos y dársenas, levantar casas, hoteles y otras instalaciones sobre las dunas, represar y desviar ríos, el dragado de estos en busca de cantos y otros materiales constructivos y, finalmente, la extracción de arena en los bancos formados en la plataforma submarina, e incluso, en la propia duna litoral. Tampoco puede subestimarse el alcance de los cambios climáticos globales, sobre todo lo referido a la elevación del nivel del mar, que para los estados insulares puede convertirse en el primer agente erosivo, según advierten organismos especializados de Naciones Unidas. De acuerdo con diferentes autores, varias regiones del mundo están expuestas hoy a una intensa erosión. Así en las costas del Mar Negro se reportan ritmos de retroceso de la línea costera de hasta ocho metros por año, mientras en la zona del Pacífico norteamericano, la velocidad varía entre 3 y 5, y en algunos lugares llega a los nueve. Muchas playas antaño famosas por sus excelentes condiciones hoy están prácticamente descomercializadas tras haber sido sometidas a profundas modificaciones de su entorno natural sin aplicar una adecuada política de regulación y planeamiento. Baste mencionar los casos de la Costa del Sol, en Málaga, España, Cancún, en México, y las del sur de la Florida. PANORAMA CUBANO Desde la década de los años 70 del recién finalizado siglo, varias expediciones científicas emprendidas por especialistas cubanos y de la entonces Unión Soviética detectaron indicios de erosión en Varadero al observar el derrumbe de árboles e instalaciones ubicadas sobre la duna, la penetración más profunda del mar, con algunos tramos donde las olas batían contra los muros, y el afloramiento de rocas en puntos cercanos a la orilla. Más reciente y tomando en cuenta toda la experiencia acumulada a lo largo de 14 años de seguimiento a la evolución de ese fenómeno en el famoso polo turístico matancero, un equipo de científicos del Instituto de Oceanología, encabezado por el doctor José Luis Juanes, realizó un estudio integral sobre el comportamiento de la erosión en 140 playas del país, que obtuvo la categoría Distinción Especial en el XI Forum Nacional de Ciencia y Técnica. La investigación incluyó los sectores costeros con mejores potencialidades para el desarrollo del turismo, ubicados en ambos litorales, y permitió comprobar el carácter generalizado de la erosión en las costas cubanas, con una intensidad moderada en la mayoría de los casos al presentar una velocidad de retroceso de la línea de costa que no sobrepasa los 1,2 metros por año. Uno de los hallazgos más notables es el hecho de que todas las playas interiores (aquellas situadas frente a extensas áreas de bajos fondos y protegidas del oleaje oceánico por el cordón de cayos que delimitan la plataforma insular) evaluadas en el estudio, se encuentran erosionadas, principalmente por el inadecuado manejo de la zona costera. Por ejemplo, los litorales de El Salto y Ganuza, Cayo Conuco, Caibarién y Punta Alegre, soportan una intensa actividad del hombre, que comprende desde la expansión incontrolada del urbanismo, hasta la extracción de arena, la deforestación y la construcción de viales sobre la misma línea de costa. Otro aporte importante está relacionado con la existencia de una disminución en la producción de sedimentos en los sistemas costeros de Cuba, asociados a las transformaciones ocurridas en las barreras de arrecifes y a otros cambios ambientales, que repercuten de manera desfavorable en el mecanismo natural de suministro de arena. Teniendo en cuenta que el déficit en los ingresos de sedimentos marinos es una importante causa de erosión en las playas cubanas, la alimentación artificial de arena se plantea como la alternativa ingeniera más recomendable para alcanzar la recuperación física de las mismas y conservar sus características paisajísticas y estéticas. Con respecto al caso específico de Varadero, la investigación confirmó que la extracción indiscriminada de ese recurso practicada en zonas de la plataforma entre 1968 y 1978 (se extrajeron más de un millón de metros cúbicos para la construcción), la existencia de más de 160 casas y hoteles sobre la duna, la subida del nivel del mar y los espigones edificados a la entrada del Canal de Paso Malo, figuran entre los principales factores que favorecen la erosión de la bien llamada "playa azul", la cual en determinado momento llegó a perder hasta 50 000 metros cúbicos de arena por año. CONTRAGOLPE A LA EROSIÓN En Cuba, donde el turismo ocupa hoy el primer escaño en el ingreso de divisas, la protección de playas se convierte en una necesidad económica, más allá de resultar una impostergable acción en favor del cuidado del medio ambiente. De nada valdría someterlas ahora a una explotación indiscriminada si dentro de 20 ó 30 años las perdiéramos para siempre y el país y las venideras generaciones de cubanos quedaran privados de disfrutar de uno de sus recursos naturales más valiosos. Como explica el científico José Luís Juanes en su tesis de doctorado, la erosión actúa con mayor intensidad en aquellos sitios donde el quehacer del hombre rompe o modifica el equilibrio dinámico entre los volúmenes de arena ingresados a la playa y la cantidad que se pierde. Así cuando hay una casa sobre la propia duna (ese tipo de loma de arena cubierta por vegetación que suele estar a varias decenas de metros de la orilla), las olas más intensas recorren un menor tramo para regresar al mar y toda esa energía liberada en el momento del choque con el muro o pared mal ubicado, arrastra hacia las profundidades mayores volúmenes del material que los aportados inicialmente y eso comienza a perjudicar la estabilidad de la playa. Por otro lado, si se extrae arena de la duna, modificamos el perfil natural mediante el cual la playa se defiende del oleaje y el mar entrará con mayor profundidad, favoreciendo el retroceso de la línea de costa. Incluso, y teniendo en cuenta la importancia de la duna para estabilizar las condiciones físicas de la playa, los expertos recomiendan evitar el paso de personas sobre ellas y cubrirlas con plantas rastreras, como bejucos y el llamado arroz de playa, con el fin de garantizar las menores pérdidas posibles de arena por la acción del viento. Si bien todas estas medidas regulativas permiten reducir de manera significativa el avance de la erosión, resulta inevitable la aplicación de soluciones ingenieras en muchos lugares, donde la magnitud del fenómeno y los intereses del turismo exigen medidas inmediatas. El ejemplo más notable es el trabajo de vertimientos artificiales de arena realizado en Varadero desde 1987, cuya campaña más reciente tuvo lugar entre el 29 de junio y el 26 de agosto de 1998, período en el cual se depositaron un total de un millón 87 mil metros cúbicos, que beneficiaron 12 kilómetros de playa. Hasta el presente, los resultados de esta experiencia muestran una alta efectividad para el cuidado y conservación de la playa. A pesar de haber transcurrido más de tres años y del azote del huracán Michelle, la retención de arena supera el 80 por ciento, la calidad está a tono con los patrones internacionales y el ancho medio ganado es de 23 metros, con áreas donde la amplitud de la franja alcanza los 53 metros. La arena depositada no solo mejora el ancho de la playa en el área de sol, sino que por el arrastre del viento una parte de los volúmenes suministrados va a parar a la duna y otra hacia la denominada barra submarina (banco de arena). Esto hace entonces que las olas rompan mucho antes y se proteja mejor la playa, como ocurrió con Michelle, en que por el efecto del mar no hubo afectación a las construcciones turísticas. Y aunque todavía de vez en cuando manos irresponsables hacen de las suyas en Varadero, este logro de Cuba en el uso de las técnicas de alimentación artificial de arena ha merecido el reconocimiento internacional de autoridades en la materia y es calificado como uno de los proyectos más exitosos en el ámbito mundial. A la luz de tales resultados, valdría la pena entonces analizar la conveniencia de crear un programa nacional de conservación de playas, que de manera unificada rigiera los esfuerzos de diferentes instituciones y organismos por armonizar, dentro de esta actividad, el desarrollo con el más estricto respeto a la naturaleza. |
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