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Petróleo El significado de los precios JOAQUIN RIVERY TUR ¿Qué le dice a alguien el hecho de que el petróleo esté a 27 dólares el barril? ¿Y si le añadimos que en diciembre pasado estaba a 18 dólares? La conclusión es obvia. El precio ha subido nueve dólares y su tendencia es a continuar en alza. La repercusión de una escalada rápida en los precios del crudo (y también en los derivados) la siente cada país de forma inmediata; para los subdesarrollados sin otras fuentes de energía, la circunstancia adquiere aspecto de catástrofe, para muchos es una seria dificultad y para algunos es un negocio. Una buena parte del mundo considera el alza del combustible como una de las peores noticias que se producen, como ahora. Pero cuando ocurre con la rapidez de hoy es mucho peor, pues el chorro de recursos que se va de golpe es muy grande y hay que extraerlo de lo dedicado a otros fines. El petróleo no es uniforme, no es de un solo tipo ni tiene un solo precio. En el mundo se emplean varios estándares para indicar los valores de los crudos. Por ejemplo, en el continente americano el más utilizado es el West Texas Intermediate (WTI), sobre cuya base trabaja también Cuba y es la norma tomada para este trabajo. Pero también se mide este combustible por medio de la llamada canasta OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), algo así como una media para la producción de las naciones miembros de esa entidad. También está el Brent del Mar del Norte, que sirve como guía a Europa y, finalmente, otras denominaciones como la canasta venezolana, la mexicana, el Dubai, etc. Por ejemplo, el 13 de diciembre del año pasado el WTI estaba a 18,08 dólares el barril, el Brent se cotizaba a 17,90 y el OPEP a 16,62. Sin embargo, el 28 de marzo las cantidades respectivas eran 26,32; 25,65 y 24,27. Este miércoles 3 de abril la escalada se empinaba 27,48 dólares por barril de WTI y 25,50 el Brent. Además, estamos en presencia de precios de referencia que, a la hora de firmar contratos, pueden conllevar aumentos o disminuciones en dependencia de la calidad —nunca uniforme— del combustible concreto que se compre. Los precios suelen subir o bajar en dependencia de varios factores bastante conocidos, entre los cuales está, en primer lugar, el balance entre producción y consumo, el cual a su vez tiene numerosas determinaciones. En diciembre pasado, cuando el barril alcanzó los 18 dólares, la OPEP decidió recortar la producción de sus miembros en 1,5 millones de barriles diarios para hacer subir los precios que habían alcanzado un piso para ellos inaceptable. En la medida lograron que los acompañaran otros grandes productores como México, Noruega y Rusia, con lo que su acción se fortaleció y el alza comenzó a manifestarse inmediatamente, incluso antes de que se materializara el corte. Un elemento que también incide es el análisis de las tendencias, pues las grandes empresas o países se valen de modelos matemáticos para vaticinar cuál será el comportamiento de los precios en un tiempo determinado y ello influye en el mercado. Por último, tenemos el factor especulativo, cuando las transnacionales se dedican a realizar operaciones no en depen-dencia de las necesidades reales, sino con el simple propósito de provocar situaciones anormales con vistas a la obtención de ganancias extraordinarias, con las cuales suelen perjudicar enormemente a los países más débiles. Los especuladores en crudos por lo general están de fiesta cuando se dan situaciones políticas peligrosas en determinados países o zonas geográficas. Teniendo en cuenta los recortes de crudo de la OPEP y otros productores, cierta recuperación de la economía mundial y la tensa situación en el Medio Oriente, las amenazas del presidente George W. Bush contra Iraq e Irán (dos grandes productores de crudo) han incidido fuertemente en el alza de los precios. Ahora bien, Bush encabeza un gobierno con un enorme compromiso con las transnacionales norteamericanas vinculadas a la energía que tantos aportes hicieron a su campaña electoral y, si su gobierno se retiró del Protocolo de Kyoto y se propone desarrollar un plan energético que destrozaría el medio ambiente en su país, ¿por qué, entonces, no pensar que esas amenazas pueden estar dirigidas a favorecer a ese sector del gran capital en Estados Unidos? En otras ocasiones, Washington ha traficado con armas y con drogas. Nada sería extraño en su comportamiento. En cuanto a Cuba, esta alza de precios la perjudica duramente, pues no somos grandes productores de crudo. Para que se tenga una idea, cada dólar que sube el barril de petróleo obliga al Estado cubano a una erogación extra de 50 millones al año. Además, se debe pagar una prima por el bloqueo, ya que los buques-tanque nos cobran más caro debido a que después de tocar puerto cubano deben estar seis meses sin amarrar en un muelle de Estados Unidos. Si el 2 de enero estaba a algo más de 20 dólares el barril y hoy está a más de 27 (WTI), cualquiera puede hacer las cuentas. Pero, además, el petróleo es un producto que pesa sobre toda la economía debido a su empleo universal. No solamente el transporte se encarece, sino también cuesta más caro producir todo lo que lleve energía. Y menos mal que Cuba está mejor preparada que en otros tiempos para avatares como los aumentos del precio. Recordemos que, gracias a los planes nacionales, este año se deben producir más de 4 millones de toneladas de petróleo equivalente (crudo y gas natural) y la tendencia es a continuar disminuyendo la dependencia de las importaciones de combustible. De todas formas, el aumento del precio nos obliga a desviar recursos de otras áreas, o a comprar menos y a ahorrar más. |
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