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01/04/2002
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Fidel rompe en Buey Arriba el cerco
de la Historia

Félix López

Foto: JUVENAL BALÁNLa Historia es como las emboscadas. Te espera al borde de cualquier camino, cierra el cerco y nos dispara una lluvia de recuerdos, hechos y nostalgias... Lo he comprobado durante el regreso de Fidel a Manzanillo, Pilón y Buey Arriba. Tres días en el indescriptible escenario de duras batallas, hermanos caídos, campesinos amigos y geografía difícil, pero de una belleza insuperable.

Tres días de ofensiva, como en aquellas jornadas en que 300 hombres contuvieron el avance de 
10 000 soldados armados hasta los dientes. Solo que esta vez Fidel volvió con las armas más poderosas que atesora la Revolución: su potencial humano, la formación cultural y el hombre como centro de todas las estrategias. ¿¡Quién puede detener el empuje de esa columna emprendedora y humanista!?

No hace falta explicar por qué el Comandante se siente tan a gusto por estos parajes. Fue por estas tierras por donde comenzó, en 1868, la primera guerra por la independencia de Cuba; la tierra donde un patriota liberó a los primeros esclavos y que escuchó por primera vez las notas del himno de Bayamo. Cerca de aquí, Máximo Gómez inauguró sus cargas al machete y Martí, con su última pelea en Dos Ríos, nació como héroe y genio de las ideas más nobles...

Todas esas imágenes se agolparon en la memoria de Fidel, rodeado por las montañas y los campesinos granmenses, que en número superior a 25 000 se juntaron la mañana del pasado sábado en Buey Arriba. Y no me atrevería a decir que hubo discurso, porque lo que escuchamos todos los patriotas cubanos fue una magistral clase de historia, un diálogo con los recuerdos, las confesiones que el líder de la Revolución quiso regalarles a sus gentes de la Sierra Maestra.

Había una especial emoción en sus palabras. Como en lontananza, Fidel nos llevó al desembarco de Las Coloradas, el desastre de Alegría de Pío, el reencuentro con Raúl en Cinco Palmas, el Che Guevara, compensando el dolor causado a todos por la muerte de Frank, tomando un día después el cuartel de Bueycito. Raúl y Almeida ascendidos a Comandantes. Radio Rebelde haciendo vibrar a la Patria desde la Comandancia de La Plata...

Pero lo más asombroso de ese sábado, íntimo y reconfortante, fue ver cómo Fidel venía de sus más recientes combates. La alegría por haber dejado en Manzanillo una fabulosa Escuela de Artes Plásticas, escenario donde se reunió con brillantes artistas plásticos; la inauguración de un curso de superación integral para jóvenes, que ha creado una singular y nueva forma de empleo: el estudio; el proyecto hecho realidad de llevar la televisión y el video a los lugares donde no existe la electricidad; los paneles solares que iluminan los sueños de aprender de muchos niños; las modernas computadoras que subieron a lomo de mulo por las intrincadas laderas de la Sierra o llegaron hasta el último rincón donde estudia un pionero cubano.

De allí venía Fidel la mañana que subió a Buey Arriba. De algunos sueños cumplidos, como confesó en alguna de sus cinco intervenciones por la tierra oriental. De ayudar a sembrar cuatro gigantescos árboles, con ramas y raíces por toda la Isla, como nos aseguró cuando le preguntamos por los nuevos frentes que acaba de abrir... Venía, sobre todo, soñando en el futuro prometedor de este país, y en lo que eso puede significar para el mundo.

No fue casual que evitara comentar cualquier tema relacionado con la situación internacional o el reciente incidente de Monterrey. Cada cosa en su lugar y a su debido tiempo, dijo a sus compatriotas en tono íntimo. Estaba allí, sobre todas las cosas, para anunciar que estamos comenzando, pero ante todas las emociones de la memorable visita, Fidel terminó por romper el "cerco" de la Historia. Y se sintió feliz.

01/04/2002

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