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Dispersión, indiferencia y sorpresa MANUEL ROBLES SOSA LA PAZ, 1 de abril (PL).—La dispersión y la sorpresa caracterizan, junto al desinterés de amplios sectores ciudadanos, los inicios de la campaña electoral boliviana, tras el cierre de la inscripción de candidaturas y de nuevos electores y el comienzo de costosos empeños proselitistas. Las encuestas ajenas a los partidos —que invariablemente exhiben propias que los consagran ganadores— arrojan un racimo de minorías muy lejanas de la mitad más uno de los votos que la Constitución exige para acceder directamente a la Presidencia. Al mismo tiempo, verifican que al menos uno de cada cinco ciudadanos no quiere votar por ningún candidato o ni siquiera quiere acudir a las urnas, por una pérdida de credibilidad que reproduce situaciones de otras naciones latinoamericanas. Como sorpresa que parece atraer a esos descontentos, entre otros sectores, al inicio formal de la campaña —permitida 90 días antes de los comicios del 30 de junio—, el liderazgo correspondía al ex alcalde de Cochabamba, Manfred Reyes-Villa, quien relegó a los favoritos al ubicarse líder con aproximadamente un quinto de las preferencias. El ex capitán del Ejército y líder del grupo regional Nueva Fuerza Republicana (NFR), se ubica a la vanguardia de las diez candidaturas cuya inscripción oficializó la Corte Nacional Electoral el 31 de marzo, fecha en la que también se cerró el registro de nuevos electores, es decir jóvenes llegados a los 18 años, la edad mínima para votar. Solo unas semanas antes del cierre de la
inscripción, los ex presidentes Jaime Paz Zamora (1989-93), del
Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) y Gonzalo Sánchez de
Lozada (1993-97), del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MNR),
parecían favoritos para disputar la elección. |
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