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30/03/2002
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Empleo, el derecho humano más violado

SILVIA MARTÍNEZ

El empleo transita hoy por su mayor crisis, que si bien es grande, preocupa más lo que está por venir. Por ello cada vez un mayor número de personas dedican sus mejores energías para encontrarle una salida coherente a este problema, solo comparable en gravedad con el hambre.

Por estos días en La Habana se habla del derecho laboral y seguridad social a propósito del IV Encuentro Interamericano sobre esos temas, se emplean términos que tipifican el fenómeno. Cada uno tiene una experiencia que contar, una cifra que exponer, pero todos coinciden en que el fenómeno se agrava por una causa: la globalización neoliberal. 

Datos publicados por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) a propósito de la reunión del Foro Global sobre el Empleo, realizado a principios de noviembre del 2001 en Ginebra con la asistencia de 700 dirigentes gubernamentales, empresariales y sindicales, reflejan que la crisis del empleo es uno de los más graves conflictos de la economía globalizada. Al menos 160 millones de personas están totalmente desempleadas, más de 300 millones tienen un empleo, pero buscan otro complementario porque el salario no les alcanza y más de mil millones viven con menos de un dólar al día, precisa el documento.

"Si las tasas de crecimiento de la economía y de la productividad se mantienen hasta el año 2010 en los niveles de la década de los noventa, el cuadro del empleo aparecerá entonces como claramente deprimente", advierte el informe de la OIT. 

En los años 90 la tasa de desempleo ha ido creciendo en América Latina, lapso que dieron en llamar la década de la esperanza para diferenciarla de la década perdida de los años 80, pero en términos de empleo ha estado más perdida que nunca. Si la tasa oficial y engañosa de desempleo en 1990 y 91 estuvo por debajo de seis por ciento, entre el 95 y el 97 fue superior a siete, y hoy tenemos casos como Argentina que todos reconocen que está por encima de 20. Pero las cifras son engañosas, pues el problema no se limita a los que se han inscripto porque no tienen un puesto de labor, aunque sumen millones. La situación real es muy superior y aún más grave. 

En nuestro continente, y cito cifras de la OIT, el 57 por ciento del empleo es informal, los salarios han tenido un deterioro real en comparación con los inicios de los años 80 y a muchos de los empleados lo que ganan les alcanza para cubrir sus necesidades más perentorias. En México, por ejemplo, se reporta la cifra de hasta un 50 por ciento de deterioro. 

La tasa de desempleo de las mujeres fluctúa entre 10 y 40 por ciento superior a la de los hombres; en los jóvenes, entre 20 y 24 años, es mayor en un 50 por ciento a la tasa de desempleo urbano promedio, y sería el doble mayor aún si se tratase de jóvenes entre 15 y 20 años. La OIT estima que el 17 por ciento de los niños latinoamericanos trabajan, obligados por la situación desesperante de sus familias. Reportes de la CEPAL precisan que de cada cuatro adolescentes trabajadores, solo uno va a la escuela y en el área rural, solo el 15 por ciento de adolescentes trabajadores estudia. 

En las empresas pequeñas, que son la mayoría, entre el 65 y el 95 por ciento de los ocupados no tienen contrato escrito, por tanto lo pueden poner en la calle bajo cualquier pretexto; entre el 65 y el 80 por ciento no están afiliados, ni a sistemas de salud, ni de pensiones por vejez, trabajan más horas que las legales y tienen mayores riesgos de accidentes; su remuneración promedio es algo más de la mitad que la de los trabajadores adultos.

La llamada flexibilización del empleo busca cómo eludir las obligaciones de los empleadores y desconocer los derechos laborales conquistados por la clase obrera, pues reduce del número de trabajadores fijos a nivel de empresa, privilegia los contratos temporales, propenden a crear mayores facilidades para despedir a los trabajadores, niega la negociación a nivel de rama y pide incluso la individualización del salario.

¿Y dónde está, al menos una parte de la génesis de este fenómeno? Si en 1980 la deuda externa de los países del llamado Tercer Mundo, ascendía a 567 000 millones de dólares, a menos de 20 años después, en 1999 los países subdesarrollados habían desembolsado para pagar la deuda 1,6 billones de dólares, pero debían 2,5 billones. Parece simple, pero se pagó en 19 años tres veces lo que se debía y en ese lapso se quedaron debiendo cuatro veces y medio del valor de la deuda inicial. 

Pero, si la colosal suma de la deuda no tiene explicación, dónde está ese dinero "prestado"a los países del Tercer Mundo. América Latina en particular a mediados de los 80 debía alrededor de 360 000 millones de dólares, hoy esa deuda asciende a 750 000 millones, o sea, el doble. Sin embargo, solo entre 1992 y 2001 un grupo de 19 países seleccionados de la región han pagado, por concepto de intereses, 483 000 millones de dólares, y ahora deben más.

Según la CEPAL, el 46 por ciento de la población latinoamericana es pobre, tiene más de 100 millones de indigentes, que a grosso modo quiere decir que uno de cada 5 latinoamericanos vive en la extrema pobreza, situación más grave que la registrada en 1980, es decir antes de la crisis de la deuda externa y de la extensión de políticas de ajuste estructural neoliberal.

30/03/2002

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