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Ciencia y Tecnología Nanotecnología La era de las miniaturas ORFILIO PELÁEZ
Se trata de una prometedora disciplina tecnológica, basada en el concepto de manipular los átomos y moléculas para crear materiales, dispositivos y sistemas a escala nanométrica (de una a 100 mil millonésimas de metro), es decir en dimensiones tan pequeñas que todavía hoy parecen sacadas de una película de ciencia ficción. En otras palabras, hablamos de lograr colocar los átomos en la forma más conveniente, según un plan o diseño, lo cual abre un vasto campo de aplicaciones en diferentes esferas del saber al poder generar nuevas estructuras moleculares. Si bien el genial Albert Einstein acuñó la palabra nanómetro al referirse al tamaño de una molécula de azúcar, muchos especialistas consideran al físico Richard Feynman el pionero de la nanociencia al plantear en 1959 lo siguiente: "Los principios de la física, tal y como yo los entiendo, no niegan la posibilidad de manipular las cosas átomo por átomo. Los problemas de la química y la biología podrían evitarse si desarrollamos nuestra habilidad para ver las cosas al nivel atómico." FICCIÓN O REALIDAD Muchas de las predicciones nanotecnológicas pueden lucir fantásticas, pero los expertos aseguran que buena parte de ellas serán realidad antes de los próximos cincuenta años. Incluso, algunos imaginan un mundo donde las máquinas y equipos en miniatura tendrán tanto impacto como en su tiempo lo tuvieron la máquina de vapor, los motores de combustión interna y la llegada de la computadora. Por ejemplo, en el campo de la electrónica, naciones altamente industrializadas ya trabajan hoy en el diseño de materiales nanotecnológicos que puedan sustituir al silíceo en la fabricación de chips. En este sentido, hay proyectos para hacer una suerte de pequeñísimos tubos de carbono, con un grosor cien mil veces menor al de un cabello humano, y en condiciones de almacenar hasta diez mil transitores en el mismo espacio que hoy ocupa uno de silíceo. También mediante el auxilio de nanodispositivos podrá incrementarse de manera notable la velocidad de trasmisión de las comunicaciones por fibra óptica, y el procesamiento de datos. La medicina es otra de las esferas donde los aportes de la nanotecnología apuestan por llegar más pronto de lo imaginado. Algunos centros de puntería plantean desarrollar a corto plazo nuevos materiales biocompatibles, caracterizar las propiedades de las células y hasta llegar a diagnosticar enfermedades en estadios muy precoces, o revertir un proceso patológico, mediante el empleo de ingeniosas minimáquinas, capaces de moverse dentro del cuerpo humano. De igual forma, los beneficios de esta revolucionaria disciplina asoman sus cabezas en el logro de materiales más ligeros y resistentes, incluidas las llamadas aleaciones amorfas como el Vitreloy, de dos a tres veces más resistente que el titanio y el acero, algo impensable de alcanzar con los métodos tradicionales, o la creación de cerámicas más duras a partir de partículas nanocristalinas. Quedaría por ver si en definitiva algún día son hechos cotidianos la existencia de máquinas invisibles y dotadas con diminutas computadoras, para construir edificios, fabricar equipos electrodomésticos, regenerar tejidos, destupir cañerías o limpiar el aire de sustancias y partículas contaminantes, según plantean en la actualidad sus más apasionados seguidores. Por supuesto, y al igual que ha sucedido con los grandes avances tecnológicos del hombre, habría que preguntarse también cuáles serán los probables efectos negativos de la ahora fantástica ciencia, sobre todo en lo referido al potencial desarrollo de armas más destructivas, y al aumento del cada vez más grande abismo socioeconómico que separa a países ricos y pobres. Mientras y como bien se dijo en la última reunión de los científicos cubanos el pasado 15 de enero, nuestro país se propone, en los próximos años, dar pasos concretos en el desarrollo teórico de la nanotecnología. Capital humano le sobra para ello. |
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