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Ciencia y Tecnología Hacia la agroecología Más capacitación, y aplicación Orlando Guevara Núñez SANTIAGO DE CUBA.— La agroecología no es un término nuevo en la producción de alimentos agrícolas. Es, sin embargo, poco dominado, y menos aplicado por la mayoría de los productores. Al mismo tiempo, más que alternativa pasajera para enfrentar la carencia de fertilizantes químicos y pesticidas, es el imperativo de sustituirlos gradualmente, ocupando su lugar con los abonos orgánicos y los biofertilizantes. Ese objetivo unió aquí a productores, delegación de la agricultura, el CITMA y la asociación cubana de producción animal de este territorio, en el segundo taller provincial de biofertilizantes y abonos orgánicos, y primero de la agricultura orgánica. La utilización racional del suelo sin degradarlo y recuperación de los ya afectados, la incorporación de suelos improductivos a la producción agrícola, logro de mayores producciones y rendimientos, así como una contribución al saneamiento del medio ambiente, fueron ventajas señaladas al empleo de los abonos orgánicos y biofertilizantes. En Santiago de Cuba, desde 1986, se inició la producción de humus de lombriz y un lustro después, se incorporaron otros biofertilizantes, como el azotobácter, rhizobium, fosforina y micorrisa, con probada efectividad para fijar el nitrógeno atmosférico y suministrárselo a la planta, hacer solubles otros elementos necesarios a la vida vegetal y ayudar a la absorción del agua, entre otras funciones. La disponibilidad de estos medios ha sido limitada, y ahora se proyecta iniciar su producción en el laboratorio provincial de suelos y en la planta de medios biológicos del CAI Dos Ríos, en Palma Soriano. Una potencialidad más amplia y masiva está en la producción de humus de lombriz y de restos orgánicos diversos. Para este año la provincia se ha trazado producir 58 959 toneladas, casi siete veces lo alcanzado durante el año anterior, pero muy por debajo de lo posible y lo necesario. Si tenemos en cuenta que el centro provincial de lombricultura se ha propuesto producir 11 mil toneladas de humus, se deduce que lo demás compete a los municipios, a las entidades productivas y los productores individuales. Es en estos últimos eslabones, donde se deciden los resultados del programa. Y es, por tanto, donde la capacitación y materialización productiva deben concretarse más. De lo que se trata ahora es de que esta técnica agrícola o como se le ha llamado: la agroecología, pase a formar parte de la cultura de los productores. Será un bien inestimable al suelo, a la protección del medio ambiente, al incremento de la producción y los rendimientos, a la alimentación y salud del pueblo, y también para la economía de quienes producen en la agricultura. Hacia ahí está la vistá puesta. |
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