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Acotaciones Una ciruela repleta de poesía AMADO DEL PINO Cumplir doce años de intensa labor ha servido de pretexto a Teatro D' Dos para organizar una retrospectiva de su repertorio. Excelente oportunidad para que el público, que llega ahora a las salas, entre en contacto con espectáculos que fueron vistos y comentados hace varias temporadas. Si no convertimos las reposiciones en una práctica viva y continua, nuestro teatro —más allá de la relativa fugacidad consustancial a este arte— dará la impresión de estar "escrito en el hielo". Junto al rescate de su legado, el grupo estrenó recientemente La edad de la ciruela, de Arístides Vargas. Como en Nuestra señora de las nubes —todo un acontecimiento en el pasado Festival de Teatro de La Habana— el lenguaje poético, el valor dramático de lo narrativo y la agudeza perenne constituyen claves de la dramaturgia de Vargas. El argumento de La edad... se arma y se desarma muchas veces ante el espectador. Parece pedir la complicidad del público para armar este rompecabezas de ideas, sensaciones, afectos y emociones. Todo ello centralizado y estructurado a partir del juego teatral. Julio César Ramírez ratifica su talento para lograr la espectacularidad a partir de la sobriedad del pequeño formato. Los objetos están seleccionados con maestría y el movimiento escénico sobresale por su precisión. Otra vez Ramírez confiere gran importancia al mundo sonoro generado por sus dos actrices. En el tratamiento del color, hubiese venido mejor un diseño de luces más rico (imposible con las condiciones técnicas actuales del Centro Brecht) para que no se sobrecargara de blanco el escenario. Cuando las dos ancianas-niñas debaten las esencias de su vida durante un viaje en bicicleta, asistimos a la confirmación de las posibilidades de la noble convencionalidad del teatro. Las acciones son tan certeras y la gestualidad tan limpia, que la travesía nos emociona y nos parece pedalear junto a las actrices. Deisy Sánchez vuelve a demostrar su talento actoral y lo depurado de su entrenamiento. Valdría la pena que matizara su singular energía y la capacidad para multiplicar voces y gestos con un bordado más sereno de los momentos de quietud. Yaquelín Yera, con escasa experiencia, logra sostener el duelo interpretativo con Deisy gracias a su plasticidad, formidable decir y sinceridad interpretativa. La edad de la ciruela puede servir de ejemplo de buena selección a la hora de llevar un título a las tablas. Aquí la poesía cruda y plena del texto se corresponde con lo mejor de las búsquedas de un colectivo y su director. |
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