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11/03/2002
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Quien da primero en el Cáucaso... ¿se queda con el petróleo?

ELSON CONCEPCIÓN PÉREZ

"El despliegue de tropas estadounidenses en la república caucásica de Georgia corre riesgo de complicar una situación ya de por sí difícil". (Igor Ivanov, canciller ruso. 1.3.2002 ).

Estas palabras, por supuesto, no están carentes del conocimiento de una realidad más complicada que la sola presencia de uniformados de las fuerzas armadas estadounidenses en un territorio ex soviético, de una república fronteriza con Rusia, y parte neurálgica de ese corazón enfermo de muchos males que se llama Cáucaso.

En esas cordilleras que separan a Europa de Asia y donde conviven unas 80 etnias, muchas de ellas en guerra permanente, hay una razón más que poderosa como para que Estados Unidos quiera aparecer como "pacificador". Y esa razón es que en aquel subsuelo de 
1 200 kilómetros de cadenas montañosas que se extiende entre el Mar Negro y el Mar Caspio, yace una reserva estimada de más de 57 000 millones de barriles de petróleo.

Y es precisamente por este factor, que en los conflictos étnicos de la región intervengan factores exógenos que animen la braza a sus intereses económicos y geopolíticos.

NO TODO COMIENZA AHORA

Por supuesto, luego del 11 de septiembre del pasado año a los norteamericanos se les hace menos difícil "convencer" a incautos, y "facilitar ayuda militar" para combatir el terrorismo.

Pero el interés occidental por el territorio caucasiano no es nuevo, y también en su política hacia Rusia y hacia esas repúblicas del Cáucaso, usan la doble moral de dar la impresión de que trabajan como negociadores de la paz, a la vez que atizan conflictos y sientan raíces ante el menor parpadeo de quienes no quieren darse cuenta de que cuando ceden un dedo, el imperio les coge la mano y hasta el brazo.

Pudiera recordarse que en 1994, en Bakú la capital de Azerbaidhán, se firmó un acuerdo con compañías estadounidenses cuyo objetivo siempre fue el de transferir petróleo hacia los mercados occidentales, es decir, dominar el comercio del hidrocarburo de algunas zonas del Caspio.

Entonces se incluyó el proyecto de construcción de un oleoducto alternativo que uniría a Bakú con el puerto del Mar Negro, en Georgia.

De esa forma Estados Unidos daba un primer paso para excluir a Rusia del área.

Ya en el año 2000 Washington, quitándose por completo la máscara, durante la reunión de la Organización para la Seguridad y Cooperación Europea, en Estambul, aprovechó la cumbre para cerrar un acuerdo con Turquía para la construcción de un oleoducto que transportaría el petróleo del Caspio, directamente a una terminal turca en el Mediterráneo.

Era este el segundo oleoducto financiado por Estados Unidos que pretendía con ello romper el monopolio ruso sobre el petróleo del Cáucaso y, por supuesto, significaba el avance norteamericano hacia zonas ex soviéticas, lo que, aparejado al acercamiento de la OTAN hacia sus fronteras, constituían un verdadero cerco para la Federación Rusa o para lo que quedara de ella.

La construcción del oleoducto que llevaría el petróleo a puerto turco, era considerada por todos los especialistas y medios de prensa, como algo inusual por el alto costo de la obra: 2 400 millones de dólares.

Sin embargo, bien pronto todos se dieron cuenta que el interés norteamericano era político, con mirada al futuro, como parte de un plan mayor. Ahora, en el 2002 esa perspectiva se ve claramente esbozada con sus agresiones a Afganistán y sus amenazas a Iraq, Irán, Yemen y otros países petroleros.

RUSIA CEDE TERRENO

La Rusia del accionar violento en Chechenia, una de las regiones más complicadas del Cáucaso, pero no la única, parece estar más ocupada en los conflictos internos interétnicos dentro de su Federación, que en su casi perdido papel de potencia militar y económica con intereses en naciones vecinas que un día, junto a ella, formaron parte de lo que se llamó Unión Soviética.

El desastre checheno, problema aún sin resolver donde han muerto, masacrados o en combate, decenas de miles de soldados rusos y fuerzas insurgentes chechenas, es otra herida abierta para Moscú.

Tampoco el conflicto de Chechenia es ajeno a la importancia petrolera de aquella república rusa, donde oleoductos y gasoductos de gran valor estratégico atraviesan la zona del Cáucaso norte.

En esa región del Cáucaso, a decir de los propios rusos, está en juego "el contrato del siglo", es decir, la ruta que deberán seguir los millones de toneladas de crudo que se extraigan del Mar Caspio en los próximos años, y cuyas vías para transportación se reducen a dos: a través de Rusia o de Turquía.

Como todo hace indicar, Rusia está cediendo terreno y Occidente, con Estados Unidos a la cabeza, no pierde tiempo y hace multimillonarias inversiones petroleras en la zona.

LA ACTUALIDAD ES PATÉTICA

Con la desintegración de la URSS y la caída del modelo socialista en aquella gran nación, no solo florecieron el oportunismo y la corrupción propios del modelo capitalista que se importaba y se implantaba chapuceramente.

Los conflictos milenarios, donde se involucraban —y aún sucede así— clases y familias de una u otra etnia, fueron exacerbados a tal punto de que todavía hoy hay 10 lugares en la región caucásica, donde persisten enfrentamientos, varios de ellos con el denominador común de limpieza étnica como filosofía.

A la par, la situación social y económica en esta rica región no puede ser peor luego de la desintegración de la Unión Soviética.

Según datos de las propias Naciones Unidas, la llamada transición al capitalismo en los territorios de la ex URSS, han dejado como resultado inmediato el que más de 100 millones de personas fueran empujadas a la pobreza, viviendo a veces de la mera economía de subsistencia.

Por ejemplo, en Georgia, allí donde se van a instalar ahora los militares "salvadores" norteamericanos, el tránsito del socialismo al capitalismo ha dejado el saldo de que dos de cada tres familias vivan en la pobreza y la inflación subió, en los primeros cinco años de sociedad de mercado en un 18 000%.

En la vecina Armenia más de la mitad de los hogares son pobres y la cuarta parte son muy pobres. Hay cifras que reflejan lo real de la locura capitalista en esta república: los precios de los alimentos subieron, en los primeros cinco años de capitalismo, en un 24 000%.

Otros muchos ejemplos de un presente patético se pueden poner de esta rica zona del Cáucaso, que según la mitología griega fue donde "Pandora abrió su caja y dejó libre a todos los males del mundo" y donde hoy conviven grandes conflictos étnicos asociados a grandes ambiciones económicas y a lo que se suman los intereses estratégicos de la única gran potencia, Estados Unidos, interesada en ganar el terreno que a diario pierden otros.

Aquí, con toda claridad, está presente el dicho de que "quien da primero, da dos veces"... y se queda con el petróleo.

11/03/2002

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