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Tras la inundación... las películas Frank Padrón Especial para Granma MAR DEL PLATA.— El decimoseptimo Festival Internacional de Cine que tiene lugar aquí desde el jueves 7, sigue su curso, en medio de no pocas dificultades, pero rindiendo su principal divisa: las películas están en los cines, y frente a ellas, el público. ¿A qué más? Ya a estas alturas se ha podido ver algo, aunque aún no descuella esa "gran obra" que uno marca en sus programas como segura candidata al Ombú de Oro, nombre del galardón en este encuentro. A propósito de la competencia, impresionó favorablemente After the flood (Tras la inundación) , del "independiente" norteamericano Robert Saitzycs, quien, como casi siempre en estos casos, escribe, edita y dirige. Pues nada mal que lo hace el muchacho, en su seguimiento de un marginal con una rara obsesión por la muerte; la cinta, brillantemente actuada por Shawn Andrews (quien sí pudiera aspirar legítimamente al lauro de interpretación masculina), logra una notable atmósfera en su combinación de marginalidad y violenta poesía, pero suciedades del montaje y la narración impiden un absoluto despliegue en su péndulo. Mejor, aunque también con problemas a la hora de exponer su conflicto, otra en competencia: la suiza Neutre, de Xavier Ruiz, que trata de soldados en ejercicios y situaciones límite, ambiciones que matan (literalmente) y otros temas habituales en este tipo de argumento; consigue momentos brillantes, una fotografía de premio, rotundas actuaciones y un buen estudio sicológico de sus personajes, pero la primera larga exposición le hace perder no pocos puntos. En cuanto a la producción latinoamericana, la boricua 12 horas (de Raúl Marchand) es del tipo de filmes que en un festival como el habanero, obtendría fácilmente el galardón de la popularidad: chispeante, dinámica, con esa simpatía que derrochan los hermanos de Puerto Rico, en un recorrido por una noche en la bulliciosa San Juan, mediante varios personajes que aparentemente, no guardan relación entre sí, todo mediante un reportaje televisual, que justifica la cámara en mano y los desaguisados y ripios en la edición; de cualquier modo, estimable. La rusa Venenos , del joven realizador Karen Shakhnazarov (Ciudad cero), intenta, mediante un triángulo amoroso, ensayar una historia del envenenamiento; el guión maneja con habilidad el humor negro y la ironía, pero no empalman los varios discursos narrativos, haciéndole perder fuerza al filme. Dos que trabajan el asunto de las tradiciones que lastran, los anacrónicos códigos honoríficos en contextos rurales, son la anglo-norteamericana Songcatcher, de Maggie Greenwald, y la brasileña Detrás del sol , de Walter Salles (Estación Central). Con gran fineza, bordando cuidadosamente las tipologías y los accidentes de la trama, ambas cintas apuntan alto en sus alcances. El Festival rindió un sencillo homenaje (a tono con su línea) a la mítica Claire Bloom, además de exhibir su Candilejas, donde Chaplin la dirigió. El diario del Festival publicó una nota del polaco Jerzy Kawalerovicz, donde se excusa por no poder asistir por problemas de salud, aunque, afortunadamente, envió su último filme, nada menos que una nueva versión del mítico Quo vadis? , que ya salió al ruedo y que, por supuesto, pronto veremos y comentaremos. |
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