![]() |
|
|
Innovación japonesa con carta Los Comités de Calidad se extienden hoy a todo el país ALEXIS SCHLACHTER Si trazamos una línea recta desde la zona oriental de Cuba en dirección al Océano Atlántico con destino a Japón, obtendremos una distancia de unos 12 mil km; aproximadamente la mitad si hacemos el camino inverso por el Océano Pacífico a partir de la zona más occidental de nuestro territorio. Japón y Cuba son entonces, geográficamente, archipiélagos muy lejanos. Otro tanto sucede desde el punto de vista cultural. Sin embargo, curiosamente, la ciencia nos une históricamente al país del Sol Naciente mediante una figura paradigmática: el Comandante Ernesto Che Guevara. El Guerrillero Heroico fue el máximo impulsor en Cuba de cierta innovación nipona surgida después de la Segunda Guerra Mundial. Esta página histórica resulta prácticamente desconocida, casi olvidada. Rescatémosla. En 1945, Japón era un país devastado por la guerra, ocupado militarmente, en franca recesión económica. Por esa época la sola mención de su nombre se asociaba dramáticamente a la primera y única nación en recibir ataques nucleares dentro de su territorio. Las exportaciones niponas a los mercados internacionales se podían calificar de fantasmales... Fue en esas difíciles condiciones que de la creatividad del pueblo japonés surgió de manera muy especial un movimiento nacional para la creación de los denominados Círculos de la Calidad; su finalidad: impulsar las exportaciones de mercancías japonesas sobre la base de competir en calidad con sus similares del extranjero. Cada una de estas agrupaciones de trabajadores nipones tenía como divisa lograr que todo producto nacional tuviera precio competitivo, fuera atractivo en su presentación, vida útil prolongada y, sobre todo, calidad probada y sostenida. Con paciencia asiática perfeccionaron el sistema de la calidad a nivel de cada empresa y, sólo en 1962, la Unión de Ingenieros y Científicos de Japón —conocida por las siglas JUSE— dio los toques finales a los Círculos de Calidad y su estructura definitiva a nivel de todo el país. La interesante iniciativa japonesa comenzó a tener seguidores en otros países, incluida Cuba; el novedoso enfoque para administrar creativamente y en colectivo los recursos humanos y materiales en la producción de bienes tomó nombres diversos, según el lugar: Círculos de productividad, Grupos de la eficiencia... En este lado del Caribe se decidió darle apellido asociado directamente con la finalidad de esta experiencia organizativa: la calidad. Fue precisamente el Che en aquellos años iniciales de la Revolución en el poder quien impulsó esta iniciativa japonesa en tierra cubana cuando expresó: "... hay que dar una batalla popular por la calidad. Quizás formar Comités de Calidad en las fábricas, pero que no sean formales..." Unas frase sintetizaría la importancia de plasmar en realidad la útil experiencia: " La calidad es el respeto al pueblo..." En las condiciones de nuestro país la estructura que tomaron los Comités de Calidad fue sencilla: un pequeño núcleo de trabajadores ligados por la actividad común en una fábrica analiza dificultades y deficiencias. Apoyados en técnicas de avanzada, de control estricto de la calidad, desarrollando las populares "tormentas de ideas", cada quien por separado y después en conjunto llegan a propuestas que harán avanzar la producción sobre la base de lo óptimo y no a cualquier precio. O dicho en otras palabras, las soluciones se basan en la experiencia acumulada de los propios trabajadores del centro teniendo como objetivo final la calidad, capaz de satisfacer las necesidades del pueblo y, simultáneamente, convertir en competitivo el producto o servicio del cual se trate. En Cuba, actualmente los Comités de Calidad son dirigidos por la Oficina Nacional de Normalización en estrecha coordinación con la CTC, la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores y las Brigadas Técnicas Juveniles. Tan estrecho ha sido el trabajo de estas organizaciones que entre 1996 y 1997 fueron firmados sendos convenios de colaboración de la ANIR y las BTJ con la Oficina Nacional de Normalización mientras que el Secretariado Nacional de la CTC, en febrero de 1998, aprobó el movimiento emulativo "Por una calidad y eficiencia competitiva". El avance de este sistema en Cuba ha sido sostenido. Si a fines de la década de los 80 había tan solo 75 Comités de Calidad y 600 miembros, al finalizar el 2001 las cifras treparon a 8 577 y 60 663 respectivamente. Encabezan el movimiento las provincias de Ciudad de La Habana, Pinar del Río y Sancti Spíritus con cerca de la tercera parte del total de los Comités de Calidad del país. Así, del lejano Japón llegó una innovación que finalmente tomó carta de ciudadanía cubana. |
|