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10/03/2002
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10 de marzo de 1952

El capítulo final de la "democracia representativa" en Cuba

PEDRO A. GARCÍA

La Habana estaba de carnaval. En su finca La Chata, el presidente Carlos Prío gozaba de un bucólico fin de semana. Unos días antes había calificado de rumores infundados la posibilidad de un golpe de Estado. Esa noche de domingo, de regreso de una gira política por Matanzas, el ex sargento devenido general Fulgencio Batista retocaba los últimos detalles para la asonada.

El artero golpe militar significó el retorno a la ley de fuga, el palmacristi y la picana eléctrica.

Tenía la complicidad de un grupo de militares en activo, llenos de ambición, y del teniente de la policía, Rafael Salas Cañizares, sobre quien pendía la amenaza de una larga condena de cárcel por el asesinato del joven Carlos Rodríguez. También le acompañaban oficiales retirados, procedentes de anteriores gobiernos batistianos.

En la madrugada, los amotinados se apoderaron de los principales cuarteles de la capital. En Matanzas, Villa Clara y Santiago de Cuba, algunos oficiales trataron de oponer resistencia. Batista los neutralizó con la promesa de un aumento de sueldo a la soldadesca, ascensos y otras prebendas.

Los estudiantes solicitaron armas al Presidente para resistir el golpe; Mujal y los cetekarios anunciaron un intento de huelga general que tempranamente se canceló, tras los consejos de la embajada yanki. Prío se asiló en la embajada de México. En horas había sucumbido la "democracia representativa" en Cuba. El 10 de marzo de 1952, el pueblo cubano despertó con la tiranía en el poder.

ANTECEDENTES

Las elecciones parciales de 1950 fueron un momento insólito, y tal vez excepcional, en la historia electoral de la república neocolonial. Solo en 3 municipios se detectaron fraudes; en los restantes 123, generalmente se respetó la voluntad popular. Algunas figuras de la oposición resultaron los congresistas más votados en el país. El gobierno perdió varias alcaldías, entre ellas la de La Habana, a la que aspiraba un hermano de Prío. Chibás obtuvo un acta senatorial por la provincia de La Habana con una votación abrumadora.

La situación que se iba conformando significó para los revolucionarios un momento excepcional: la posibilidad de luchar mediante una vía no violenta por la aprobación de las leyes complementarias que harían realidad el articulado progresista de la Constitución del 40. Pero también los sectores más reaccionarios vieron en ello un inminente peligro.

Como casi siempre sucede, la "democracia representativa" es la bandera que despliegan el imperialismo y los sectores más conservadores de la burguesía, en su demagogia, mientras le sirve para perpetuar su dominio. Cuando es utilizada por las masas para aproximarse a sus históricas demandas o hacer realidad sus conquistas, la oligarquía la desecha, la sustituye por la más sangrienta tiranía.

Así sucedió en la Guatemala de Arbenz (1954) y en el Chile de Allende (1973), como en la Cuba de 1952. En este caso, ni siquiera el gobierno de Prío gozaba de apoyo popular, pues cultivó la corrupción y el nepotismo, y continuó la política antiobrera de su predecesor.

EL CAMINO QUE CERRÓ BATISTA

Según las encuestas de diciembre de 1951, para las elecciones presidenciales de junio siguiente, la lucha se centraría entre los ortodoxos, que llevaban a Roberto Agramonte como candidato (29%), y la coalición auténtica, (aún con 3 aspirantes, Carlos Hevia, 17%; Lancís, 6%; Tony Varona, 4%). Batista aparecía alejado con solo el 14% de aceptación popular.

Entre enero y febrero de 1952, la situación se hacía cada vez más insostenible al ex sargento. Los ortodoxos aumentaban su popularidad y ya se les consideraba ganadores en La Habana y Las Villas, tanto para la presidencia como para la mayoría senatorial. En Camagüey, tenían ligera ventaja. Y el Partido Socialista Popular (comunista) había proclamado que votaría en bloque por el candidato ortodoxo para Presidente.

Ya con Hevia como único candidato oficial, la coalición gubernamental gozaba de una pequeña ventaja en Oriente y se le consideraba la posible mayoría en Pinar del Río y Matanzas. ¿Y Batista? Estaba en el último lugar en las 6 provincias tanto para la presidencia como sus candidatos para el Senado.

LA CONEXIÓN YANKI

No hay evidencias documentales de que la embajada de los EE.UU. organizara por sí misma el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952. Pero sí estuvo enterada de todo el desarrollo del complot. A través de su íntimo amigo, el magnate textilero norteamericano Burke Hedges, Batista sondeó al embajador yanki. Ni este ni el Departamento de Estado le pusieron reparos. Igualmente conocían del golpe los asesores norteamericanos radicados en el cuartel de Columbia.

Cuando a inicios de la década del 40 el general Pedraza quiso derrocar al entonces presidente constitucional Fulgencio Batista, una puntual llamada del Embajador puso al corriente a las autoridades de toda la intentona. Otra puntual llamada paralizó al propio Batista cuando en 1944 quiso impedir el triunfo electoral de Grau. Pero en 1952, la diplomacia estadounidense calló.

Ironías de la Historia. Quienes en 1952 dejaron morir la "democracia representativa" en Cuba, hoy pretenden condenar a este país en organismos internacionales, precisamente ¡por no tener "democracia representativa"!

BATISTA EN EL PODER

El régimen de facto derogó la Constitución de 1940 y la sustituyó por unos Estatutos. Declaró disuelto el Congreso de la República. Destituyó a 45 alcaldes y 3 gobernadores que no se plegaron a jurar los falsos estatutos. Mediante la Ley de Orden Público, prohibió el derecho de huelga, toda reunión de más de 2 personas y cualquier manifestación contra los golpistas.

Un año más tarde, en los sucesos del Moncada, se asesinaría no solo a los asaltantes prisioneros sino a ciudadanos que en nada tuvieron que ver con esa acción. Con el régimen batistiano, volvieron en Cuba a imperar la ley de fuga, el palmacristi y la picana eléctrica. En los parques solitarios y edificios en construcción comenzó a ser común encontrar cadáveres con signos de tortura.

LA ÚNICA RESPUESTA

El golpe militar del 10 de marzo acabó con el poco prestigio que le quedaba a los partidos tradicionales. Liberales y demócratas se pasaron desfachatadamente a Batista (hasta el 9 de marzo habían apoyado a Prío). Los auténticos se dividieron en mil tendencias igualmente desprestigiadas. La dirigencia del Partido Ortodoxo se sumió entre la incoherencia, la inmovilidad y la fragmentación.

La única respuesta correcta a la situación generada por el batistato fue la de los jóvenes que se nucleaban en torno a la que posteriormente se conoció como Generación del Centenario: "El momento es revolucionario y no político", afirmó su más destacado líder, el joven abogado Fidel Castro. "Lo que necesitamos se llama acción, acción", clamaba Abel Santamaría. "No vamos a teorizar, vamos a combatir", pregonaba Raúl Gómez García. E hicieron realidad aquella premonición de Fidel, recogida en su acusación a Batista el mismo 10 de marzo: "Hay tirano otra vez, pero otra vez habrá Mellas, Trejos y Guiteras. Hay opresión en la Patria, pero habrá algún día otra vez libertad".

10/03/2002

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