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10/03/2002
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Crónica de un espectador

A la izquierda del padre

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

No abundan las películas donde el subrayado poético de los diálogos, conjuntamente con la música, se integren magistralmente a una visualidad artística desconcertante. Extraordinaria fotografía, tanto en su belleza sensorial como en los planos a los que recurre para transmitirnos las complejidades de los personajes envueltos en una trama, que bien pudo ser concebida por uno de aquellos maestros de la tragedia griega, o por un Shakespeare mojando la pluma en su mejor tintero.

En un orden de prioridades, comenzaría por ahí para destacar los innumerables méritos de A la izquierda del padre, filme brasileño que obtuviera el Premio Especial del Jurado en el último Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, galardón que se sumó a una larga lista de reconocimientos internacionales.

Llama la atención cómo el debutante director de este filme, Luis Fernando Carvalho, proviene de la telenovela, un género tan marcado por estereotipos de realización y donde la fotografía suele ser, casi siempre, un soporte anodino, o dulcemente bello, pero pasivo en una función narradora en la que la verbosidad soporta el peso mayor de la intriga.

Este director, ampliamente conocido en nuestro país gracias a El rey del ganado, tiene el mérito de dejar en una gaveta lo aprendido en relación con los mecanismos estructurales y emotivos de los llamados culebrones y construye una película de hermosa densidad, donde los parlamentos, provenientes de la novela de Raduan Nassar, Lavoura Arcaica, cobran una vitalidad de otra trascendencia artística en su nuevo soporte expresivo.

Un texto que no obstante estar lleno de metáforas y sentencias no hace sentir en lo absoluto su carga literaria, debido a que se integra a un tono general de realización concebido en los parámetros de búsqueda, ¡y hallazgos! estéticos, que poco le deben a las formas tradicionales y muchas veces fatigosas de la narración cinematográfica.

A la izquierda del padre es la historia de una familia de inmigrantes libaneses que conservan sus viejas tradiciones, al tiempo que es regida por la mano dura, aunque no poco inteligente, de un patriarca. Él, en su misión de manto protector, hace chocar conceptos ancestrales acerca del bien y el mal, la razón y la pasión, las ataduras y la libertad. En esos lindes se enciende la llama amorosa e imposible, por lo sórdido de sus quemaduras, de uno de sus hijos. Y del conflicto brotarán verdades y reflexiones relacionadas con la trama, pero también capaces de volar más alto y anegar interrogantes relacionadas con la vida misma.

Más no puede decirse porque sería arrojar una pala de tierra barata al terreno tan finamente poético y gradualmente revelador que ha venido tejiendo el director, apoyado en esa fotografía extraordinaria a la que hacíamos referencia, proveniente de la mano de Walter Carvalho, el mismo de Estación Central de Brasil. Sorprendente resulta el desempeño del joven Selton Mello, como el hijo hambriento de dimensiones diferentes enfrentado al padre, papel este interpretado por el veterano, Raúl Cortez. El primero sorprende, porque luego de ser visto en la última telenovela brasileña transmitida por la televisión en un desempeño correcto, pero nada fuera de lo común, arma ahora un personaje doloroso, que se debate entre la sensibilidad amorosa de un ángel y el arrebato carnal del diablo.

Que no queden dudas: A la izquierda del padre, elegido por la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica al premio FIPRESCI que se otorgará al filme más significativo de América Latina en el 2001, es una película que llena de satisfacciones estéticas a todos aquellos que siguen apostando por un cine de calidad artística, en tiempos en que el celuloide fácil, imbeciloide, se remata a precio de tarima.

10/03/2002

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