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Rinden los cubanos homenaje al El pueblo santiaguero, en nombre de todo el país se congregó hoy en el cementerio de Santa Ifigenia para rendirle homenaje a Carlos Manuel de Céspedes en ocasión del aniversario 128 de su caída en combate. Los cadetes de la Escuela Militar Mayor General José Maceo Grajales colocaron una ofrenda floral frente al mausoleo donde reposan los restos del Padre de la Patria, al tiempo que los pioneros realizaron guardias de honor y recordaron el legado del iniciador de las gestas libertarias de la nación cubana. El tributo incluyó una solemne velada en la localidad de San Lorenzo, paraje de la Sierra Maestra donde el 27 de febrero de 1874 el primer Presidente de la República en Armas cayó en desigual combate frente al Batallón de Cazadores de San Quintín. Ese día Céspedes realizaba su tradicional recorrido, sólo lo acompañaban uno de sus hijos y compañeros muy leales. Horas más tarde la nación enlutó, desde el fondo de un barranco arrastraron su cuerpo dejando huellas de ropas y sangre. El cadáver fue custodiado hasta la costa y en el poblado de Aserradero lo embarcaron hacia la ciudad de Santiago de Cuba, donde lo expusieron el primero de marzo en un ala del antiguo Hospital Civil La Caridad, hoy Escuela Primaria Tony Alomá. La noticia recorrió y estremeció la Isla, amigos y enemigos se percataron de la dimensión de la pérdida. Nadie tuvo el valor de ultrajarlo, hasta los españoles reconocieron los méritos que le negaron en vida. Su rol en la historia de Cuba le atribuye entre otros méritos el de iniciar la abolición de la esclavitud, encabezar el primer proyecto político-militar del país contra el colonialismo e idear la invasión de Oriente a Occidente, que en la Guerra Necesaria llevaran a cabo los Mayores Generales Máximo Gómez y Antonio Maceo. El primer Presidente de la República en Armas se desempeñó en su cargo por espacio de cuatro años y seis meses. En ese período la Revolución experimentó momentos de apogeo y resistió el embate de un ejército muy superior. Bajo su dirección el proceso alcanzó un elevado reconocimiento diplomático y la simpatía de las repúblicas del hemisferio. Sus ideas se materializaron en el Grito de Yara, la toma de Bayamo y la Asamblea Constituyente de Guáimaro, que instauró el primer gobierno propiamente cubano. Ante la disyuntiva de doblegar sus
principios a cambio de la vida de su hijo respondió: "Oscar no es mi
único hijo, lo son todos los cubanos que luchen por nuestras libertades
patrias". De aquí le vino el merecido nombre de Padre de la Patria.
(AIN) |
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