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27/02/2002
Portada de hoy

Ballet

Risas y buen baile

ANDRES D. ABREU

Entre risas y buen baile transcurrieron las funciones de La fille mal gardée que celebraron los 50 años de la entrada de esta antológica obra al repertorio del ballet cubano en renovadora versión de la prima ballerina assoluta Alicia Alonso.

La reconstrucción realizada en 1952 por Alicia elevó los niveles técnicos y la gestualidad de esta obra, acercándola al lenguaje del ballet en nuevos tiempos, y sobre este concepto ha continuado creciendo en busca de una divertida comunicación con el público, lo que en todo sentido y con excelsa integralidad logró el Ballet Nacional de Cuba en estas funciones del pasado fin de semana.

Alihaydeé y Joel Carreño disfrutaron tanto de sus interpretaciones, como los asistentes a la sala Lorca del Gran Teatro de La Habana. No cabe dudas que experiencia en esta obra les sobra a estas primeras figuras de la compañía, pero aun así, no siempre se logra combinar limpieza y elegancia en las ejecuciones con expresividad veraz y empatía, y ellos lo consiguieron abundantemente con sus Lisette y Colin en la noche del sábado junto al muy joven Servilio Amador, quien se estrenaba en el caricaturesco y dinámico papel de Alain.

No muy lejos estuvieron en la función del viernes Hayna Gutiérrez, Octavio Martín y Jordán Benítez asumiendo estos protagónicos por primera vez y apoyados en la compañía de la Mama Simón que excelentemente caracteriza José Zamorano. Fue esta una función de alta comicidad en la que Octavio Martín alcanzó la armonía interpretativa y fue un alegre partenaire para La fille... de Hayna, quien aportó mucho con su histrionismo, evidenciando que se está en presencia del ascenso danzario de una actriz.

Al programa de fiesta se añadieron las coreografías En la sombra de un vals —obra que Viengsay Valdés bailó con la levedad requerida por ese sueño esplendoroso que Alicia recreó en 1999 sobre la música de El sonido de las Esferas, de Josef Staruss—, y Suite géneris, creación de Alberto Méndez, que implica un juego expresivo de alto riesgo técnico y físico para los bailarines, donde resultó grato ver a noveles bailarines como Yolanda Corbea y Miguelángel Blanco asumirla con desenfado, y a Víctor Gilí y Joan Reyes acompañar a Anissa Curbelo en una muy precisa y seductora ejecución.

27/02/2002

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