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La hora de la Charanga Latina Pedro de la Hoz Era tiempo ya de que la Charanga Latina, bajo la dirección de Enrique Álvarez, tuviera su hora de cara al público cubano. En el orden personal hubiera querido que esa oportunidad de reconocimiento fuese anticipada —pues anclaje y altura no le han faltado a la orquesta—, pero, como reza el sabroso refrán criollo, al mulo hay que darle el palo donde se caiga... y cayó en el Guzmán. Una interpretación sumamente creativa, rebosante de cubanía, sacó a relucir una puesta al día sui géneris del son, que recorrió desde el obligatorio remake del estilo de la original de Manzanillo hasta una muy libre apropiación de guías y coros bien sazonados, nada estridentes y sin embargo potentes.
Lo importante, en todo caso, pasará por el modo en que tanto la orquesta como los promotores de nuestras agrupaciones bailables aprovechen el impacto actual para ubicar a la Charanga Latina en el lugar que han venido conquistando, sobre la base de conciliar, con un timbre y una estética instrumental diferente a las de otras incursiones de idéntico carácter (el caso de Los Van Van, por ejemplo), la tradición charanguera (flauta y violín) con la modernidad aportada por el bloque de metales en los mambos. Ese trabajo comenzó a fructificar pocos años atrás cuando Enrique, que es un excelente violinista, y su colega Alfredo de la Fe, se unieron para la realización del disco Mi violín charanguero. Aunque, en verdad, ese fue siempre uno de los sueños de Enrique desde que en 1992 fundó la Charanga Latina. A ella llegó, podría decirse, con el estímulo de pertenecer a una de las genealogías más ilustres de la música cubana: su padre, Nené Álvarez, baluarte camagüeyano de recia estirpe sonera, y sus hermanos, entre los que se cuenta Adalberto. Tras egresar de la Escuela Nacional de Arte en la especialidad de viola, recibió lecciones de maestría a la vera de Barbarito Diez y Tito Gómez, con quienes se presentó en varios países de América Latina. La Charanga Latina ha logrado un interesante posicionamiento en España, donde llegó a protagonizar en la mayor sala de bailes de Barcelona uno de los más recordados espectáculos promocionales de la música cubana. Con un repertorio que incluye la salsa como un tópico más en un espectro que recorre merengues, mambos, cumbias y boleros y muchas más especies recombinadas, la Charanga Latina también vivió un momento muy especial en Nueva York, con motivo de la presentación del disco Para mi santo. Los planes para hacer sonar su hora están dispuestos: la consolidación del repertorio y la preparación de un disco con el sello Bis Music. Y si salen bien las cosas, antes de la acostumbrada gira europea de verano, un periplo por las principales ciudades de la Isla. |
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