![]() |
Sri Lanka ¿Hacia el fin de la guerra sin fin? ARNALDO MUSA Sri Lanka es hoy una nación profundamente dividida, hecho que no interfiere en las ansias de paz de la población. Las divisiones internas existen en casi todos los grupos, así como entre ellos: entre los extremistas budistas y los budistas comprometidos con la no violencia; los insurgentes Tigres de Liberación de la Patria Tamil (LTTE, por sus siglas en inglés) y la población musulmana; los diferentes grupos tamiles, los budistas cingaleses y los cristianos cingaleses; la presidenta Chandrika Kumaratunga —que fue elegida por su programa de paz— y su hasta hace poco primer ministro Ratnasiri Wickremenayake, partidario de medidas extremas.
A ello hay que agregar las diferencias entre Kumaratunga y el nuevo premier Ranil Wickremesinghe, resultante de la victoria del opositor Partido Nacional Unido en las más recientes elecciones parlamentarias. Hay también tensiones étnicas dentro de las iglesias y entre ellas, y el Consejo Cristiano de Sri Lanka ha sido acusado varias veces de tomar partido por los tamiles. A pesar de eso, y con la mediación noruega, ha sido vista con simpatía la decisión de Wickremesinghe y el líder de los Tigres Tamiles, Valupillai Prabakaran, de firmar un acuerdo de cese el fuego, con vistas a futuras negociaciones para finalizar un conflicto bélico que dura ya 19 años y ha cobrado más de ORIGEN DEL CONFLICTO Tras más de cuatro siglos de gobierno colonial, primeramente portugués, después holandés y por último británico, Ceilán obtuvo su independencia en 1948 como consecuencia de la liberación de la India, sin pasar por el trauma de una guerra. La elite política estaba satisfecha, el índice de alfabetización era elevado, el electorado era considerado muy culto y el Producto Interno Bruto per cápita era uno de los más altos de Asia. Pero a pesar de la transición pacífica a la independencia, ya en 1948 se privó a casi un millón de tamiles de Ceilán de su nacionalidad y derechos cívicos. Los británicos los habían llevado de la India al país en el siglo XIX para trabajar en las plantaciones de té, café y caucho. La política colonial de "dividir y gobernar" había sembrado las semillas de nuevas tensiones entre tamiles y cingaleses. Los británicos habían dado a la minoría tamil una participación desproporcionada en la administración pública. Cuando la mayoría cingalesa alcanzó el poder, intentó recuperar terreno con medidas consideradas discriminatorias contra los tamiles. Durante los años 50, la tensión y la violencia aumentaron. En 1956, se promulgó la ley que declaró al cingalés y al budismo como idioma y religión oficiales. En la década del 70, los tamiles comenzaron a exigir un Estado independiente en el norte y este del país, y en esa época nació el grupo separatista armado LTTE. En 1972, Ceilán cambió su denominación por la de República Democrática Socialista de Sri Lanka. La violencia étnica se desencadenó en 1983, cuando los Tigres dieron muerte a 13 soldados, y en represalia, cientos de tamiles fueron asesinados en la capital, Colombo, en tanto EL FACTOR INDIO India tiene una población de unos 55 millones de tamiles, la mayoría en el estado de Tamil Nadu y, según coinciden no pocos analistas, el LTTE ha recibido de ellos una importante ayuda. En 1985, el gobierno srilanqués inició conversaciones con los tamiles, devolviéndoles ciertas atribuciones oficiales y el estatus de idioma oficial. India y Sri Lanka alcanzaron en 1987 un acuerdo que posibilitó la intervención de tropas de Nueva Delhi en el conflicto. En mayo de 1991, el primer ministro de la India, Rajiv Gandhi, fue asesinado y los Tigres Tamiles fueron responsabilizados por el atentado. TODOS DESEAN LA PAZ, PERO... Sri Lanka dedica hoy el 20% de su presupuesto a gastos militares, los índices medios de ingresos están entre los más bajos de Asia y la población parece cansada de una guerra sin fin. Aparte de unos pocos que están sacando provecho del conflicto, todos desean la paz... pero cada cual fija sus condiciones. Eric Solheim, diplomático noruego, ha afirmado que ninguna de las dos partes puede aplastar definitivamente a la otra por la fuerza de las armas, de ahí que la comunidad internacional esté tratando de llevarlas a las mesas de negociaciones. Los sufrimientos de la población del Norte y los efectos devastadores de la guerra en la economía del Sur hacen comprender que la paz es una necesidad imperiosa. Y aunque hay voces preocupadas por la futura unidad geográfica del país, lo cierto es que la decisión de ambas partes de firmar un cese el fuego y disponerse a dialogar, es una evidencia de que se va por buen y necesario camino. |
|