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23/02/2002
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Ofensiva contra el mosquito Aedes aegypti

La verde esperanza de casa en casa

Ana Ivis Galán García

Foto: ALDO MEDEROS¡Me voy, que las "odio" porque ya se van!, con esta expresión de cariño y de tristeza el joven de 17 años, Willam Bécquer, campañista del Blas Roca y más conocido como El Menor, despidió el último día de trabajo que compartió con un grupo de estudiantes del curso emergente de la Escuela de Enfermería del Cotorro, República de Panamá.

Otra muestra de pesar fue la del también contigentista de pulóver rojo, Leonardo el Gordo, como jocosamente le llamaban, cuando les dijo "me voy que esto me da deseos de llorar".

Y es que estos jóvenes se ganaron la confianza, el respeto y el afecto no solo de aquellos con los que intercambiaron intensas y largas jornadas de lucha contra el mosquito durante 21 días, sino también de la población del Vedado, que hoy les agradece su empeño y paciencia para enfrentar cada desafío y no dejarse vencer.

CUANDO DE VOCACIÓN SE TRATA

"Los estudiantes que yo atendí son muy responsables, disciplinados y están conscientes del trabajo que realizan", así los valoró Danis Alina Barriento, jefa de brigada del control de la calidad del policlínico La Rampa.

El eficiente trabajo de estos jóvenes como controladores de la calidad, en esta gran ofensiva contra el mosquito, es un ejemplo de cuánto pueden la voluntad y responsabilidad individuales.

Yarima Laffita Vega, siempre se sintió atraída por la enfermería ..., "y cuando me enteré del plan emergente para estudiar esa carrera, aproveché la oportunidad. Además puedo continuar los estudios de la Licenciatura sin hacer exámenes de ingreso", confiesa.

Otra joven, Gloria Herrera Herrera, cuenta cómo se enteró de la noticia: "estaba oyendo la radio y escuché la información. En una reunión nos explicaron todas las posibilidades que teníamos. Además a mí el gusto por la profesión me viene de muy cerca, todas mis tías lo son, además de ser profesoras de la escuela Girón".

Estos jóvenes son graduados de doce grado. Algunos ya tienen experiencia laboral, pues han trabajado en hospitales o en policlínicos. El curso de un año de duración, les servirá para reforzar sus conocimientos y de base para su ingreso en el nivel superior. Su incorporación a la campaña les ha permitido probarse a sí mismos y aplicar con amor y profesionalidad todo lo que han aprendido.

"Me gusta el trabajo que estoy haciendo. Considero que es muy buena y necesaria nuestra función social. Hemos tenido mucho apoyo de los operarios de control de la calidad de los policlínicos", dice Jenys Asín Fuentecilla.

CON AMOR TODO SE PUEDE

Yocanán Comas Álvarez, otro joven enfermero, nos cuenta algunas de sus vivencias imborrables.

"En un almacén de la calle Valle, en el municipio de Plaza, fueron detectados cuatro focos del mosquito, todos en tanques de agua, y para ayudar a destruirlo, entre Osvaldo —un brigadista de la Juventud Comunista— y yo, pedimos cubos y caminamos una cuadra para verter el agua de los tanques en la tierra de un parque cercano, que es donde debe hacerse y no en los tragantes, porque esa es una forma de expandir el foco por la ciudad".

Todos confiesan haber recibido muestras de cariño y de confianza como esta de "viva la Escuela de Enfermería. Ahora sí se acabó el mosquito". Les brindaron agua, merienda, café, refresco. Tuvieron el privilegio de ver fotos de juventud de algunas abuelas que visitaron, y de compartir junto a ellas sus recuerdos. Y aunque no faltaron las incomprensiones, nunca perdieron la esperanza, tan verde como el color de los pulóveres que dignamente usan. Siempre ganaron la batalla.

Ellos asumieron su labor con un verdadero sentido de la responsabilidad, así lo confiesa la supervisora del área del policlínico La Rampa, Teresa Delahanti O'rreilly, "son muy entusiastas y organizados. Detectaban focos y los destruían, daban una excelente educación sanitaria a la población. No hubo faltas ni llegadas tarde".

Todos sorprendieron con su eficiente trabajo. "Yocanán, por ejemplo, al terminar me entregaba el parte y algo así como una historia clínica de la manzana, que incluía desde un salidero, hasta el lugar del escombro, la queja de una vecina. Ellos se entregaron a esto no solo como controladores de la calidad, sino también como unos campañistas más", dice la supervisora Teresa.

De sus profesoras Mery y Emilia Castresana, guardan estos jóvenes el más sagrado respeto y admiración. Ellas también se lo ganaron. Al igual que los compañeros del Consejo Popular Príncipe y del Partido, que junto a ellos trabajaron. Y a la dirección del país, un "pueden contar siempre con nosotros".

23/02/2002

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