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Esta lucha contra la globalización....(VIII Parte y final) Déficit cero. ¿Qué les importa? Nada de eso tiene sentido, nada de eso tiene lógica, nada de eso tiene justificación, como no sea la justificación y la lógica de la fuerza, del poderío en todos los terrenos de que se habló aquí, o si no aquí, en la reunión de Ramonet al presentar su libro Propagandas silenciosas. El también señala ahí fenómenos de gran interés. Nosotros íbamos a hacer una edición de 10 000, y en 24 horas la cambiamos por una edición de 100 000, porque hay ideas de suma importancia, con una adición de los últimos meses, que es algo que no se podía plantear antes del 11 de septiembre. Su libro se basaba en el poder enorme de nuestros vecinos del Norte —no siempre lo voy a llamar imperio, porque no quiero que se confunda el concepto del sistema y el concepto de los que dirigen ese país con el concepto que tenemos del pueblo norteamericano; siempre que puedo, evito mezclarlo todo en el mismo saco. Ramonet parte del estudio profundo de la influencia de esos medios. Ya él nos había advertido de la colosal agresión cultural de la que habíamos estado siendo víctimas, de la destrucción de nuestras identidades nacionales. Hace dos años y medio fue el elemento central de un congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y algo que unía al ciento por ciento de nuestros artistas e intelectuales, la defensa de la identidad nacional. Esa misma idea continuó desarrollándola, ya logró concretarla en un libro que, a nuestro juicio, tiene un gran valor; pero prevalecía en su teoría —y no podía ser de otra forma— que la fuerza principal del dominio imperial era precisamente el monopolio y el uso de sus enormes medios de comunicación, su monopolio de esos medios. Pero a partir del 11 de septiembre fue necesario incluir el concepto del guardián de seguridad —como le llamó él—, en dos palabras, el elemento militar. En sus tesis y hasta en el título que le puso a una de sus conferencias, "Un delicioso despotismo", ya tuvo que incluir el elemento militar. Es lo que me faltaba decirles y les había anunciado. ¿A qué se deben estos colosales gastos de guerra, acaso a la intención de inyectar dinero en la economía? Mi punto de vista es que no. Esta administración es también keynesiana a su estilo, inyectar dinero en la circulación, con la esperanza de recobrar otra vez el crecimiento, por un tiempito, si lo logran; su fórmula fundamental es a través de la rebaja, prácticamente la supresión de muchos impuestos. De hecho han renunciado a aquellos soñados 5 millones de millones de dólares que en el transcurso de 10 años se acumularían como consecuencia de los superávit; ahora saben que no, ahora tienen de nuevo un creciente déficit. Muchos norteamericanos soñaron que aquel excedente sería invertido en garantizar la salud, en mejorar las escuelas, en asegurar las pensiones de ese gran número de ciudadanos norteamericanos que se jubilan, la generación que vino después de la Segunda Guerra Mundial; todos esos sueños se han ido a pique y, además, la rebaja y supresión de los impuestos beneficia mucho más a aquellos que más dinero tienen. ¿Inyectar dinero en un país cuyos ciudadanos perdieron el hábito de ahorrar, donde el ahorro de los ingresos personales está por debajo de cero, tiene algún sentido? Pero quieren levantar la economía inyectando dinero. El incremento del gasto militar está muy por debajo de la inyección de circulante por la vía de reducir impuestos, son recursos y más recursos desesperados, del mismo modo que los japoneses llegaron a reducir la tasa de interés a cero para impulsar las inversiones, y los norteamericanos a 1,75%, la más baja que yo recuerde, y no sé si hubo alguna época en que fuese más baja. Entonces, ¿por qué, por qué un enorme presupuesto militar? ¿Por qué enormes inversiones en nuevas tecnologías? Es que comienzan a comprender que el mundo se hace cada vez más ingobernable, que no puede sostenerse ya solo con el encanto de sus spots, que hace falta la fuerza, que hacen falta más portaaviones y más aviones y más sofisticados, que hace falta declarar una guerra mundial y amenazar a 80 países —porque ya consideran 80 los que pueden ser objeto de sus ataques. Algunos podrán decir, ¿ustedes no están preocupados? Nosotros somos el país que está más tranquilo en el mundo, porque llevamos 43 años amenazados; hemos estado a punto de desaparecer, sí desaparecer, físicamente, todos, sin que el pueblo vacilara. Yo no recuerdo un compatriota desmoralizado o con pánico en 1962. Sí recuerdo a un pueblo indignado, cuando nuestro aliado de aquel tiempo, sin consultar siquiera con Cuba, hace concesiones y arreglos. Ellos saben bien que este pueblo no puede ser intimidado, de sobra, si nos incluyen en la lista o no. No se imaginan hasta qué punto nos importa un bledo que nos excluyan o no; porque hay un problema previo por resolver y es si nosotros excluimos a Estados Unidos —aunque no todos sus gobiernos fueron iguales— de la lista de países terroristas. Fueron miles los compatriotas que perdieron la vida, como consecuencia de la guerra sucia, de los ataques de todo tipo, de aviones cubanos de pasajeros que fueron hechos estallar en pleno vuelo, de bombas colocadas en nuestros hoteles, de planes y más planes que no quiero describir, minuciosamente, y podemos hacerlo si fuese necesario. Ahora hay un nuevo estilo, ya no son solos los ministros, los voceros; ya los embajadores de Estados Unidos trazan pautas, hablan. No hay campaña electoral en ninguno de los "muy independientes" países latinoamericanos, donde el embajador no meta la cuchareta —como decimos los cubanos— y no pronuncie un discurso; si es, por ejemplo, en Nicaragua, el gran discurso del gran embajador. Antes eran procónsules discretos; hoy son cónsules que no tienen pudor alguno en exhibir sus preferencias y sus deseos y con qué tono, con qué estilo. Vean cómo es la cosa, que aquí, donde no tienen una embajada, sino una simple oficina de intereses, han querido aplicar el mismo estilo, hacer declaraciones juzgando al gobierno, y si deben o no excluirnos de la lista de países terroristas. Es como alguien que está en un hueco que le diga a otro que está arriba con cien veces más razón y más moral: "Sácame del hueco y te salvaré la vida." Esos métodos con el pueblo cubano no valen nada en absoluto, porque es un pueblo consecuente, un pueblo que tiene conciencia, que tiene cultura, que tiene unidad, que tiene moral; ni con mentiras, ni con amenazas se le podrá jamás intimidar. Este país puede ser desaparecido de la faz de la Tierra, pero no podrá ser sometido, no podrá ser dominado, no podrá ser conquistado. Nosotros vivimos en función de nuestros ideales y de nuestros principios, de nuestra ética. Esa ha sido nuestra vida y es la vida de todos esos jóvenes y millones de jóvenes como los que ustedes ven en el lateral derecho; es la vida de nuestro pueblo, es la vida de nuestros niños que serán incomparablemente más cultos que nosotros, más educados que nosotros, tendrán más conocimiento del mundo que nosotros, y tienen una confianza sin límite en su pueblo, una confianza sin límite en las ideas, una confianza sin límite en la Revolución. Esa es la situación actual de nuestro país y es nuestra respuesta, que nadie se equivoque. ¿Qué es eso de estar amenazando con emplear las fuerzas militares?, contra una lista que dice asciende a 80 países. ¿Dónde quedó la idea de la existencia de una Organización de Naciones Unidas? ¿Dónde quedaron las normas legales de esa institución? ¿Dónde quedaron principios jurídicos y principios éticos? Cuando uno se pregunta por qué todo eso, al parecer absurdo, al parecer inexplicable, es porque más que terror o temor que al terrorismo verdadero le temen a la rebelión de los pueblos, les temen a los movimientos de conciencia y de opinión que ya han librado grandes batallas en sitios memorables, que les prohíben ya casi reunirse, y por ello los promotores de esa política reaccionan con ira y prepotencia, llegando incluso al trato soberbio con sus propios aliados y acariciando la idea de utilizar una fuerza poderosa, brutal y ciega, aparentemente incontrastable, para sembrar el pánico y el terror en todos los pueblos del planeta. Su resultado será multiplicar la resistencia, multiplicar la repulsa, multiplicar las protestas, profundizar el descontento de esta especie amenazada no solo por la peor forma de esclavitud y colonialismo que se ha conocido, sino amenazada en su propia supervivencia. Esa conciencia es la que mueve a muchas personas de las capas medias en los países industrializados, que tienen cada vez más conocimiento de los peligros que acechan la naturaleza, acechan su vida, la de sus hijos y la de sus nietos. Todo el mundo conoce todos los datos, no hay que repetirlos, de lo que está ocurriendo con la capa de ozono, con la contaminación de la atmósfera, con el envenenamiento de los mares, con la escasez de agua potable, etcétera, etcétera. El californiano, o algunos de ustedes, habló de la California sin agua, o con problemas de agua en el manto freático. Eso no ocurre solo en California, ocurre también en Guanajuato; el propio Presidente actual de México, cuando era gobernador y visitó a nuestro país, me explicó cómo las aguas del manto freático que se encontraban a 12 metros de profundidad hoy están a 400, y no hay fuente que lo nutra. Cuando le pregunté si no podían inyectar del agua media que caía, respondió: "Todo está lleno de productos químicos", y prácticamente lo que desarrollaba con buen criterio era el riego microlocalizado para ahorrar el agua. Hay problemas tremendos en el Medio Oriente que amenazan con futuros conflictos, cualquiera lo comprende. La humanidad crece más de 80 millones de habitantes por año. De 1981 a 2001, fechas en que tuvieron lugar conferencias de la Unión Internacional Parlamentaria, en solo 20 años la población mundial creció en 1 400 millones de habitantes, más que lo que había crecido a lo largo de la historia de la humanidad, desde que surgió la especie hasta principios del pasado siglo, que terminó hace muy poco; ese fenómeno es indetenible, y se une a la erosión y a otra serie de problemas que todo el mundo conoce y comprende. Esta lucha contra la globalización neoliberal es la causa común —se puede decir— de todos los pueblos de la humanidad, que no pueden ver con buenos ojos que se rompa el acuerdo de Kyoto, que significa una esperanza; que no puede saber por qué demonios se fabrican escudos nucleares totales, en los que se invertirán no se sabe cuánto dinero, cuando dicen que se acabó la guerra fría y cuando el adversario dejó de ser hace rato superpotencia, y cuyos presupuestos nacionales son menores que el presupuesto de guerra de Estados Unidos. ¿A quién van a hacer creer que los coreanos van a fabricar un cohete, un arma nuclear que pueda alcanzar el territorio norteamericano? Eso no lo puede creer nadie; o que Irán pueda amenazar a Estados Unidos, que tampoco puede creer, ni lo cree nadie. Posiblemente estaban pensando en Rusia, que conserva un número de proyectiles que pueden alcanzar el territorio de Estados Unidos. Los pretextos son los demás países a los cuales amenazan. En eso se mezclan también los demás factores de que hemos hablado, la tendencia hacia el dominio total y absoluto de nuestro planeta. Ese es, de acuerdo con nuestros modestos puntos de vista, el momento en que nos encontramos. Si no he mirado el reloj antes es porque tenía temor y ya, de todas formas, no tiene remedio (Risas). He hablado tres horas; pero no perturbé el sueño de nuestro amigo (Señala a uno de los delegados), que ha dormido espléndidamente (Risas y aplausos) y ahora se despierta fresco y lozano (Risas), para disfrutar el delicioso coctel que ha preparado la Asociación de Economistas de Cuba (Risas y aplausos). Y no digo otra cosa que el actual orden económico y social es insostenible, que aquí se han aportado muchas ideas y que estamos envueltos en una batalla de ideas. Esta ha sido una de las reuniones —tengo la convicción— donde más se han planteado ideas y criterios, coincidiendo con lo que todo el mundo ve y percibe cada vez mejor. Nos quedaremos felices con la conciencia de haber sido testigos de cuán enorme caudal de conocimientos y de inteligencias disponemos los 500 millones —o tal vez un poco más—de habitantes de nuestro hemisferio, desde el Bravo —como decía Martí— hasta la Patagonia. ¡Qué gran riqueza de conocimientos han creado!, y esa riqueza de la que, precisamente, no está interesado en importar nuestro poderoso vecino del Norte, prefiere matar nuestras inteligencias que darles visas para ingresar en Estados Unidos; al menos, contamos con un gran caudal, un capital humano de economistas, de pensadores, de hombres y mujeres dotados de los conocimientos que hacen falta en esta hora. Despidámonos armados de convicción; pero, especialmente, armados de confianza en nuestro futuro. Aquí se podría decir algo parecido a lo que dijo Salvador Allende antes de morir gloriosamente en La Moneda: ¡Más temprano que tarde, el mundo cambiará! ¡Hasta la victoria siempre! (Ovación) |
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