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Ofensiva contra el mosquito Aedes aegypti Misioneros en la capital
SARA MÁS Miles y miles de casas visitadas, focos destruidos, manzanas completas de la capital levantadas y fumigadas, pudiera ser el primer saldo favorable de la "operación relámpago", como ellos mismos han bautizado a su intempestiva irrupción en la capital desde el pasado 30 de enero para apoyar a las brigadas que, hace ya un mes, trabajan infatigablemente por barrer del paisaje al Aedes aegypti.
Pero los 1 117 estudiantes de la Escuela de Trabajadores Sociales de Villa Clara involucrados en tal faena han conseguido mucho más: han visto de cerca al enemigo en todas sus fases y variantes, lo han descubierto allí donde ningún indicio hacía suponer que pudiera hallarse, han lidiado con todo tipo de personas; muchas amigables y amables, algunas no tanto. Han ganado, en definitiva, mayor experiencia y práctica para tan especializada tarea y han crecido también humanamente en su intercambio con la población.
"Este ha sido nuestro bautismo de fuego y hemos aprendido mucho con el encuentro que nos espera detrás de cada puerta, en una misión que nos ha marcado definitivamente como trabajadores sociales", asegura Anaite Ramos, la presidenta del Consejo Estudiantil de la escuela. Apenas hacía 25 días de haberse iniciado el curso y ellos se disponían a disfrutar del pase en sus hogares, cuando trocaron descanso por trabajo en la capital. "No nos importó, estábamos alegres y ansiosos por cumplir con la encomienda de Fidel", afirma Anaite. "Ahora nos vamos contentos y con mayores conocimientos para entregarnos a esta batalla en cualquier lugar".
Desde su llegada a la Escuela de Trabajadores Sociales de Cojímar, donde fueron acogidos, los jóvenes no conocieron descanso en 8 jornadas diarias. Con el "de pie" salían de la cama cerca de las 4 de la madrugada. Amaneciendo, ya andaban en sus áreas, en las visitas a los domicilios. Solo a las 7 de la noche cerraban la jornada. "También fue una valiosa experiencia personal —agrega Anaite— pues enfrentamos una realidad diferente a la que vivimos en nuestras provincias y en muchos casos, el choque fue fuerte, sobre todo para los que venían por primera vez a la capital". DEL LEÓN, EL MOSQUITO Y OTROS DEMONIOS Cuenta Lanyén Sánchez Rubert, una espirituana de 21 años, que jamás imaginó encontrar lo que hace unos días vio en pleno Vedado, cuando hacía su recorrido de apoyo en el tratamiento focal en función de revisar las viviendas y detectar cualquier posible hospedero del mosquito. En vez del minúsculo insecto, halló una verdadera reunión de animales. "Se trataba de la casa de una compañera que trabaja en el circo", explica Lanyén, quien aún no sale de su asombro cuando cuenta que allí pudo ver, de cerquita, un león, 4 monos, un perro, todo un palomar, 2 gatos y 2 jaulas de azulejos. Sin embargo, los animales y la dueña estaban fuera de peligro. Cuidado, limpieza e higiene no faltaban en el lugar y por todo aquello no había señal para preocuparse. Los verdaderos demonios los halló Lanyén ese mismo día a solo una cuadra del lugar. Estaban en un tanque de 55 galones, sin tapa, en el apartamento de un anciano que vive solo, en un segundo piso a donde no llega el agua de forma corriente. La joven tuvo que convencerlo primero de vaciar el contenido que con tanto esfuerzo él había conseguido almacenar. Después de limpiar bien el tanque, Lanyén bajó y subió cubos de agua tantas veces como hizo falta para dejarlo lleno e improvisó una tapa temporal con un nylon que aportó una vecina. UNA AMIGA EN EL BARRIO Hay hogares, la mayoría, donde la puerta se abre con agrado y satisfacción para recibir a los emisarios de la salud. Pero también hay otros pocos donde los moradores ofrecen resistencia, hay que insistir, tocar muchas veces, explicar y explicar, antes que las personas comprendan que fumigar, revisar y volver a controlar no es una reiteración baldía, sino altamente necesaria. En Marianao vivió también una experiencia especial el cienfueguero Dani Galindo Arcelú y se hizo de una nueva amistad el día que tocó a una puerta, una mujer le abrió y lo dejó solo, allí parado. Él tuvo que averiguar qué pasaba. "Ella estaba angustiada porque al esposo le había bajado mucho la presión. Entonces la acompañé al consultorio y cuando todo estuvo bien, regresé con ella y le hice el chequeo a la casa". En todo ese tiempo hablaron un poco. El supo que ella también había nacido en Villa Clara y se había mudado a La Habana. "Al día siguiente, cuando llegué temprano al policlínico, estaba allí buscándome para regalarme un pomito de café que me había llevado para que yo tuviera mientras fuera trabajando". NUESTRO PRIMER TRABAJO SOCIAL Para Michel Terry Morales, de Cienfuegos, "esta misión ha sido valiosa no solo como aporte a la campaña contra el mosquito, sino también porque ha sido nuestra oportunidad de hacer, solos, nuestro primer trabajo social". "Si nosotros mismos hemos podido vivir una importante transformación desde la escuela, está demostrado que podremos llevarla también a la comunidad", agrega. De otro modo no puede explicar lo que él personalmente protagonizó junto a otros brigadistas en una vivienda donde, la negativa de entrada habría obligado a establecer una multa. "Antes de aplicarla, decidimos ir allí de nuevo, conversar con la gente. La visitamos tres veces y al final por convencimiento y no por cansancio, se fumigó". El villaclareño Roswell Borges es de los que aseguran regresar a su territorio mucho mejor preparado, después de 8 días de encuentros con vecinos de la capital, incluidos extranjeros, de diverso nivel cultural, conducta y extracción social. "Eso nos ha obligado a dar todo tipo de explicaciones, a insistir en nuestro mensaje, para llegar a todos", afirman estos futuros trabajadores sociales. Un alerta final reitera Anaite: el mosquito no entiende de buenas intenciones, nivel educacional o profesional de las personas. Solo habita allí donde el agua se lo permite. Por eso el S.O.S. está dentro del hogar. "Donde nadie lo imagina, hemos encontrado focos. Lugares como los tragantes, el lavamanos o el fregadero, dentro de las casas, suelen ser hospederos habituales también. Basta apagar las luces y alumbrar con una linterna. Lo que se mueva ahí, son larvas del mosquito, y con esas hay que acabar". |
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