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Fondo Global contra el SIDA A paso de tortuga ORLANDO ORAMAS LEÓN
Hace ocho meses, durante el 56
período de sesiones de la Asamblea General, la ONU acordó crear un fondo
con la mira puesta en el 2005, fecha en la que se deberían lograr aportes
de entre La fecha, de por sí, parece bien lejana, si se tiene en cuenta que solo en el 2000 murieron unos tres millones de seres humanos a consecuencia del Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida. Según ONUSIDA, la cifra anunciada incluye promesas de siete naciones industrializadas, siete de países en desarrollo, cuatro ONG y donantes privados, entre ellos la Fundación de Bill Gates, el multimillonario de Microsoft. El gesto resulta loable, pero a todas luces insuficiente. Gates representa las contradicciones de un mundo donde 22 personas, incluyéndolo, tienen por sí solos más dinero que el que pide la ONU para hacer frente a la epidemia. Los ingresos en común de esos 22 pudientes capitalistas hacen 43 veces más que los 10 000 millones fijados como tope por ONUSIDA. Claro que ellos son solo una cara del asunto. El mundo de la globalización del consumo es bien dispar. El 20% de la población planetaria realiza el 86% del consumo. Es el propio planeta donde se gastan 40 veces más en drogas, 80 en presupuestos militares y 100 veces más en publicidad comercial. Del otro lado, 1 300 millones de seres humanos viven en la miseria, 11 millones de niños menores de cinco años mueren por hambre o enfermedades, 500 millones padecen de malaria y un millón de ellos morirá este propio año, período en que ocho millones de hombres, mujeres y niños contraerán la tuberculosis y de ellos casi dos millones no lograrán sobrevivir al bacilo de Koch. Hace ya tres décadas el mundo rico se comprometió a destinar el 0,7% de su Producto Interno Bruto (PIB) para contribuir al desarrollo de los países pobres. Pero la prueba del tiempo demostró que aquellos fueron pronunciamientos vacíos y la mayor certificación es que el flujo de ayuda y cooperación desde el Norte al Sur es cada vez menor. Estados Unidos, la potencia más fuerte, apenas canaliza el 0,2% de su PIB para la cooperación con el Tercer Mundo, sigue siendo el mayor deudor de la ONU e incluso contempla reducir sus obligaciones con instituciones como la propia Organización Mundial de la Salud (OMS). Hoy todavía continúan vedados para la mayor parte de los enfermos los medicamentos de punta con que las transnacionales productoras monopolizan el mercado e imponen altos precios gracias a las patentes, verdadera práctica de piratería contra la vida humana. En aquellas sesiones de la Asamblea General de la ONU hubo acuerdo para impulsar la condonación de la deuda de los países más pobres, donde precisamente el SIDA diezma a naciones enteras. Baste decir que África tiene alrededor de 24 de los 36 millones de infectados con el VIH. Etiopía registra tres millones, Sudáfrica más de cuatro y son varios los pueblos subsaharianos que son ©millonariosª en cuanto al número de enfermos. Como ya se ha dicho, en algunos de esos países cada año mueren más maestros de los que se gradúan y en una de las naciones del Sur del llamado continente negro un número importante de funcionarios gubernamentales fallecieron por igual causa. Se trata de una sangría que afecta sensiblemente el caudal productivo y los recursos humanos de naciones ya de por sí necesitadas. Si la mayoría de los 22 millones de personas muertas por SIDA tenían entre 15 y 49 años, entonces se comprenderá que el futuro es incierto para esos pueblos, pues buena parte de los 36 millones que padecen el mal está en edad laboral. La lucha contra el SIDA no es
un problema de caridad. Dependerá de una verdadera cooperación
internacional a la que Cuba anunció entonces su disposición a participar
con Según estudios, los países más
pobres precisan anualmente |
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