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30/01/2002
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Ofensiva contra el Aedes aegypti

Viaje al centro de la Campaña

FÉLIX LÓPEZ

Veinte días atrás, el policlínico Vedado, en la intersección de las calles 15 y 18, en Plaza de la Revolución, dejó de ser una esquina tranquila. Al ir y venir de los vecinos y trabajadores de la Salud, se sumó una tropa de singulares uniformes: el destacamento de refuerzo especial Blas Roca y otros compañeros, dedicados a realizar la ofensiva contra el Aedes aegypti...

Foto: ALBERTO BORREGO Explicando a los hombres del control focal que su labor es la más importante y preventiva.

Cada amanecer, mientras el barrio se despereza, sobresalen dos voces femeninas en el patio del policlínico. La doctora Maité Ramírez, directora de la institución, y Odalis Villalobos, miembro del Buró Municipal del Partido en Plaza de la Revolución, organizan el matutino, una suerte de centro de operaciones, desde donde se ultiman los pormenores del combate que está por comenzar ese día.

Formados junto a sus mochilas, los hombres de la brigada que aplica el adulticida, escuchan atentos las indicaciones de las dos jóvenes. Hablan con suavidad, pero con la energía que reclama el momento. El área de Salud está considerada de alto riesgo por quienes dirigen la campaña contra el mosquito en el territorio. Odalis repite que los partes hay que entregarlos con letra bien legible, para identificar qué casa o local no pudo fumigarse y regresar allí en el horario de la tarde.

Todas las mañanas Odalis participa en el intercambio con todos los factores que están trabajando en la campaña.

Maité, la directora, recuerda a los hombres que al llevar ese uniforme han contraído un alto compromiso con la Revolución y con el Comandante en Jefe. El pueblo, dice, es nuestro más eficiente controlador de la calidad, y algunos vecinos, además de alertarnos de posibles focos, se han quejado de casas en las que uno de los hombres de la campaña firmó el documento de visita y nunca llegó el fumigador.

"Esa —recalcó— es una deficiencia imperdonable, más si está en juego la salud del pueblo"... Minutos después de despedir a la brigada de fumigadores, toca su turno a los hombres que se dedican al control focal: "Ustedes, explica Odalis, realizan la labor más importante, independientemente de que para los vecinos es el humo lo que soluciona el problema. La labor preventiva es fundamental, y no se trata de hacer más, sino de hacerlo bien".

EN EL JARDÍN DE DULCE MARÍA

El Consejo Popular Carmelo, donde está enclavada el área de Salud del policlínico Vedado, se extiende de la calle 23 a Malecón, y desde el reparto El Fanguito hasta la calle 8. Un extenso territorio, con 27 circunscripciones del Poder Popular y sitios que tres semanas atrás se encontraban en una compleja situación sanitaria.

En lo que antes fue la suntuosa casa de la escritora Dulce María Loynaz, en la calle Línea, y en el mismo jardín que inspiró una de sus más ilustres novelas, los hombres del Blas Roca extrajeron varios camiones de basura y escombros, una montaña compactada sobre la que había crecido la hierba, matas de plátano y criaderos de mosquitos.

"La población —comentó Odalis— ha ido apoyando en la medida que se le ha exigido y alertado del peligro. La indisciplina se ha ido acorralando, y ya las personas llaman al puesto de mando a preguntar qué día pueden sacar sus escombros a la calle. La situación más difícil se da en aquellos lugares del Consejo Popular que presentan problemas con el abasto de agua, pues las familias llenan muchas vasijas y muchas veces no las tapan.

"Allí, añadió, se está tratando de repartir las tapas a toda velocidad. Una brigada de la Microbrigada Social está instalando los tanques nuevos y se lleva los rotos para que no vuelvan a ser utilizados. El Fanguito, uno de los barrios más afectados con el abasto de agua, ha sido de los más beneficiado, y es donde la población ha cooperado más para que se cumplan todos los pasos de la estrategia".

El hueco de la calle 23, entre 20 y 22,
en el Vedado, recibe un intenso tratamiento
de adulticida. Ahora los vecinos deben contribuir con disciplina, no arrojando basura desde los edificios colindantes.

Pero hay otros sitios que siguen preocupando. Parada frente a un mapa del área de Salud, la doctora Maité señala una dirección desde donde provienen varias quejas de los pobladores: "El hueco de la calle 23, entre 20 y 22, está rodeado por unos 15 edificios multifamiliares y una escuela. En su profundidad hay una suerte de laguna de oxidación adonde drenan las aguas albañales de una fosa en mal estado, las aguas corrientes de tuberías dañadas... El pasado fin de semana, combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias realizaron el saneamiento del lugar, lleno de basura y escombros que fueron lanzados, indiscriminadamente, por muchos de los moradores del lugar".

En el momento de la visita de Granma al mencionado lugar, otras fuerzas realizaban el tratamiento adulticida y buscaban soluciones para frenar el vertimiento de aguas albañales hasta el fondo del "hueco", un sitio —que de no mantenerse la vigilancia— podrá convertirse en refugio de los mosquitos que van siendo desplazados de otras partes de la ciudad.

EL BARRIO DECIDE LA BATALLA

Cuando uno pregunta por la estrategia seguida en el policlínico Vedado, todos los caminos de la explicación conducen a la base, al barrio, a la cuadra, a los vecinos: "Es en ese eslabón, afirma Maité, donde se gana la batalla."

El policlínico ha creado su propio grupo de autocontrol y se apoya en las opiniones de los secretarios zonales del Partido: "Son los militantes a nivel de cuadra, explica Odalis, quienes informan qué pasa en cada lugar, cuál es el morador que no abre su casa, el fumigador que se sienta en la escalera, la atención del médico de la familia. Este último eslabón es muy importante, porque el médico de la familia debe ser un eficiente trabajador político en la comunidad".

La estrategia, explicó Ramón Migueles, vicedirector de Salud en el municipio, también descansa en la vigilancia epidemiológica, en seguir cada manifestación que indique posibles enfermos, lo cual corresponde, en primer lugar, al médico de la familia.

Cientos de horas ininterrumpidas han trabajado hombres como Rolando Placencia, Alcibiades Carrasco y Gerardo Mata. Todos ellos llevan días alejados de la familia que dejaron en Pinar del Río, aferrados a una mochila de fumigación, esmerándose para ser amables en cada casa, eficientes en ese oficio circunstancial al que los trajo su condición de revolucionarios.

La estrategia contra el mosquito también triunfará, por la consagración de jóvenes como Odalis o Maité, que aún ojerosas y sin poder ocultar el cansancio, llegan todas las mañanas sonrientes, y le inyectan al matutino del policlínico Vedado una sobredosis de optimismo, con la cual es imposible que un pelotón de hombres pierda una batalla.

30/01/2002

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