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Premio Casa Dante Liano, en busca del ensayo principal Luis Suardíaz En el teatro Amadeo Roldán, en vísperas de la instalación del jurado del Premio Casa, he vuelto a dialogar con el escritor Dante Liano (Guatemala, 1943) todavía bajo la fuerte impresión del concierto de Jorge Luis Prats. Lo conocí en Piacenza, Italia, durante el Encuentro de Cultura Latinoamericana en el otoño del 2000, y nos vimos fugazmente durante el Festival del Nuevo Cine en La Habana a fines de ese año. Entonces no pude disfrutar de la ciudad, me dice, por eso vine con mi esposa una semana antes y recorrimos barrios, plazas y calles, ella acaba de regresar porque tiene que atender sus clases en Milán y yo comienzo mis labores en el Premio. En efecto, lo esperan más de 35 libros de Ensayo, por eso lo encontré atareado este miércoles en la transparente ciudad de Cienfuegos, buscando entre los títulos, generalmente extensos, una obra ganadora. Liano me dice que acaba de volver de su país donde conoció a poetas veinteañeros que se vinculan a los experimentos plásticos y a los medios de comunicación, editan por su cuenta plaquettes, y declaran no estar interesados en la política, signo —sigue diciendo— de la posmodernidad, y en sus propuestas escénicas a veces recuerdan a las vanguardias de los años veinte del pasado siglo. Profesor en la Universidad Católica de Milán, donde vive hace 15 años, crítico literario, traductor, ensayista, narrador, traducido en Italia, Francia, Alemania, Estados Unidos..., Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 1991, opina que en los narradores de su país nacidos hace treinta años o un poco más, sí se mantienen y renuevan las preocupaciones sociales de los narradores de promociones anteriores. Este es el caso de Adolfo Méndez Vides —que integró el jurado Casa en una convocatoria anterior— o el de Franz Galich —sobrino de nuestro recordado Manuel— quien reside en Nicaragua y obtuvo el premio panameño Rogelio Sinán con su novela Nicaragua Salsa City, así como Rodrigo Rey Sosa, de origen italiano que prosigue su labor en la capital guatemalteca. Un caso singular es el de Francisco Goldnan, hace años se mudó a Estados Unidos, escribe en inglés y su novela —cuyo título en español sería La larga noche de los pollos blancos— es una denuncia de la dramática situación social de Centroamérica, con los problemas de la recesión económica, el empobrecimiento de la clase media, los conflictos de hoy. El más reciente libro de Liano lo concibió de consuno con la Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú y no trata de sus años de angustia (cuando sus más cercanos familiares fueron asesinados), sino de su infancia llena de fantasía, de sus primeras impresiones, de la tradición en la que se formó. El pasado año se publicó en Italia y hace unas semanas se editó en Argentina, pero con motivo de la enorme crisis que estremece al hermano país suramericano, no se tienen noticias de su circulación. Esperamos que no se haya perdido en el oleaje de esa crisis, concluye Liano, y llegue a nuestros lectores en breve. |
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